La operación militar estadounidense que, según Washington, capturó y “sacó del país” a Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores, tras un “ataque a gran escala” contra objetivos en Caracas y estados vecinos, abrió la mayor incógnita política en Venezuela desde la muerte de Hugo Chávez: ¿quién tiene hoy el poder real en Caracas?
La respuesta corta es que no hay una sola respuesta. Hay, más bien, tres planos superpuestos —constitucional, chavista y geopolítico— que se contradicen entre sí.
1. Lo que dice la Constitución: Delcy Rodríguez al mando… en el papel
La Constitución venezolana es clara en su diseño, aunque poco en su aplicación. El artículo 233 establece que, ante la “falta absoluta” del presidente en ejercicio —por muerte, renuncia, destitución o cualquier otra imposibilidad permanente— el poder debe pasar de inmediato a la vicepresidenta ejecutiva, que asume la Presidencia de forma temporal y debe convocar elecciones si la ausencia ocurre en los primeros cuatro años del mandato.
Hoy esa figura es Delcy Rodríguez, una leal colaboradora de Maduro desde hace más de una década. Medios y analistas coinciden en que, bajo el derecho interno venezolano, ella es la llamada a ocupar la jefatura del Estado tras la captura del presidente.
El propio Financial Times resume la paradoja: “Según la ley venezolana, la autoridad debería ahora transferirse a la vicepresidenta Delcy Rodríguez. Pero Estados Unidos no reconoce a Maduro como líder legítimo” y, por extensión, cuestiona la legitimidad de todos sus nombramientos.

En otras palabras, hay una sucesora jurídica, pero carece de reconocimiento internacional clave.
2. La línea de mando chavista: partido, militares y “número dos”
Más allá del texto constitucional, el poder venezolano se ha organizado durante años alrededor de un triángulo: partido, aparato de seguridad y Fuerza Armada.
| Actor clave | Rol formal / real |
|---|---|
| Delcy Rodríguez | Vicepresidenta, sucesora constitucional de Maduro |
| Jorge Rodríguez | Presidente de la Asamblea, operador político central |
| Diosdado Cabello | Ministro influyente, “número dos” del chavismo |
| Vladimir Padrino López | Ministro de Defensa, garante del apoyo militar |
Diversos análisis señalan que, tras la salida forzada de Maduro, el poder efectivo tendería a concentrarse en un comité de crisis integrado por estos cuatro nombres, con los militares como árbitro final.
- Delcy Rodríguez aporta continuidad institucional y control del Ejecutivo.
- Jorge Rodríguez, hermano de Delcy y presidente de la Asamblea Nacional, controla la maquinaria parlamentaria y la interlocución con actores externos.
- Diosdado Cabello mantiene amplia influencia sobre las fuerzas de seguridad y la estructura del PSUV, y es considerado uno de los hombres fuertes del régimen.
- Vladimir Padrino López, ministro de Defensa desde 2014, es visto como el pilar de la lealtad castrense y un actor indispensable en cualquier transición, aunque sin ruta formal a la Presidencia.
Este entramado explica por qué, pese al golpe simbólico que supone la captura de un presidente en funciones por una potencia extranjera, el chavismo como sistema no se derrumba automáticamente.

3. La jugada de Trump: sacar a Maduro, pero no coronar a sus herederos
Desde hace meses, la Casa Blanca ha enmarcado la confrontación con Caracas no solo como un tema de democracia, sino de “narcoterrorismo” y seguridad nacional, con una acusación penal contra Maduro y una recompensa de hasta US$50 millones por su captura.
Al mismo tiempo, Washington y buena parte de Occidente consideran que la elección presidencial de 2024 fue fraudulenta y que el verdadero ganador fue el opositor Edmundo González Urrutia, con una ventaja de más de dos a uno, lo que lleva a varios gobiernos a reconocerlo como presidente legítimo en el exilio.
En ese contexto, el entorno de Trump ha enviado señales consistentes: no se trata solo de sacar a Maduro, sino de evitar que su círculo íntimo administre una “transición” que perpetúe el mismo régimen con otro rostro.
Reuters reveló que, en una llamada a finales de 2025, Maduro propuso a Trump un plan de salida que incluía inmunidad para él y su familia, levantamiento de sanciones y un gobierno interino encabezado por Delcy Rodríguez hasta nuevas elecciones. Trump rechazó esa fórmula y le dio un ultimátum para abandonar el país, que Caracas ignoró.
Es decir, Estados Unidos ya había dicho “no” a un relevo ordenado dentro del propio chavismo, con Delcy al frente. La operación militar y la captura de Maduro son la culminación coercitiva de esa lógica.
El mensaje político —explícito o implícito— es que Washington no está dispuesto a legitimar a los herederos directos de Maduro, aunque sean la solución “legal” según la Constitución venezolana.

4. La oposición y el proyecto de un “gobierno de transición”
Del otro lado del tablero, la oposición democrática también reclama su lugar en la cadena de mando. Tanto el equipo de Edmundo González como la dirigente María Corina Machado, Nobel de la Paz 2025, sostienen que cualquier salida sostenible pasa por un gobierno de transición con liderazgo opositor reconocido electoralmente.
En este diseño, González aportaría legitimidad electoral, mientras Machado capitalizaría su amplio apoyo popular y su nuevo peso simbólico internacional. Sin embargo, ambos se encuentran fuera del poder territorial, y en el caso de González, en el exilio, lo que limita su capacidad de mando efectivo en el corto plazo.
5. Un vacío de poder con riesgos regionales
Así, tras la detención de Maduro por parte de Estados Unidos, Venezuela vive un vacío de poder doble:
- Vacío de hecho: el jefe de Estado ha sido físicamente removido y nadie controla aún con claridad todos los resortes del Estado.
- Vacío de reconocimiento: la sucesión constitucional (Delcy Rodríguez) carece de legitimidad externa para Washington y aliados, mientras que el presidente reconocido por ellos (Edmundo González) carece de control interno sobre territorio, fuerzas armadas y burocracia.
Por ahora, el mapa de poder luce así: legalmente manda Delcy Rodríguez; militarmente, el alto mando que encabeza Padrino López; políticamente, un chavismo sin su figura central que negocia su supervivencia; y diplomáticamente, una oposición que reclama el título de gobierno legítimo pero depende del respaldo externo para convertirlo en poder real.
Hasta que esas cuatro capas no se alineen en una sola autoridad reconocida dentro y fuera de Venezuela, la pregunta que abre este artículo seguirá vigente: quién manda en Venezuela después de Maduro seguirá siendo, más que un diagnóstico, una disputa abierta.

