El auge de los vehículos eléctricos, en particular los de origen chino, obliga a las aseguradoras en Costa Rica a replantearse cómo evalúan el riesgo, cuánto cobran mensualmente por cubrirlo y, en algunos casos, incluso si conviene asumirlo.
Aunque se trata de un segmento en crecimiento, tanto su comportamiento en carretera como sus costos de reparación todavía generan incertidumbre en la industria.
Así lo planteó Roy Cole, gerente general de Davivienda Seguros, durante un evento de prensa realizado en mayo, en el cual se explicó el panorama actual del sector, sus riesgos y oportunidades.
El experto advirtió que las particularidades técnicas de este segmento automovilístico, junto con su uso intensivo y las dificultades para repararlos, orillan a las aseguradoras a ajustar los precios de las primas e, incluso, replantear la cobertura en ciertos modelos que consideran “complicados”.
Otras aseguradoras coinciden en que el análisis aún está en desarrollo. De hecho, Quálitas señala que el incremento de estos vehículos dentro del parque automotor llevó a un monitoreo constante de variables como la frecuencia de siniestros, los costos de solucionar daños y la disponibilidad de reemplazo de piezas.
Según la Asociación Costarricense de Movilidad Eléctrica (Asomove), el mercado de movilidad eléctrica crece rápidamente en el país: solo en abril de 2026, se registraron 1.064 nuevos vehículos eléctricos en el país. De ese total, 1.007 corresponden a automóviles, nueve a motocicletas, 17 a “vehículos especiales” y 31 a unidades de trabajo. En total, en Costa Rica circulan más de 30.000 vehículos eléctricos.
Aunque representan menos del 10% de la flota, en algunos meses recientes han representado cerca del 25% si solo se toman en cuenta los nuevos registros.
Los factores que restan atractivo
De acuerdo con Cole, el principal punto de los vehículos eléctricos que resta atractivo ante las aseguradoras está en la batería, pues un daño en este componente puede afectar de forma determinante el valor del vehículo, debido a su alto costo de reposición.
En la práctica, esto implica que un siniestro que comprometa la batería puede reducir significativamente el valor asegurable, lo que incide directamente en las indemnizaciones y en la evaluación del riesgo.
“La batería la traen abajo, se destruye esa batería y el carro se acabó. Básicamente es un tema de que reemplazar la batería es más costoso que el vehículo en sí mismo“, aseguró Cole.
Quálitas coincide en que la batería es central dentro de la estructura tecnológica del automóvil y que su evaluación forma parte de los procesos de inspección tras un siniestro. Dependiendo del daño, su reparación o sustitución puede incidir de forma directa en los costos y en la valoración final del vehículo asegurado.
La disponibilidad limitada de repuestos también incomoda al sector asegurador de automóviles. En el caso de muchos modelos, los tiempos de espera se extienden hasta seis meses debido a los procesos de importación y a una menor existencia de piezas en inventario, lo cual retrasa las reparaciones y eleva los costos asociados a cada siniestro.
Otro factor que se suma es el perfil de uso, pues una parte relevante de estos vehículos opera en plataformas digitales de transporte, lo que eleva la frecuencia de accidentes: a mayor exposición en carretera, más altas son las posibilidades de verse involucrados en un siniestro.
Este uso intensivo obliga a las aseguradoras a recalibrar sus modelos de riesgo, ya que no se trata únicamente del vehículo, sino de cómo y cuánto se utiliza.
Aunque Quálitas no identifica un perfil único de conductor, resalta que elementos como “la frecuencia de uso, el tiempo de circulación, la actividad desarrollada y los kilómetros recorridos forman parte de las variables que las aseguradoras consideran al momento de establecer las condiciones de aseguramiento”.
Ante la consulta de este medio, el Instituto Nacional de Seguros (INS) indicó que, al cierre de mayo de 2026, la cantidad de siniestros pagados de vehículos eléctricos tuvo un incremento interanual del 10,4% en comparación con el mismo período del año previo. Puntualmente, los eléctricos de origen chino presentaron un aumento de 44,8% en la cifra de siniestros pagados.
Se debe considerar que ni el INS ni Mapfre cubren automóviles destinados al servicio de transporte en plataformas digitales.
Primas más altas y cobertura selectiva
La combinación de baterías costosas, repuestos difíciles de conseguir y mayor siniestralidad ha llevado a analizar la estrategia de cobertura actual, especialmente a evaluar hacer ajustes en las primas.
A juicio de Cole, las compañías están aplicando filtros más estrictos en, por ejemplo, modelos chinos muy nuevos, con poca representación o sin respaldo logístico suficiente.
Incluso, en ciertos casos, la decisión puede ser no asegurar el vehículo, una acción drástica que respondería a “evaluaciones técnicas basadas en datos, donde se analiza la relación entre el riesgo asumido y el costo potencial del siniestro”.
Sin embargo, tanto el INS como Mapfre explicaron que no discriminan la cobertura de automóviles eléctricos estrictamente por su categoría, sino que un eventual rechazo respondería a la valoración técnica.
¿Qué dicen las agencias?
El Financiero consultó con varias de las agencias de vehículos nuevos en el país las observaciones comentadas por las aseguradoras, pero la mayoría declinaron brindar declaraciones al respecto a excepción de Igor Ortiz, gerente de producto de Chevrolet y Cadillac en Grupo Q, quien pronunció en representación única de esas dos marcas.
Para él, los planteamientos responden a un reto real que enfrenta actualmente la industria automotriz, mas no se deben generalizar.
Por ejemplo, explicó que, “si bien una batería puede representar entre un 40% y un 50% del costo de fabricación de un vehículo eléctrico, el riesgo varía según la marca, la tecnología y el respaldo disponible”.
En términos de mantenimiento, los vehículos eléctricos suelen ser más simples que los de combustión al necesitar menos intervenciones periódicas, ya que no tienen componentes como filtros, bujías o cambios de aceite, lo cual podría ayudar a equilibrar la balanza.
Ahora, con las reparaciones, admitió que el principal reto está en el diagnóstico y manejo de sistemas de alta tensión. Por esta razón, los talleres que atienden vehículos de importación directa, mercado gris o marcas emergentes suelen tener una limitada disponibilidad de capacitación, software y equipos especializados, lo que puede llevar a reemplazos costosos.

El resultado es un mercado en ajuste, donde las condiciones de aseguramiento no son uniformes y dependen cada vez más de variables específicas. La movilidad eléctrica avanza hacia soluciones que se proclaman amigables con el medio ambiente, pero su integración al negocio asegurador ocurre bajo un proceso de aprendizaje que combina datos técnicos, experiencia operativa y revisiones constantes de riesgo.
