Cuando se escucha hablar de que la deuda del Gobierno no baja y supera el 60% del Producto Interno Bruto (PIB), se piensa que es un asunto que deben solucionar únicamente los diputados o la administración de turno. Sin embargo, la realidad es que una deuda elevada puede tener más efectos en sus bolsillos de los que usted imagina.
Por ejemplo, cuando el Gobierno necesita recursos para financiar y refinanciar su deuda, compite por esos recursos en el mercado financiero con las empresas y los hogares.
Esa situación puede generar presión sobre las tasas de interés y afectar las condiciones bajo las cuales una persona consigue un préstamo.
Además, el pago de intereses de la deuda consume recursos que podrían destinarse a infraestructura, servicios públicos u otros proyectos de inversión que pueden mejorar el bienestar de la sociedad. Al mismo tiempo, las restricciones fiscales limitan el margen que tiene el Gobierno para aumentar el gasto, el cual puede tener un impacto en el consumo total de los costarricenses.
A agosto de 2026, la deuda del Gobierno Central alcanzó ¢32,44 billones, equivalentes a $72.049 millones.
La relación deuda-PIB se ubicó preliminarmente en 61,1%, por encima del umbral del 60% que mantiene activa la versión más restrictiva de la regla fiscal. Al superar ese porcentaje, se limita el crecimiento del gasto posible para el Gobierno y congela los aumentos salariales en el sector público.
La deuda interna representó 47,7% del PIB y la externa 13,4%. Además, el saldo aumentó 3,6% respecto al cierre de 2025.
El problema no termina en el dato actual.
El Ministerio de Hacienda proyectó en marzo, dentro de su Marco Fiscal de Mediano Plazo 2026-2031, que la deuda podría llegar a 67,2% del PIB en 2031 y mantenerse por encima del 60% durante los años anteriores.
También se hacen proyecciones en las que se estima que pasaría si se toman medidas o no.
La deuda llegaría a 63,3% si se llegan adoptar algunas medidas y a 68,8% sino se hace nada.
Esto significa que, si la trayectoria no cambia, el país seguirá enfrentando restricciones fiscales durante varios años.
Entre los puntos que preocupan más sobresalen:
El crédito puede resultar más caro
Uno de los efectos que una persona puede sentir de manera más directa está relacionado con el costo del financiamiento.
Cuando el Gobierno acude al mercado financiero para obtener recursos y refinanciar su deuda, compite por esos fondos con empresas y hogares. Esta situación puede generar presión sobre las tasas de interés y limitar las condiciones de financiamiento disponibles para el sector privado.
Fernando Rodríguez, economista de la Universidad Nacional, explicó que este fenómeno se conoce como efecto estrujamiento.
“La necesidad de financiamiento público compite con los recursos disponibles para el financiamiento del crédito privado y esto significa que las necesidades financieras del Gobierno pueden terminar interactuando con las condiciones bajo las cuales una familia consigue un préstamo para comprar una vivienda, adquirir un vehículo o financiar otro gasto importante”, explicó.
También puede afectar a las empresas. Un negocio que necesita pedir dinero para comprar maquinaria, ampliar un local o aumentar su capital de trabajo enfrenta el mismo mercado financiero.
De igual manera, opina Rodrigo Cubero, expresidente del Banco Central, quien dijo que cuando una deuda no baja puede generar un ambiente de mayores tasas de interés y encarecer el crédito.
Por eso, agregó, aunque una persona nunca compre un título de deuda del Gobierno, sí puede terminar sintiendo las consecuencias de un endeudamiento elevado cuando solicita un préstamo.
Menos recursos para inversión y servicios
El segundo efecto está relacionado con el dinero que el Gobierno puede destinar a atender las necesidades de la población.
Una deuda elevada implica obligaciones financieras que deben pagarse. Los intereses no desaparecen y la deuda debe refinanciarse.
Esto significa que una parte de los recursos públicos tiene que dirigirse a cumplir esas obligaciones y no puede utilizarse al mismo tiempo para construir infraestructura, fortalecer servicios públicos o financiar nuevos proyectos.
A agosto de 2026, el pago de intereses de la deuda ascendió a ¢1.635.917 millones, equivalente a 3,1% del PIB.
Karol Fernández Murillo, economista de Mercado de Valores, explicó que cuando la deuda pública se mantiene en niveles elevados, se reduce el espacio disponible para financiar infraestructura, educación, seguridad y otras inversiones que contribuyen al crecimiento económico.
La economista Adriana Rodríguez señaló que el crecimiento del gasto actual no puede calificarse como descontrolado y que una parte importante de la presión proviene de los intereses y del gasto de capital.
En el caso de los intereses, explicó, existe poco margen de acción porque “la deuda hay que pagarla, hay que honrarla, hay que refinanciarse”.
“El problema es que cuanto mayor sea la factura de intereses, menor será el espacio disponible para decidir qué hacer con los recursos restantes”, explicó.
Menos generación de empleo
El tercer canal es menos visible, pero puede ser uno de los más importantes para las familias: el crecimiento económico y el empleo.
Una economía necesita inversión para crecer. Si el financiamiento se encarece, las empresas pueden enfrentar mayores costos para expandirse o desarrollar nuevos proyectos.
Esto no significa que una deuda elevada provoque directamente la pérdida de empleos. El efecto puede darse a través de una cadena: mayores necesidades de financiamiento, presión sobre las tasas de interés, menor inversión y, eventualmente, un menor ritmo de crecimiento económico.
Rodrigo Cubero considera que el deterioro de la situación fiscal, junto con mayores tasas de interés e incertidumbre sobre el rumbo de las finanzas públicas, puede reducir la inversión y afectar negativamente el crecimiento económico.
“La consecuencia final, según explicó, puede ser menor crecimiento, menor generación de empleo y menor bienestar para los costarricenses”, dijo.
Fernando Rodríguez también advierte sobre un círculo que puede resultar difícil de romper.
A su criterio, Costa Rica se encuentra en una situación en la que la deuda elevada, el gasto en intereses y la regla fiscal limitan el margen para impulsar la economía.
“Si el país tuviera mayor espacio para invertir y financiar proyectos productivos, el crecimiento podría ayudar posteriormente a mejorar la situación de la deuda”, aseguró.
Deuda puede limitar la capacidad del Gobierno para responder
Existe otro efecto que puede pasar inadvertido: el margen de maniobra del Estado se reduce cuando ya tiene un nivel elevado de endeudamiento.
Si ocurre una crisis económica, una emergencia nacional o un evento que obligue al Gobierno a aumentar el gasto, la posibilidad de recurrir nuevamente al endeudamiento puede ser más limitada o más costosa.
En otras palabras, una deuda alta no solamente afecta las decisiones del Gobierno de hoy: también condiciona las decisiones que podrá tomar un Gobierno futuro.
Esto es relevante para el ciudadano porque significa que, ante una eventual crisis, el Estado podría tener menos espacio para aumentar programas, realizar inversiones extraordinarias o atender nuevas necesidades sin afectar todavía más sus finanzas.
Por eso, la regla fiscal que se aprobó en el 2018 es tan importante ya que aporta, según Adriana Rodríguez, disciplina y confianza a los inversionistas y contribuye a reducir la prima de riesgo del país.
También, la regla permite, según Edna Camacho, contener el crecimiento del gasto, aunque plantea que podría revisarse en el mediano plazo. Esta recomendación también la dio Fernando Rodríguez.
Camacho recomendó fortalecer la fiscalización tributaria —incluyendo mecanismos asociados a pagos electrónicos como Sinpe—, revisar algunas exoneraciones del impuesto sobre la renta, priorizar el gasto público y avanzar en reformas institucionales que permitan mejorar la eficiencia del Estado.
La discusión sobre la deuda, por lo tanto, no se limita a cuánto debe el Gobierno ni a si cumple o no con una regla fiscal, sino que para los hogares y las empresas el efecto puede no ser inmediato ni visible en una sola factura, pero sí puede aparecer en distintas decisiones financieras y económicas que terminan afectando su bienestar.
