Al comenzar el año, la prioridad para muchas familias es establecer un orden financiero. Sin embargo, el entusiasmo inicial suele diluirse con el paso de los meses. La razón es clara: se omiten pasos fundamentales que convierten al presupuesto en una herramienta de control y no solo en una lista de buenas intenciones.
Para lograr una planificación efectiva este 2026, los expertos recomiendan seguir esta hoja de ruta:
Josué Rodríguez, director de Sirú Financiero, asegura que el primer paso no es hacer números, sino observar el comportamiento actual.
“Antes de planificar, la persona necesita saber cuánto gana, cuánto gasta y en qué se le va el dinero. Un buen inicio es registrar durante un mes todos los movimientos, incluso los más pequeños, porque ahí aparecen los patrones que normalmente pasan desapercibidos”, destacó.
Rodríguez sugiere separar los gastos en tres grandes grupos:
La trampa de los gastos “hormiga”
Los gatos “hormiga” —como el café diario, snacks o suscripciones que no se utilizan— parecen insignificantes, pero su acumulación mensual impacta severamente la capacidad de ahorro. Son gastos emocionales o de conveniencia que, al no estar planificados, sabotean el cumplimiento de las metas.
Para contrarrestar esto, el presupuesto debe revisarse mensualmente.
“Cuando cambian los precios o los ingresos, el presupuesto también debe cambiar. Ignorar estos ajustes solo genera más presión financiera. Es clave identificar qué gastos se pueden reducir temporalmente y cómo redistribuir el dinero disponible”, añadió el economista.
Errores comunes
Uno de los fallos más frecuentes es presupuestar con base en deseos y no en el histórico de consumo.
Decir “este mes voy a gastar menos”, sin analizar cuánto se ha gastado realmente en meses anteriores, suele terminar en frustración.
Asimismo, es vital incluir gastos ocasionales o estacionales que son previsibles: marchamo, mantenimiento del vehículo, citas médicas o regalos. Aunque no ocurran cada 30 días, deben estar en el plan mensual.
El ahorro como un gasto fijo
El ahorro no debe ser el residuo del mes, sino una prioridad. José Daniel Artavia, economista del Banco Nacional (BN), señala que más allá del porcentaje (que puede iniciar entre un 3% y un 5%), lo fundamental es la disciplina.
“Muchos desisten por la falta de cultura del ahorro. Esto se logra con pequeños cambios, por ejemplo, destinar una cifra semanal o quincenal que figure dentro del presupuesto como un gasto fijo. El uso de rebajos automáticos hacia una cuenta separada facilita el proceso y evita la tentación”, explicó Artavia.
Beneficios del control
Finalmente, un presupuesto bien gestionado permite detectar anomalías, como aumentos injustificados en servicios públicos (agua o electricidad) y abre ventanas de oportunidad para la inversión.
Danilo Montero, director general de la Oficina del Consumidor Financiero (OCF), concluye que una vez se desarrolla el hábito, la herramienta se vuelve automática.
“Permite enfrentar imprevistos, aprovechar oportunidades y, sobre todo, evitar el endeudamiento innecesario que compromete la salud mental y financiera de la familia”, puntualizó.