El crecimiento de los ingresos laborales reales perdió impulso en Costa Rica desde mediados del 2025 y, aunque el poder adquisitivo se sostiene, la dinámica revela un mercado laboral que empieza a reconfigurarse y golpea a los perfiles de alta calificación.
Así lo señala el Banco Central de Costa Rica (BCCR) en su Informe de Política Monetaria (IPM) de abril de este año, con base en la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (Enigh) del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).
Es importante recordar que el término “salario real” se refiere a la remuneración ajustada por los cambios en la inflación.
Los datos recopilados muestran que, a febrero del 2026, apenas crecieron un 1,0% interanual, una cifra que confirma la desaceleración observada desde el segundo trimestre del año anterior.
En paralelo, los ingresos nominales registraron una caída del 1,7%, una tendencia que se arrastra desde diciembre.
Este comportamiento responde, en parte, al efecto de la inflación, que ha contribuido a sostener el poder de compra. No obstante, el resultado general es un crecimiento más moderado de los ingresos laborales, en un contexto de estabilidad relativa del mercado de trabajo.
Sin embargo, el ajuste no ha sido uniforme, pues los trabajadores en puestos de alta calificación enfrentaron una contracción interanual del 7% en sus ingresos reales, una caída significativa frente al comportamiento de años previos, cuando este grupo concentraba los mayores incrementos salariales.
En contraste, las personas con calificación media y baja experimentaron aumentos en sus ingresos de un 5,5% y 5,6%, respectivamente.
Mercado laboral se reorganiza
Para Andrés Rodríguez, economista del Consejo de Promoción de la Competitividad (CPC), este cambio podría responder más a un deterioro relativo de los salarios altos que a un fortalecimiento sostenido de los ingresos en los segmentos medios y bajos.
“Es particularmente relevante porque rompe parcialmente el patrón observado en años recientes, donde los trabajadores más calificados tendían a concentrar mayores ganancias salariales. Si esta tendencia se mantiene, podría producir una moderación temporal de algunas brechas salariales”, comentó.
La evolución de los ingresos también refleja ajustes más amplios dentro de las empresas, donde la menor presión salarial en ocupaciones altamente calificadas podría estar vinculada a una demanda más contenida por estos perfiles o a cambios en las estrategias organizacionales.
A juicio del economista, es probable que las compañías hayan optado por estructuras más livianas para la contención de costos, con mayor peso de perfiles junior (con menor experiencia laboral), automatización de tareas administrativas, uso creciente de herramientas digitales e Inteligencia Artificial (IA). Este proceso empieza a incidir en los salarios de ciertos segmentos profesionales, aunque aún no configura una sustitución generalizada.
“Todavía sería prematuro afirmar que existe una sustitución generalizada de trabajadores calificados; más bien parece una señal inicial de reorganización del mercado laboral y de ajuste en ciertos sectores más intensivos en conocimiento”, añadió.
En esta línea, el análisis por grupos también revela contrastes adicionales: mientras los ingresos de las mujeres continúan al alza (5,2% interanual), aunque a un ritmo más lento, los de los hombres muestran una caída (-1,9%).
A nivel sectorial, tanto el ámbito público como el privado presentan una desaceleración en el crecimiento de ingresos, pero el ajuste resulta más marcado en el segundo. En el público, hubo un incremento del 1,5%, mientras que en el privado fue del 0,8%.
Por condición laboral, el mayor dinamismo se concentra en el sector informal con un 2,4%, aunque el empleo formal (0,4%) también reporta variaciones positivas. Este comportamiento se da en un entorno donde, según el Banco Central, se observan avances en la formalización y cambios en la participación laboral.
El mercado laboral mantiene señales de estabilidad, pero con transformaciones relevantes en la distribución y dinámica de los ingresos. El crecimiento real persiste, aunque pierde fuerza, y los cambios en los segmentos salariales abren interrogantes sobre la calidad de esa mejora.
El desempeño reciente no apunta a un deterioro generalizado, pero tampoco consolida una recuperación robusta; más bien, dibuja un escenario intermedio donde el ajuste ocurre de forma desigual y todavía no define con claridad su impacto de largo plazo.

