Hubo una época, entre las décadas de 1980 y 1990, en la que el baloncesto costarricense no solo era el segundo deporte del país, sino que le soplaba de cerca la nuca al fútbol.
Las históricas rivalidades entre quintetos como Liceo de Costa Rica, Seminario, UCR, Puntarenas, Lacsa, Cartago y San Ramón llenaban gimnasios con una afición apasionada. Los periódicos y noticieros de la época publicaban noticias diarias sobre el acontecer del torneo nacional, tanto en masculino como en femenino.
Las figuras de los equipos, que después descollaban en la Selección Nacional, eran reconocidas en la calle como auténticas celebridades del deporte costarricense.
Parte del gran protagonismo del básquet continuó al principio del nuevo siglo; sin embargo, con el paso de los años, la falta de continuidad federativa, la inequidad en el reparto de recursos y la ausencia de una visión empresarial apagaron ese brillo.
Hoy, el baloncesto nacional vive una profunda reconstrucción. Con una nueva dirigencia en la Federación Costarricense de Baloncesto (Fecoba) y una Liga Superior de Baloncesto (LSB) que opera bajo una mentalidad de negocios, el deporte de los aros se ha propuesto una meta ambiciosa: profesionalizar sus estructuras, atraer la inversión privada y consolidarse definitivamente como el segundo deporte de Costa Rica, un puesto que pareciera estar vacante.
¿Cómo planean lograr que el baloncesto vuelva a ser un negocio rentable en el país? Esta es la radiografía de su estrategia.

Ordenar la casa: la urgencia de una gestión empresarial en la Fecoba
El primer paso para atraer patrocinadores es generar confianza, y para ello la transparencia administrativa es innegociable. Andrea Casalvolone, presidenta de la Fecoba —abogada, máster en administración de empresas y atleta de alto rendimiento— lidera un proceso de reestructuración profunda.
“Dentro del desorden no se puede trabajar. Yo no le puedo decir a un patrocinador ‘venga, patrocínenos’, si no le tengo una visión clara y números claros de lo que tenemos administrativamente”, explica.
La meta de la Fecoba es clara: operar la federación como una empresa. Para Casalvolone, esto implica el saneamiento financiero, que consiste en ordenar los estados financieros, los activos y los pasivos, para presentarse ante la empresa privada con un respaldo sólido.
Asimismo, la federación busca la generación de recursos propios para no depender exclusivamente del presupuesto asignado por el Icoder, que en el 2025 fue de ¢60 millones. La organización de torneos, festivales, congresos deportivos y capacitaciones pagadas está entre las acciones para crear esos ingresos propios.
Finalmente, el ente se enfoca en establecer alianzas estratégicas para buscar nuevas fuentes de financiamiento, incluyendo la expectativa de lo que se resuelva respecto al patrocinio de bebidas alcohólicas en el deporte.

Regreso a la televisión: un impulso determinante
El regreso de las transmisiones del baloncesto de primera división a la televisión, a través de la pantalla de TDMás y la aplicación TDMax, ha marcado un punto de inflexión en la estrategia de visibilidad de la disciplina.
Este paso no solo ha permitido reconectar al deporte con los hogares costarricenses, sino que se ha convertido en la herramienta más potente para que la dirigencia pueda tocar las puertas de la empresa privada con una propuesta de exposición real y masiva.
Para la Liga Superior de Baloncesto (LSB) —el órgano adscrito que rige la primera división masculina—, la pantalla chica representa el canal idóneo para respaldar el valor de las marcas patrocinadoras, mientras que para la Federación Costarricense de Baloncesto (Fecoba) funciona como un imán que proyecta el talento nacional y genera un impacto indirecto en la motivación de las ligas menores.
La exposición televisiva ha devuelto al baloncesto el estatus de espectáculo de masas que había perdido en las últimas décadas. Al respecto, Royran Arias, presidente de la LSB, destaca el valor comercial y el impacto de este retorno a los medios tradicionales.
“Por lo menos en este año o en este torneo que ya regresó a la televisión, se ha visto reflejado parte de ese beneficio de tener esas transmisiones con los patrocinadores”, afirmó el jerarca.

Rentabilidad de la LSB: el giro comercial hacia el entretenimiento deportivo
Mientras la Fecoba ordena la base institucional, la Liga Superior de Baloncesto ha experimentado un crecimiento financiero importante. En el 2020, la LSB arrancó con un presupuesto de apenas $5.000; hoy, maneja un presupuesto garantizado de $150.000.
Royran Arias, presidente de la LSB, detalla que la clave ha sido cambiar el chip y vender el baloncesto como un espectáculo de entretenimiento familiar, emulando modelos exitosos como la NBA o el Baloncesto Superior Nacional (BSN) de Puerto Rico.
“Tratamos de que el baloncesto se vea más como un negocio para los equipos y más atractivo para la afición. Que no sea solo comprar un tiquete para ver un juego, sino que te den una experiencia”, afirma Arias.
La entrada a un partido de Primera División tiene un precio promedio de ¢5.000 y para instancias finales suelen hacerse promociones o descuentos especiales a niños de academias o ligas menores afiliadas y jugadores de maxibaloncesto.
Además, los clubes de la LSB incorporan en sus partidos música, DJ, activaciones de patrocinadores —como Davivienda, Molten, Zepol, Electrolit y Medisport—, tiendas físicas para la venta de camisetas réplica y sodas o zonas de comidas para diversificar sus ingresos.
Para demostrar el potencial comercial del deporte, la LSB organizó en mayo pasado un Juego de Estrellas que requirió una inversión extraordinaria de $25.000.
Al traer a figuras de calibre internacional —como cuatro exjugadores de la NBA, el coach Carlos Morales (voz principal de la NBA en español) y Lorena Infantes (coach de NBA Academy)— las marcas respondieron de inmediato, de forma que el evento no solo se autofinanció, sino que generó un superávit histórico gracias a la venta de entradas.
Equidad deportiva para garantizar el espectáculo
Uno de los grandes errores del pasado fue permitir que un solo equipo acaparara todos los recursos y monopolizara los campeonatos, volviendo el torneo predecible y aburrido para la afición.
Para evitar esto, la LSB implementó un sistema de categorización y límites en las plantillas. La liga centraliza los derechos de transmisión, imagen y patrocinios, y redistribuye los recursos equitativamente: provee uniformes, balones, hidratación, tiquetes aéreos y costea las becas de los jugadores extranjeros.
Bajo esta regla, si un equipo tiene muchos jugadores de la selección nacional, se le limita el número de extranjeros que puede contratar. Según Arias, el resultado ha sido un éxito comercial y deportivo: los últimos cuatro torneos han tenido campeones distintos, y las finales se definen de forma cardíaca por diferencias de apenas uno o dos puntos, manteniendo a los gimnasios llenos.

Estrategia digital y transmisión televisiva del baloncesto costarricense
El análisis de datos y el entorno digital son los mejores aliados del baloncesto en su búsqueda de nuevas audiencias. Según el estudio de investigación de públicos realizado por estudiantes de la Universidad de Costa Rica (UCR) en el 2026, el mayor potencial de crecimiento del baloncesto no está en competir por espacios en medios tradicionales, sino en explotar los canales digitales.
- Pantalla compartida: El regreso de las transmisiones de la primera división a la televisión abierta (a través de canales como TDMás) ha sido un imán para los patrocinadores.
- Streaming y YouTube: Los partidos se transmiten de forma gratuita en plataformas digitales, alcanzando picos de hasta 2.000 personas conectadas en vivo en YouTube.
- Impacto en redes: El perfil de Instagram de la LSB registra entre 2 y 3 millones de visualizaciones mensuales, especialmente durante eventos clave como el Juego de Estrellas y las finales.
El estudio de la UCR destaca que el acceso gratuito a los partidos vía streaming es la principal fortaleza de la liga para conectar con el codiciado segmento de jóvenes de entre 18 y 35 años, quienes prefieren consumir resúmenes (highlights) y jugadas espectaculares en formatos rápidos.
El semillero: una base de aficionados en renovación
Para que un deporte sea un negocio sostenible a largo plazo, necesita renovar su base de consumidores. El baloncesto en Costa Rica cuenta con una ventaja competitiva: una base de práctica activa que no se ha perdido.
Según datos de la Fecoba, se estima que actualmente hay unos 4.000 niños y jóvenes jugando en ligas menores en todo el país (con fuerte presencia en zonas como Limón, Guanacaste, San Carlos y Pérez Zeledón).
Si se suma a sus familias, este nicho representa un público cautivo de entre 8.000 y 10.000 personas. A esto se suman más de 700 jugadores activos en la categoría de maxibaloncesto y el auge de academias privadas donde las familias pagan mensualmente para que sus hijos entrenen.
Según explicó Andrea Casalvolone, la meta de la Federación es conectar este semillero con la Liga Superior, creando un círculo virtuoso donde los niños aspiren a ser profesionales y los jugadores de Primera División se conviertan en los nuevos ídolos y embajadores de las marcas.

El fútbol no es el enemigo
Tanto la Fecoba como la LSB tienen claro que competir contra el fútbol en Costa Rica es una batalla perdida de antemano. La brecha es gigantesca. Sin embargo, esa distancia es también su mayor oportunidad.
“Al fútbol no lo vemos como una competencia; sería muy ingenuo querer competir con ellos. Nuestra meta es consolidarnos como el segundo deporte del país. La brecha es tan grande que nosotros podemos crecer un 500% y al fútbol no le hará ni cosquillas, pero para nosotros significará una liga sumamente exitosa y profesional”, concluye Royran Arias.
Con la casa ordenándose administrativamente, una liga que vende experiencias y una comunidad digital en crecimiento, el baloncesto costarricense diseña su mejor jugada para encestar el tiro de gracia: convertirse en un negocio rentable, autosostenible y apasionante.
