La reciente evaluación del Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre la economía costarricense ha comprometido la posición del Banco Central de Costa Rica (BCCR). En su última misión resaltó la necesidad de bajar la Tasa de Política Monetaria (TPM).
Más allá de una simple sugerencia, el organismo expone un debate estructural sobre la efectividad de la política monetaria, el crédito y las señales mixtas que envía la economía.

Lo cierto es que el mercado enfrenta un doble freno: existe una “resistencia” bancaria para trasladar las rebajas de la Tasa de Política Monetaria (TPM) a los préstamos (tasas activas) y, simultáneamente, un dilema en el Banco Central, que teme que una reducción agresiva comprometa sus metas de inflación y estabilidad.
El diagnóstico del FMI es contundente al calificar la política actual como restrictiva, incluso ante una inflación persistentemente baja y negativa en gran parte de los últimos dos años.
Según el documento oficial, la tasa actual excede el nivel “neutral” (aquel que permite el equilibrio sin frenar la actividad económica), lo que en la práctica actúa como un lastre para “el consumo, la inversión y la recuperación de la demanda interna”.
Bajo esta premisa, la meta de flexibilización monetaria busca un retorno urgente al rango meta de inflación (2%-4%).
Adriana Rodríguez, gerente general de Acobo Puesto de Bolsa, valida esta postura al señalar que existe un “exceso de prudencia” por parte del Banco Central que conlleva un costo de oportunidad tangible en el crecimiento y el empleo.
Desde su análisis, la política actual no solo es rígida, sino que está permitiendo que la tendencia deflacionaria se arraigue, impidiendo que el crédito en colones actúe como dinamizador del consumo y abarate las hipotecas.
El BCCR, en contradicción con el FMI, ha dicho que su TPM sí está en un nivel neutro.
El dilema del Banco Central
La decisión de las autoridades del Banco Central podría ser compleja porque debe cumplir el objetivo de mantener la inflación baja, cuidar su relación con el FMI y escuchar la presión del sector productivo, al mismo tiempo que persisten los riesgos internacionales y posibles choques de precios por la guerra en el Medio Oriente.
Además, no es solo el FMI el que le recomienda bajar sus tasas, también lo hacen sus propios analistas: la División Económica del Banco Central recomendó el pasado 22 de enero disminuir 25 puntos bases, la Tasa de Política Monetaria (TPM), según consta en el acta de la Junta Directiva.
Entre las razones técnicas sobresalen:
- La inflación general cerró el 2025 en valores negativos
- La Administración consideró que mantener una postura “neutral” podría no ser suficiente para cumplir el objetivo de reintegrar la inflación a valores positivos.
- Se identificó una mayor probabilidad de que la inflación se ubicara por debajo de la proyección central debido a la baja en los precios internacionales y las expectativas actuales.
No obstante, el presidente del BCCR, Róger Madrigal, no compartió dicha recomendación y se inclinó por realizar una pausa en el ciclo de bajadas al mantenerla en un 3,25%
Madrigal señaló que, desde el punto de vista monetario, no se observa una restricción que impida el crecimiento del país:
- El Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) mostró un crecimiento sólido del 4,7% a noviembre de 2025.
- El crédito al sector privado y la liquidez total seguían creciendo en términos reales (6,7% y 6,4% respectivamente).
- La inflación negativa registrada en 2025 no se debe a una demanda agregada débil, sino a factores ajenos a la política monetaria.
- La inflación de alimentos se situó en torno al 3%, lo cual está alineado con la meta central del Banco.
La próxima reunión será el 26 de marzo del 2026 y la decisión tendrá un contexto internacional muy diferente debido a los conflictos en el medio oriente que podrían cambiar algunos indicadores económicos.
Pablo González, economista de Mercado de Valores, aseguró que, aunque hay espacio para seguir bajando las tasas de interés, el Banco Central enfrenta riesgos inflacionarios y un entorno internacional adverso.
Por eso, anticipa que los ajustes serán moderados y espaciados, aludiendo a que las condiciones internacionales han empeorado y podrían traer choques de oferta que aumenten los precios de algunos productos.
La magnitud de ese choque sobre la inflación aún es incierta, pero sí apunta a que llevaría el crecimiento de la inflación a números positivos, aunque quizás apenas sean suficientes para subirla al rango meta.
“De manera muy preliminar puedo decir que, todavía no lo hemos sentido en los bolsillos, pero vendrán los ajustes de precios en una gran cantidad de bienes y servicios que van a acelerar la inflación”, aseguró Róger Madrigal la semana pasada ante la Asamblea Legislativa.
Una economía de dos velocidades
Para Vidal Villalobos, asesor de Grupo Financiero Prival, el margen de maniobra para recortar tasas es innegable, pero su impacto es desigual debido a la dualidad de la economía costarricense.
“Aunque la economía crece a tasas destacables, lo cierto es que ese crecimiento proviene fundamentalmente del régimen especial de zonas francas. El resto de la economía apenas crece por encima del 3%. Es en este último régimen donde se genera la mayoría del empleo y la mayoría de los impuestos del país. Muchos empresarios del régimen definitivo están siendo golpeados por el tipo de cambio, por lo que una rebaja en los costos de los créditos sería un aliciente”, aseguró.
Agregó que una rebaja de tasas de interés fomentaría el crédito en moneda local, favoreciendo a familias y empresas generando un estímulo al crecimiento económico.
Debido a que el impacto en la economía tiene un efecto de rezago, para este año el efecto sería marginal, pero ayudaría al crecimiento de los siguientes periodos.
Ahora bien, aunque baje las tasas, se ha observado que los ajustes más recientes de la TPM generan cambios marginales en las tasas de interés del mercado financiero, por lo que podríamos estar llegando a un escenario donde la reacción a más recortes quizás sea limitada; particularmente por las condiciones financieras e idiosincráticas de nuestro sistema financiero, entre ellos los márgenes bancarios, retornos esperados, condiciones crediticias, asimetría de la información y poder de mercado, entre otros motivos.
El nudo de la transmisión: ¿por qué el crédito no baja?
Víctor Umaña, economista de Incae, introduce una variable crítica al análisis: la reactivación del crédito no es una decisión unilateral del BCCR.
“Si los bancos comerciales no operan como canales eficientes de transmisión, la reducción de la TPM se convierte en un disparo al aire sin impacto real en el crecimiento de corto plazo”, dijo.

Los datos evidencian que no hay una transmisión perfecta entre los ajustes del Central y el mercado, ya que las tasas activas (las que cobran los intermediarios financieros por prestar dinero) no han caído con la misma magnitud que la TPM.
Para el sector productivo, la discusión ya ahora es de supervivencia. Víctor Pérez, presidente de Cadexco, denunció que los bancos no han abaratado lo suficiente sus créditos.
“El Banco Central bajó 275 puntos base la TPM, en el último año, pasando de 6% a 3,25%, sin embargo, la tasa básica pasiva únicamente ha caído 146 puntos base, pasando de 5,24% a 3,78% esto quiere decir que alrededor de la mitad de los ajustes se transmitieron hacia las tasas de los préstamos”, dijo Pérez.
Al analizar la tasa de política monetaria y compararla con la Tasa Activa Negociada (TAN) se evidencia un comportamiento incluso más marcado: la primera bajó 5,25 puntos porcentuales desde el 2023 y la otra 1,90 puntos porcentuales, hasta febrero de este año.
“Esta ineficiencia ha paralizado inversiones y contrataciones, aunado a otros factores que nos afectan como la competitividad, el tipo de cambio, la infraestructura y el talento humano”, aseguró Pérez.
Agregó que eso ha llevado a muchas empresas a frenar inversiones, expansión y contratación desde el 2022.
A este reclamo se une Sergio Capón, presidente de la Cámara de Industrias, quien subraya que el costo del financiamiento sigue siendo un obstáculo importante y se agrava por dos factores: una inflación negativa y una apreciación del colón que reduce la rentabilidad.
En la misma línea, Randall Murillo, director ejecutivo de la Cámara Costarricense de la Construcción, manifestó que aunque reconocen una tendencia a la baja en las tasas de interés en los últimos meses, estas aún se mantienen en niveles que continúan representando un desafío para la inversión y la expansión de operaciones.
“La reducción en las tasas de interés contribuiría a mejorar las condiciones para la inversión y la generación de empleo en el sector. No obstante, es importante señalar para que se traduzca en un impulso sostenido a la actividad constructiva, debe venir acompañado de otros elementos clave, como la agilización y simplificación de trámites; impulsar inversiones en infraestructura hidráulica a nivel nacional; seguridad jurídica y actualización de los planes reguladores”, acotó.
