El bitcoin es una de las criptomonedas más comentadas cuando de inversiones digitales se habla, pero más allá de las fuertes fluctuaciones de mercado que pueden favorecer ganancias considerables, el riesgo que un inversor asume al entrar en este mundo no pasa desapercibido y se toma como primera advertencia.
En Costa Rica, actualmente el único medio aprobado para canalizar esta forma de inversión por el marco normativo de la Superintendencia General de Valores (Sugeval) es el Fondo de Inversión Bitcoin no diversificado, de BN Fondos (BN ETF Bitcoin).
Sin embargo, también puede comerciar criptoactivos en plataformas digitales no supervisadas.
De acuerdo con Feller Rate, calificadora de riesgo de alcance latinoamericano, la adopción de bitcoin en Centroamérica ha sido paulatina y solo El Salvador la reconoce como moneda de circulación legal pública.
En Costa Rica el Banco Central aplica lo que llama “una tolerancia vigilante”. No se trata de una moneda oficial, así que nadie está obligado a aceptarla, pero entre privados pueden comercializarla si lo acuerdan las partes.
Empezar a invertir
Empezar a invertir en bitcoin, de acuerdo con Feller Rate, implica verlo como un activo altamente especulativo donde el punto de partida no es “qué compro”, sino “qué sé, cuánto riesgo tolero y por qué plazo puedo amarrar mi dinero”.
Antes de poner el primer colón, el inversionista debe tener al menos nociones básicas de finanzas: cómo funciona la diversificación, liquidez, volatilidad, diferencias entre estrategias de corto, mediano y largo plazo, y el hecho de que esta criptomoneda no genera flujos de caja tradicionales, sino que su precio depende casi por completo de oferta y demanda.
No se exige ser experto para usar vehículos regulados (como fondos que invierten en bitcoin), pero sí entender la dinámica de los activos escogidos y el propio apetito de riesgo.
Si la persona quiere ir a la compra directa de criptomonedas, el estándar sube: debe comprender qué es blockchain, qué es un exchange, cómo funciona la minería en bitcoin o el ecosistema de otras monedas, si son inflacionarias o no y si realmente se usan como medio de pago. También tiene que dominar la lógica de las billeteras digitales y la importancia crítica de las claves de acceso, porque allí está, literalmente, la custodia de su dinero.
Una forma de iniciar es acudir a un fondo de inversión autorizado y regulado por Sugeval, pero en Costa Rica solo hay una opción: el BN ETF Bitcoin. En este fondo se permite iniciar, sin comisión de entrada, con un monto mínimo de $100 y realizar aportes adicionales desde $1.
Ese mismo monto inicial se establece como saldo mínimo requerido, mientras que los retiros también pueden ejecutarse desde $1 en adelante. Además, tanto las operaciones de inversión como de retiro se procesan con un plazo de liquidación de tres días hábiles con una hora de corte fijada al mediodía.
En este caso la persona no está adquiriendo la criptomoneda, sino que compra una participación en el fondo de inversión y son los gestores del fondo los que administran los recursos.
El otro camino es la inversión directa en monedas digitales a través de exchanges internacionales, que funcionan de manera similar a una bolsa de valores. Algunos de ellos son Binance, Coinbase, Kraken, OKX, eToro y Uphold.
Aquí el inversionista asume de primera mano la ejecución de órdenes, la selección de activos y gran parte de los riesgos operativos y de seguridad. A diferencia del fondo del BN, el usuario no liquida su inversión directamente con una entidad, sino que debe vender la criptomoneda a otro usuario para materializar posibles ganancias o pérdidas.
Si quiere invertir de esta forma, Feller Rate recomienda revisar los siguientes puntos:
- Seguridad: Revise si la plataforma exige autenticación de doble factor y qué tipo de protocolos de protección maneja.
- Reputación: Opiniones en foros y la trayectoria de la empresa para evitar fraudes o plataformas vulnerables.
- Liquidez y volumen: Un mayor volumen asegura que las órdenes de compra o venta se ejecuten rápidamente y sin grandes variaciones de precio.
- Comisiones: Revisar los costes por operación y las tarifas ocultas en el tipo de cambio al comprar o vender.
- Custodia de fondos: Es vital saber si el exchange guarda la mayoría de las monedas en carteras frías (nombradas como cold storage u offline), lo cual es mucho más seguro ante hackeos.
- Cumplimiento legal: Los exchanges confiables requieren verificar la identidad de los inversionistas mediante documentos oficiales para prevenir el blanqueo de capitales.
Perfil de inversor
Un análisis de BN Fondos reveló que la mayor parte de inversores de ETF Bitcoin reside en la zona oeste de San José, la cual concentra el 15,47%, seguida por los habitantes del este de la capital, con un 7,52%. En contraste, Puntarenas y Guanacaste registran la menor participación, con un 1,78%.
Por perfil profesional, destacan los puestos de dirección, administración y finanzas, con un 15,92% del total. Les siguen quienes se desempeñan en operaciones, oficios y servicios técnicos (5,37%) y los profesionales en tecnología e informática (4,85%).
Pero, ¿qué nos dicen estas estadísticas sobre el costarricense que invierte en bitcoin?
Las cifras dibujan a un inversionista todavía bastante específico: urbano, con mayor presencia en la Gran Área Metropolitana (GAM) y vinculado a ocupaciones técnicas o de toma de decisiones. Un perfil que, al menos por ahora, se mantiene acotado y que refleja una adopción aún concentrada en segmentos con mayor exposición a herramientas financieras y tecnológicas.
“Los fondos han funcionado como una puerta de entrada al mercado de valores, especialmente para quienes antes no participaban en este tipo de alternativas, al ofrecer una experiencia accesible, clara y respaldada por una entidad regulada”, determinó Ileana Atan Chan, gerente general de BN Fondos.

Riesgos
Como en toda estrategia de inversión, es importante tomar en cuenta los riesgos a los que se enfrenta, especialmente en un entorno volátil como en el que se gestiona esta criptomoneda.
“No obstante, estos activos son especulativos y no generan flujos periódicos, es decir, su valor depende de cuánto el mercado piense que en realidad valen con relación a otros activos financieros y de perspectivas futuras, por lo que no es posible asignarles un precio con base en modelos de valorización tradicionales”, advirtió la calificadora.
El principal aspecto a asumir es que el precio del bitcoin puede subir o desplomarse en cuestión de horas, de modo que alguien que entra sin experiencia y con dinero que necesita para otros gastos puede enfrentar pérdidas muy fuertes en muy poco tiempo.
Por ejemplo, según el reporte quincenal de Sugeval más reciente, al 26 de abril del año actual, el rendimiento anualizado de BN ETF Bitcoin se ubicaba en -23,4%, mientras que en el mismo periodo de 2025 se hallaba en 51%.
Esto significa que, en un año, el fondo pasó de ofrecer ganancias muy altas a registrar pérdidas significativas. Un inversionista que hubiera entrado en el periodo más reciente estaría viendo una caída en el valor de su inversión, mientras que en el mismo corte del año anterior el resultado era opuesto.
Como segundo punto se encuentra el hackeo del intermediario donde deposita sus inversiones. En estos casos, no hay garantía de recuperar los fondos porque, a diferencia de un banco tradicional, no existe un seguro de depósitos ni una instancia clara a la cual reclamar.
A ello se suma el factor de la custodia personal, pues las monedas se guardan en billeteras digitales que dependen de claves de acceso; si el usuario pierde esas claves o las comparte sin querer, puede quedar definitivamente sin acceso a su dinero al no existir un mecanismo centralizado que permita cambiar la contraseña.
Para la calificadora, los novatos son especialmente vulnerables a estafas de ingeniería social, lo que los convierte en un riesgo latente.
Hoy, abundan páginas que imitan exchanges legítimos para robar credenciales, así como programas maliciosos que modifican automáticamente la dirección de destino cuando el usuario la pega y desvían los fondos a billeteras de atacantes sin que lo note.
Por otra parte, hay esquemas coordinados conocidos como “Pump & Dump”, en los que grupos se organizan para inflar artificialmente el precio de una criptomoneda mediante compras masivas y campañas en redes; cuando el precio sube lo suficiente, venden de golpe y dejan a los inversionistas minoristas atrapados en un activo que se desploma.
