Comprar casa suele sentirse como una carrera contra el momento “perfecto”. Cuando las tasas de interés bajan, surge la duda de si es ahora o si podrían caer más; cuando el dólar se mueve o el mercado inmobiliario se activa, aparece una nueva inquietud.
En lo que va del año, Costa Rica enfrenta un escenario particular: tasas relativamente estables, un tipo de cambio bajo y una oferta amplia de proyectos inmobiliarios. Pero incluso en un contexto que podría parecer favorable, la decisión de asumir una hipoteca depende de algo más que del comportamiento del mercado.
Tasas estables, pero no para confiarse
La gerente comercial de Davivienda Costa Rica, Cristina Alarcón, considera que el 2026 presenta una combinación de factores que no se veía desde hace varios años: un tipo de cambio bajo, tasas de interés con tendencia a la baja y una amplia oferta de proyectos de vivienda en distintas zonas del país.
“Tenemos un tipo de cambio bajo y tasas que han venido cediendo tanto en colones como en dólares. Es un entorno que estimula la decisión de inversión para quienes ya analizaron su presupuesto y cuentan con ingresos estables”, señala.
Josué Rodríguez, asesor financiero, coincide en que el contexto macroeconómico actual luce más tranquilo que en años anteriores.
Según indicó, la política monetaria “se mantiene en niveles relativamente bajos y la inflación ha estado contenida, incluso con registros negativos en algunos meses recientes”.
Esto contribuye a un entorno de tasas más estables y reduce la probabilidad de aumentos abruptos en el costo del crédito en el corto plazo. Aun así, advierte que ese panorama no convierte automáticamente al 2026 en el año ideal para comprar vivienda.
Por eso, puede ser un buen momento si la persona planea habitar la casa durante varios años, cuenta con una prima sólida (idealmente de al menos un 20%) y mantiene un fondo de emergencia incluso después de cubrir los gastos de formalización.
También es fundamental que la familia pueda sostener la cuota hipotecaria aunque las tasas aumenten algunos puntos porcentuales.
Por el contrario, recomienda esperar “si la compra depende exclusivamente de una tasa promocional temporal, si el ingreso es inestable o si la operación deja al hogar sin liquidez”.

La planificación importa más que el año
Desde la perspectiva del consumidor financiero, el momento adecuado para adquirir un crédito depende menos del contexto económico y más de la preparación individual.
Danilo Montero, director general de la Oficina del Consumidor Financiero (OCF), explica que ningún año es intrínsecamente bueno o malo para asumir un financiamiento.
Según indicó, lo determinante es el grado de planificación que haya hecho cada persona para alcanzar su objetivo.
“Incluso si las tasas de interés son bajas, una decisión de endeudamiento puede no ser recomendable si la situación económica personal es inestable o si existen factores externos que generan incertidumbre”, determina.
Montero también señala que el historial crediticio juega un papel central: una persona con un buen récord y una planificación clara puede encontrar oportunidades de financiamiento en distintos momentos del ciclo económico, mientras que un perfil crediticio deteriorado limita las opciones disponibles.
Además, en el mercado hipotecario actual es común encontrar créditos con una tasa fija durante los primeros años y luego un esquema variable. Esto significa que la cuota que el cliente ve al inicio del crédito podría cambiar con el tiempo.
Rodríguez explica que, por ejemplo, un préstamo con una tasa fija de 9% durante los primeros cuatro años puede parecer manejable al inicio, pero si después pasa a un esquema variable y la tasa sube tres o cuatro puntos, el pago mensual podría aumentar de forma considerable.
Por eso, insiste en que la decisión no debería basarse únicamente en la tasa inicial más baja; "la vivienda debe comprarse solo si la persona puede sostener la cuota incluso en escenarios menos favorables".
El perfil financiero ideal
El asesor financiero considera saludable para el bolsillo que las deudas totales de un hogar no superen entre el 35% y el 40% del ingreso neto mensual, mientras que la cuota hipotecaria idealmente debería ubicarse entre el 25% y el 30%.
Por ejemplo, una familia con ingresos netos de ¢1,5 millones mensuales podría asumir una cuota hipotecaria cercana a ¢375.000 o ¢450.000. Si para alcanzar la vivienda deseada necesita pagar alrededor de ¢600.000, el hogar podría comprometer su estabilidad financiera.
“Uno de los errores más frecuentes ocurre cuando las personas acumulan pequeños créditos antes de solicitar un financiamiento hipotecario, lo que reduce su liquidez y puede afectar su capacidad de pago o incluso la aprobación del préstamo”, comentó, por su parte, Jorge Fernández, subgerente comercial a. i. de la Mutual Cartago de Ahorro y Préstamo (Mucap).
Una referencia útil para determinar si la capacidad de compra es la adecuada es partir del monto que actualmente se paga de alquiler y analizar cuánto más podría destinarse sin poner en riesgo las finanzas del hogar.
Para quienes planifican su compra, mantienen finanzas ordenadas y pueden sostener la cuota en distintos escenarios, este año podría representar una oportunidad. Para otros, fortalecer primero su situación financiera podría ser la decisión más prudente antes de dar el paso hacia la casa propia.
