La historia de Nicolás Maduro Moros, el “presidente obrero” que prometió perpetuar el legado de Hugo Chávez y terminó protagonizando uno de los colapsos económicos y políticos más dramáticos de América Latina, ha escrito hoy lo que podría ser el inicio de su capítulo final.
Desde los barrios de Caracas hasta una celda federal que lo espera en Estados Unidos, su trayectoria es el reflejo de una nación que pasó de la bonanza petrolera a la ruina humanitaria.
De El Valle al volante
Nacido el 23 de noviembre de 1962 en Caracas, en la parroquia de El Valle, Nicolás Maduro creció en el seno de una familia de clase media con inclinaciones de izquierda. Hijo de Nicolás Maduro García, un dirigente sindical, y Teresa de Jesús Moros, de nacionalidad colombiana, su infancia transcurrió lejos de los reflectores que luego lo perseguirían.
A diferencia de muchos líderes de la región, Maduro no forjó su carrera en los pasillos universitarios, sino en las calles. Tras cursar el bachillerato en el Liceo José Ávalos, se empleó como conductor de Metrobús en el Metro de Caracas en 1991. Fue allí donde encontró su primera plataforma de poder: el sindicato. Fundador del Sindicato de Trabajadores del Metro de Caracas (SITRAMECA), Maduro destacó por su capacidad de negociación y su lealtad inquebrantable a la causa socialista.

La sombra de Chávez
Su vida cambió radicalmente al conocer a Hugo Chávez. Maduro, quien militaba en la Liga Socialista, se convirtió en uno de los primeros y más fieles seguidores del comandante tras el golpe fallido de 1992.
Su lealtad fue recompensada con un ascenso meteórico: diputado constituyente en 1999, presidente de la Asamblea Nacional en 2005 y, finalmente, Canciller de la República en 2006, cargo que ocupó durante seis años clave para la diplomacia petrolera venezolana.
El 8 de diciembre de 2012, en su última alocución pública, un Chávez moribundo ungió a Maduro como su sucesor, pidiendo a sus seguidores que eligieran al exchofer si algo le sucedía. Tras la muerte del líder en marzo de 2013, Maduro asumió la presidencia tras unas elecciones controvertidas donde venció a Henrique Capriles por un margen mínimo.

El colapso y la resistencia
La presidencia de Maduro (2013-2026) estuvo marcada por una crisis sin precedentes. Bajo su mandato, el PIB venezolano se contrajo cerca del 75% entre 2013 y 2021, la hiperinflación pulverizó el bolívar y más de 7,7 millones de venezolanos abandonaron el país. A pesar del descontento social y las protestas masivas de 2014 y 2017, Maduro consolidó su poder mediante el control institucional y la lealtad de la cúpula militar.
Su reelección en 2018, desconocida por gran parte de la comunidad internacional, y el posterior desafío del gobierno interino de Juan Guaidó, no lograron desalojarlo. Sin embargo, las acusaciones judiciales comenzaban a cercarlo. En marzo de 2020, el Departamento de Justicia de EE. UU. lo acusó formalmente de “narcoterrorismo” y ofreció una recompensa de 15 millones de dólares por información que llevara a su captura.
El punto de quiebre: 2024
El inicio del fin se gestó en las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024. A pesar de que el Consejo Nacional Electoral (CNE), controlado por el chavismo, declaró a Maduro ganador con el 51,2% de los votos, la oposición, liderada por María Corina Machado y el candidato Edmundo González Urrutia, publicó más del 80% de las actas que demostraban una victoria opositora aplastante.
“Aquí se han violado todas las normas, al punto de que aún no han sido entregadas la mayoría de las actas”, denunció entonces Edmundo González, marcando la postura de una oposición que no reconoció el fraude.
La comunidad internacional aumentó la presión, y el aislamiento de Maduro se profundizó. Con el retorno de Donald Trump a la Casa Blanca en 2025, la política estadounidense hacia Venezuela se endureció drásticamente, reactivando la estrategia de “máxima presión” que finalmente desembocó en los eventos de este enero.
La captura: 3 de enero de 2026
El desenlace llegó en la madrugada de este sábado 3 de enero de 2026. En una operación relámpago que tomó por sorpresa al mundo, fuerzas militares estadounidenses ejecutaron la extracción de Nicolás Maduro en territorio venezolano. Según confirmó el senador republicano Mike Lee, la operación fue coordinada directamente por la administración Trump.
“Marco Rubio me ha informado que Maduro ha sido arrestado por personal estadounidense para ser juzgado por cargos criminales en Estados Unidos”, declaró Lee tras la operación.
La Fiscal General de EE. UU., Pam Bondi, confirmó que Maduro y su esposa, Cilia Flores, se encuentran bajo custodia estadounidense y serán trasladados a Nueva York para enfrentar juicio en el Distrito Sur.
“Maduro ha sido acusado de conspiración narcoterrorista, conspiración para importar cocaína, posesión de ametralladoras y dispositivos destructivos”, señaló Bondi en un comunicado oficial emitido esta mañana.
El hombre que gobernó Venezuela con mano de hierro durante más de una década enfrenta ahora un destino incierto en el sistema judicial norteamericano, cerrando así un ciclo histórico que deja a una Venezuela devastada pero expectante ante un nuevo amanecer político. Aunque la fecha de su captura difiere por meses de algunos pronósticos que la situaban a finales de año, el hecho marca el hito definitivo de su biografía.
