Crear un ahorro para la universidad inmediatamente tras el nacimiento de un hijo no es una práctica exclusiva de países donde la educación superior es privada en su totalidad.
Aunque Costa Rica cuenta con centros universitarios públicos y recursos para becas con alta cobertura porcentual de la carrera, empezar un fondo destinado a esa etapa de la vida no es, ni por asomo, una mala idea si se quiere garantizar mayor tranquilidad cuando llegue el momento e, incluso, estudiar fuera del país.
Eso sí, debe tomar en cuenta que este tipo de ahorro es diferente al que se haría, por ejemplo, para comprar un bien inmueble; por eso, conversamos con bancos, puestos de bolsa y asesores financieros que detallan cuáles son las alternativas que tiene a su disposición.
El principal activo es el tiempo
Por lo general, una persona en Costa Rica comienza la universidad a los 17 o 18 años, lo cual las entidades califican como un horizonte de largo plazo. Este elemento es, para los consultados, el principal activo que los padres tienen para empezar a crecer el capital.
Antes de decidir si el dinero irá a una cuenta de ahorro, un fondo de inversión u otro instrumento, la familia debe responder qué desea financiar: una universidad pública, privada, estudios fuera del país, alojamiento, transporte, alimentación, computadora, libros o una combinación de estos gastos.
Josué Rodríguez, asesor y director de Sirú Financiero, recomienda calcular cuánto se quiere tener disponible en el futuro a partir de cinco variables: el tipo de universidad, el costo actual, el posible aumento de los costos educativos, los años que faltan y el rendimiento esperado después de gastos y comisiones. Solo después se debería traducir esa meta en un aporte mensual.
También es importante definir cuántos años de estudio se pretenden cubrir, si se incluirá vivienda y manutención, y proyectar esos costos con inflación.
La diferencia puede ser considerable: en una universidad pública, la matrícula suele ser más accesible, pero eso no significa que estudiar sea gratuito. El transporte, la alimentación, materiales, computadora, alojamiento y otros gastos de manutención pueden representar una parte relevante del presupuesto.
En el caso de una institución privada, el fondo debe considerar años completos de colegiatura; mientras que estudiar en el extranjero eleva sustancialmente el monto y añade el riesgo cambiario.
“En Estados Unidos, por ejemplo, College Board estimó para 2025-2026 presupuestos anuales promedio cercanos a $50,920 para una universidad pública de cuatro años para estudiantes de fuera del estado y $65,470 para instituciones privadas sin fines de lucro. Son promedios, no presupuestos específicos para un estudiante costarricense, pero permiten dimensionar el orden de magnitud”, comenta Rodríguez.
Otro elemento a tener presente es quién tendrá la tutela sobre el dinero. A nombre del hijo o de los padres tiene consecuencias distintas: si está a nombre del menor, el dinero le pertenece jurídicamente y, al cumplir 18 años, podrá disponer de él. Si está a nombre de los padres, estos mantienen el control, aunque deben proteger el fondo de imprevistos familiares o de usarlo para otras urgencias.
En la práctica, una opción es mantener la inversión a nombre de los padres, sobre todo porque la mayoría de fondos de inversión solicitan que la persona sea mayor de edad, pero con una cuenta o fondo claramente identificado y separado para educación.
También es aconsejable complementar esa planificación con un seguro de vida que ayude a proteger el objetivo si ocurre un evento que afecte a los progenitores.
¿Cuenta de ahorro, fondo de inversión o fideicomiso?
Decidir entre empezar este proyecto por medio de una cuenta de ahorro, fondo de inversión o fideicomiso es un paso que definirá la estrategia de las siguientes casi dos décadas.
Tanto los asesores como los bancos coinciden en un punto: no hay un instrumento mejor que los demás, pues se debe escoger según las particularidades financieras de cada familia.
No obstante, el fideicomiso es un medio bastante aconsejable para este objetivo, puesto que la mayoría de los bancos públicos y algunos privados lo tienen.
Un fideicomiso puede utilizarse para crear un patrimonio destinado a educación bajo condiciones definidas desde el inicio. Por ejemplo, los padres pueden establecer que los recursos se utilicen para matrícula, materias, libros, alojamiento u otros gastos; que el pago se haga directamente a la universidad; o que se liberen al cumplirse requisitos específicos.
Además, el patrimonio puede construirse no solo mediante aportes periódicos de dinero, sino también a través de activos que se incorporan al fideicomiso y generan rendimientos con el tiempo.
Es decir, puede aportar una propiedad para producir ingresos por alquiler, un fondo de inversión u otro activo productivo, de manera que los recursos generados se acumulen dentro del fideicomiso. Este a su vez sigue las pautas que sus propietarios hayan establecido.
Así, el crecimiento del patrimonio depende de los rendimientos de los activos aportados y de las condiciones establecidas en el contrato, sin que necesariamente la persona tenga que realizar depósitos mensuales de su propio dinero.
No obstante, tiene costos legales y administrativos, por lo que los asesores consultados aseguran que es preferible si se trata de un monto realmente elevado.
También permite prever escenarios distintos a la universidad tradicional: educación técnica, emprendimiento, compra de vivienda, traslado de recursos a otro hijo, devolución a los padres o entrega al beneficiario a una edad posterior.
La recomendación es diseñar un fondo que dé opciones, no uno basado en una única ruta. El hijo podría recibir una beca, estudiar en una institución pública, optar por formación técnica, estudiar en el extranjero o seguir un camino profesional diferente.
Por otro lado, una cuenta de ahorro ofrece liquidez, simplicidad y menor volatilidad. Asimismo, los depósitos en entidades están cubiertos por el Fondo de Garantía de Depósitos (FGD) hasta los ¢6 millones.
Sin embargo, para una meta que está a casi dos décadas de distancia, dejar todos los recursos en una cuenta tradicional puede limitar el crecimiento del patrimonio frente a la inflación.
Diego Benítez, asesor financiero, señala que las cuentas de ahorro tradicionales, en promedio, pagan menos de 2% anual. Por tanto, considera que dejar todo el dinero allí durante 17 o 18 años desaprovecha el horizonte disponible.
Sin embargo, la opción de aportes periódicos y automáticos en plazos fijos, como los quincenales o mensuales, permiten crear el hábito de ahorro.
Así lo afirma Laura Céspedes, gerente senior de Productos de Inversión y Depósito de DAVIbank. En su opinión, esto garantiza un mecanismo con mayor éxito para quienes desean ser consistentes en su decisión del fondo universitario.
Entre las principales ventajas de esta alternativa, destaca a las “tasas de interés atractivas, disponibilidad para personas físicas y jurídicas, en colones y dólares, posibilidad de depósitos extraordinarios, permite elegir la frecuencia y el monto de su ahorro”.

Los fondos de inversión, por su parte, pueden permitir una cartera más diversificada y aspirar a un mayor rendimiento, pero implican fluctuaciones, comisiones y no cuentan con la cobertura del FGD; se asume un mayor riesgo.
Ileana Atán, gerente general de BN Fondos ejemplifica cómo funcionaría un ahorro en esta herramienta de la siguiente manera: si una familia realiza aportes mensuales de ¢25.000, desde el nacimiento de su hijo, y mantiene esa disciplina durante 18 años, habría aportado aproximadamente ¢5,4 millones al finalizar el período.
Si, además, esos recursos obtuvieran una rentabilidad promedio anual del 4%, el capital acumulado podría alcanzar cerca de ¢8 millones al cabo de los 18 años.
“De igual forma, un aporte mensual de ¢50.000 representaría aportes acumulados cercanos a ¢10,8 millones y podría alcanzar un monto cercano a ¢16 millones bajo el mismo supuesto de rentabilidad”, comenta.
Cabe resaltar que este ejemplo no constituye una proyección ni una garantía de rendimientos futuros.
La recomendación es no tratar a las opciones como excluyentes pues, mientras el ahorro programado ayuda a crear el hábito y asegura aportes frecuentes, la inversión puede contribuir al crecimiento del patrimonio en plazos largos.
El fideicomiso, por su parte, resguarda ese ahorro o inversión para que el dinero sea utilizado en los objetivos concretos.
De hecho, de utilizarse más de una de estas opciones, la recomendación de los expertos es migrar con el tiempo hacia instrumentos más seguros.
“Entre tres y cinco años antes de la fecha, lo prudente es ir trasladando gradualmente los recursos hacia instrumentos más conservadores, como cuentas de inversión que pagan más que las cuentas tradicionales a la vista o Certificados de Depósito a Plazo (CDP), con vencimientos alineados al calendario de matrícula”, aconseja Benítez.
| Instrumento | Pros | Contras |
|---|---|---|
| Ahorro | Liquidez, simplicidad y posibilidad de programar aportes automáticos. Los depósitos tienen cobertura del FGD | Las cuentas tradicionales suelen ofrecer rendimientos bajos, lo que puede limitar el crecimiento del capital a largo plazo. |
| Fondo de inversión | Permite diversificar y buscar mayores rendimientos en un horizonte de largo plazo. | Tienen fluctuaciones, comisiones y no cuentan con la cobertura del FGD, por lo que implica mayor riesgo. |
| Fideicomiso | Puede separar y proteger el patrimonio para un objetivo específico, establecer condiciones de uso y aportar dinero o activos que generen rendimientos. | Tiene costos legales y administrativos, por lo que puede ser más conveniente para patrimonios elevados. |
