El 23 de julio, la Junta Directiva del Banco Central de Costa Rica (BCCR) acordó reducir la Tasa de Política Monetaria (TPM) en 25 puntos base, hasta ubicarla en 3,00%.
Aunque la decisión fue respaldada de forma unánime por las señales internas de desaceleración económica, el tono de Jorge Guardia, directivo, contrastó con la cautela expresada por el resto de la Junta Directiva y el presidente del Central, Róger Madrigal.
Guardia destacó que parte importante de tener una postura monetaria flexible es poder hacer frente al debilitamiento de la producción y el mercado laboral. Además, planteó que la coyuntura interna tiene actualmente mayor peso que los choques externos para justificar la reducción de la tasa de referencia.
Producción y empleo se quedan atrás
En un documento anexo al acta de la sesión extraordinaria celebrada el 23 de julio, el directivo recordó que el artículo 2 de la Ley Orgánica del BCCR establece el deber primario de mantener una inflación baja y estable, pero también señala de forma subsidiaria la responsabilidad de evitar que los factores de la producción se rezaguen.
En este sentido, reconoció que la política monetaria de la institución fue altamente exitosa para controlar la inflación tras la pandemia, pero advirtió que no se han obtenido los mismos resultados en el campo de la producción y el empleo.
“La batalla contra la inflación se ganó holgadamente desde hace más de tres años, pero la producción, el desempleo y los salarios no han salido tan bien librados últimamente. Con una inflación baja o negativa y un tipo de cambio que hemos visto descender aceleradamente, pienso que se puede hacer más por los factores de la producción”, detalló el economista.
Su diagnóstico se sustenta en varios indicadores macroeconómicos que muestran una pérdida de dinamismo. Entre ellos, destacó que el Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) perdió fuerza expansiva y que la producción en los regímenes especial y definitivo muestra una desaceleración.
Además, señaló que las perspectivas de crecimiento real se ajustaron a la baja, pues pasaron de un 4,2% en 2025 a un 3,5% para 2026 y los próximos años.
A esto se suma una disminución en la fuerza laboral y una tasa de crecimiento del crédito que también decreció.
El tratamiento de los choques externos
Uno de los ejes centrales de la argumentación de Guardia gira en torno a cómo el ente emisor debe manejar la inflación importada, particularmente frente a las tensiones geopolíticas en Medio Oriente y su impacto en el precio de los hidrocarburos.
Para el directivo, en una economía pequeña, abierta y que es importadora neta de combustibles, combatir un choque externo de oferta subiendo las tasas de interés es una medida que golpearía de manera directa la producción y el empleo.
Guardia enfatizó que, si el aumento del Índice de Precios al Consumidor (IPC) no es causado por políticas expansivas del propio Banco Central, la institución no debería endurecer su postura monetaria.
En su lugar, recomendó centrar el análisis en el índice subyacente de inflación, el cual excluye los productos volátiles y los combustibles.
Ahora bien, los datos presentados por la División Económica confirman que el promedio de los indicadores de inflación subyacente se mantuvo en torno al 0% durante los últimos cinco meses.
Posición de la Junta Directiva
Mientras Guardia sugirió desestimar el impacto de las presiones importadas en la tasa de referencia para priorizar el crecimiento durante la sesión del 23 de julio, el presidente de la entidad y otros directivos como Silvia Charpentier recalcaron que los riesgos inflacionarios externos siguen latentes y no son triviales.
De hecho, advirtieron que la volatilidad de los combustibles y, muy especialmente, los efectos climáticos del fenómeno de El Niño sobre los precios agrícolas y la generación térmica de electricidad, todavía podrían materializarse como choques inflacionarios.
Por esta razón, el acuerdo oficial del ente emisor catalogó la rebaja de 25 puntos base como un ajuste “prudente” que mantiene la postura monetaria cerca de los márgenes de la neutralidad.
La Junta enfatizó que este no es un relajamiento agresivo, sino un movimiento cauteloso para mantenerse vigilante ante la alta incertidumbre global en caso de verse obligados a intervenir oportunamente, si los riesgos se concretan.
