El sábado 30 de mayo, Dazneth Gutiérrez cumplió un objetivo que, un año antes, parecía poco probable.
Ese día, la upaleña recibió el título de la Universidad Nacional (UNA) que la acreditó como bachiller en Educación Rural I y II Ciclos, a pesar de que 13 meses antes un paro cardiorrespiratorio puso en riesgo todos sus planes.
Por esta razón, y por su historia, Gutiérrez es uno de los casos reconocidos por la UNA durante los procesos de graduación del primer semestre de 2026.
Lab de Ideas conversó con la universitaria para conocer su historia.
“Yo nací para esto”
Gutiérrez, originaria de Guanacaste, es la mayor de tres hermanos y desde pequeña tuvo clara su vocación: quería ser maestra.
Cuenta que desde niña ayudaba a sus hermanos con tareas y materias que no comprendían con un éxito tal que con el tiempo y en su barrio —donde, relata, había baja escolaridad— se convirtió en la “maestra” de otros niños que usaban el patio de su casa como “escuelita”.
Años después, y ya con familia y un hijo, su esposo la motivó a retomar esa vocación.
A partir de un anuncio en Facebook, conoció que la Municipalidad de La Cruz y la UNA habían establecido una alianza para impartir la carrera de Educación Rural I y II Ciclos en distintos territorios. Esta política forma parte del trabajo de extensión de la División de Educación Rural (DER), que impulsa “carreras itinerantes” en zonas rurales para atender necesidades de formación en contextos de dispersión poblacional y brechas educativas.
“Yo no creí poder postular porque en ese entonces mi hijo mayor estaba pequeño, pero mi esposo me impulsó. Me inscribí y, al tiempo, me llegó un correo en el que me aceptaban en la carrera”, cuenta Gutiérrez.
Durante sus estudios, Dazneth viajaba cerca de 85 kilómetros desde Brasilia de Dos Ríos de Upala hasta La Cruza, apoyada por una beca de la que hoy se muestra agradecida pues, asegura, “sin ella no hubiese podido estudiar”.
Superar el coma
En medio de sus estudios, Dazneth se enteró de que sería madre nuevamente, esta vez de gemelas. El parto, sin embargo, generó complicaciones médicas graves:
“Yo no tenía planeado ser mamá de nuevo y fue difícil porque estaba segura de que iba a tener que dejar la universidad para cuidar a mis tres hijos. Luego vinieron los problemas médicas”, relató.
El 21 de abril del año anterior y tras una cesárea de emergencia, Gutiérrez sufrió un paro cardiorrespiratorio que la mantuvo en coma durante ocho días.
El pronóstico era reservado, recuerda, pero al octavo día logró abrir los ojos:
“Cuando desperté, me vi en esa cama de hospital sin saber qué hacer, con mangueras y cables por todo mi cuerpo. Rápido me percaté de que no era una sala de recuperación normal, donde están las recién mejoradas”, dijo.
Hasta once días después pudo conocer a sus hijas, a quienes llama sus “milagros de vida”.
Tras salir del hospital, y pese al diagnóstico complejo, decidió retomar sus estudios y apenas quince días después del alta médica volvió a las aulas para completar la carrera:
“Más de una vez tiré la toalla, pero solo de palabras. Siempre le pedí fuerzas a Dios y aquí sigo, ya ahora bachiller en mi carrera”, dijo.

“Yo nací para esto”, afirma Gutierrez hoy, con título en mano.
“Uno tiene que luchar por lo que quiere, tener el objetivo claro y no rendirse aunque el camino sea difícil. Siempre pienso en ser resiliente, porque nada es fácil en la vida, pero hay que trabajar y no rendirse a pesar de los obstáculos”, concluyó.
