El nuevo presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), Kevin Warsh, es un habitual de los círculos empresariales que ha convencido a Donald Trump de que es la persona adecuada para el puesto.

Los senadores estadounidenses aprobaron este miércoles su nombramiento al frente de la institución que fija los tipos de interés estadounidenses y, por tanto, tiene una gran influencia en la economía mundial.
Trump eligió a Warsh, de 56 años, para reemplazar al presidente de la Fed (banco central), Jerome Powell.
Warsh regresa a la Fed 20 años después de haber ingresado a la institución como gobernador, en 2006.
El reto de la confianza interna
En estas dos décadas, “ha criticado duramente” a la Fed, señaló a la AFP, David Wessel, investigador de la Brookings Institution.
“Ahora tendrá que ganarse la confianza de los equipos y del resto de responsables monetarios para llevar a cabo su programa”, añade Wessel, quien lo describe como “muy diplomático y, en general, hábil con la gente”.
Mientras que la oposición demócrata lo ve como un “títere de Trump”, él se comprometió durante su comparecencia ante el Senado a finales de abril a “velar por que la gestión de la política monetaria siga siendo estrictamente independiente”.
Aseguró que Trump no le había pedido que bajara los tipos de interés.
Contexto de tensión política
Su nombramiento ocurre tras meses de ataques personales de Trump contra Powell ante la decisión de la Fed de frenar la política de reducción de tasas.
El temor de que la independencia de la Fed esté bajo amenaza se ha extendido entre inversores.
Durante su audiencia ante el Comité Bancario del Senado, Warsh insistió en que de ser confirmado para el cargo actuará con independencia. Sin embargo, congresistas demócratas cuestionaron los cambios en su postura frente a la inflación.
Trayectoria y experiencia
