La Expomóvil 2026, que se realiza del 16 al 26 de abril, vuelve a concentrar en un solo espacio la mayor oferta de vehículos del país junto a condiciones de financiamiento que buscan atraer a quienes evalúan cambiar de carro en el corto plazo.
Entre tasas, plazos y beneficios, una de las opciones más utilizadas por los compradores es entregar su vehículo actual como prima. Si la compra se hará financiada este pago inicial debe iniciar desde un 10% del valor de la unidad nueva, aunque depende del modelo y la entidad financiera.
Sin embargo, ese paso, que suele asumirse como una ventaja automática, depende de una valoración más rigurosa de lo que muchos anticipan; las agencias y entidades participantes aplican criterios que van más allá de lo evidente y pueden variar de forma significativa el monto esperado, lo que termina por incidir en la negociación y en la cuota final del nuevo crédito.
Si usted está interesado en entregar su vehículo como parte de la prima, e incluso saldar un poco más allá, pero se pregunta qué aspectos toman en cuenta al momento de determinar este valor, en EF se lo explicamos.
Lo que salta a la vista sí importa
Indudablemente, el primer filtro en la valoración es el estado integral del automóvil, que lleva a cabo la agencia donde tramite la compra del nuevo bien.
No obstante, más allá de los aspectos técnicos específicos, las entidades financieras identifican patrones que permiten calcular, incluso antes de acudir a la agencia, cuál es un resultado probable.
Luis Diego Méndez, supervisor de la línea de vehículos del Banco Nacional de Costa Rica (BNCR), explica que tanto la condición mecánica como la apariencia exterior e interior inciden directamente en el monto que se reconoce como prima.
En primer lugar, un vehículo que evidencia desgaste, con mantenimientos pendientes o historial irregular, pierde valor de forma inmediata porque incrementa el riesgo para la entidad y reduce su atractivo comercial.
“Golpes visibles, deterioro en la pintura o fallas en componentes clave no solo afectan la percepción del comprador potencial, sino que obligan a ajustar el precio para facilitar su eventual reventa”, comenta.
Por el contrario, un carro que ha recibido mantenimiento constante y conserva buenas condiciones físicas logra sostener mejor su valor.
En este escenario, la diferencia entre uno y otro puede traducirse en una brecha significativa en el monto final que se aplica al crédito.
Tres aspectos que aceleran la depreciación
La edad del vehículo constituye otro factor determinante en la ecuación, sobre todo cuando de modelos más antiguos se trata.
Aunque no se menciona algún tipo de diferencia según se trate de un vehículo de combustión, eléctrico o con otras características, Méndez explica que con el paso del tiempo el automóvil no solo pierde valor por uso, sino por su distancia frente a los avances tecnológicos que incorpora el mercado.
“Este elemento adquiere mayor relevancia en el contexto actual, donde los vehículos eléctricos e híbridos ganan protagonismo. Los modelos de combustión más antiguos enfrentan una depreciación más acelerada, ya que quedan rezagados frente a opciones con mayor eficiencia energética, mejor equipamiento y menores costos operativos en el largo plazo”, asegura.
La antigüedad, entonces, no se limita a una cifra en el registro del vehículo, sino que refleja su nivel de vigencia en un mercado que cambia con rapidez y que redefine constantemente las preferencias de los compradores.
No obstante, para Benjamín García, director comercial de la Unión Central del Banco Popular y de Desarrollo Comunal (BPDC), más allá del estado actual y los años de uso, la demanda del modelo resulta clave para determinar cuánto se le reconoce de prima a un cliente.
A su criterio, los vehículos que se mantienen alineados con las tendencias actuales (ya sea por eficiencia, tecnología o preferencia del consumidor) logran sostener mejor su precio, incluso con varios años de uso. En cambio, “aquellos con menor rotación o características menos buscadas tienden a devaluarse con mayor rapidez, lo que impacta directamente la negociación”.
En esa misma línea, José Paulo Martínez, gerente de operaciones de Cafsa, brazo financiero de Grupo Purdy, profundiza en un elemento que suele pasar desapercibido: la facilidad de reventa.
Martínez explica que las entidades no solo valoran el estado actual del vehículo, sino el tiempo y las condiciones en que podrían colocarlo nuevamente en el mercado.
“Un automóvil con alta rotación, es decir, que puede venderse con relativa rapidez y sin necesidad de ajustes significativos en precio, conserva mejor su valor como prima”, afirma.
Por el contrario, cuando se trata de modelos con menor salida comercial, la valoración incorpora ese riesgo; estos vehículos obligan a aplicar descuentos más agresivos para lograr su venta, lo que reduce el monto que la entidad está dispuesta a reconocer desde el inicio.

Este criterio responde a una lógica operativa: cuanto más tiempo permanezca el vehículo sin venderse, mayor es el costo para quien lo recibe como parte de pago.
Además, factores como la disponibilidad de repuestos, la percepción de la marca en el mercado y la estabilidad de su valor de reventa también influyen en ese avalúo.
Así, el precio de un vehículo para cubrir una prima o parte de ella no depende solo de su propietario, sino de cómo lo interpreta el mercado: entre el estado actual, antigüedad y facilidad de colocación, la cifra final puede cambiar de forma considerable y, con ello, modificar la estructura del financiamiento y la decisión de compra.
