Recientemente, los despidos en empresas trasnacionales en Costa Rica movieron la realidad de cientos de costarricenses que se vieron en la necesidad de reorganizar sus finanzas para los próximos meses.
En casos como estos, para evitar malos ratos, la liquidación no debe asumirse como un ingreso extraordinario para gastar o cancelar de inmediato todas las deudas.
Su función principal es servir de puente entre el último salario y una nueva fuente de ingresos, por lo que la prioridad debe ser proteger la liquidez, ajustar el presupuesto y ganar tiempo para reorganizar las finanzas personales.
Cuando una persona pierde su empleo, el riesgo financiero más inmediato no es dejar de obtener rendimientos sobre sus ahorros, sino agotar el efectivo antes de conseguir un nuevo ingreso. Bajo esa lógica, la primera tarea es calcular cuánto tiempo puede sostenerse el hogar con los recursos disponibles.
Frente a esto, Josué Rodríguez, asesor de Sirú Financiero, recomienda calcular los “meses de maniobra”: dividir el dinero líquido disponible —incluida la liquidación y otros ahorros— entre el gasto mensual realmente necesario para vivir. El resultado permite estimar cuánto tiempo podría cubrirse el presupuesto sin recibir salario.
“Hay que ver la liquidación como un puente entre el último salario y el próximo ingreso, no como dinero extraordinario disponible para gastar”, señala Rodríguez.
Haga un presupuesto de emergencia
El primer paso consiste en reemplazar temporalmente el presupuesto habitual por uno de emergencia. La recomendación de los expertos es separar los gastos en tres grupos:
- Gastos indispensables como vivienda, alimentación, servicios básicos, salud y transporte.
- Compromisos financieros, incluyendo las cuotas mínimas de créditos y tarjetas.
- Gastos que pueden reducirse, aplazarse o eliminarse mientras se recupera la fuente de ingresos.
La planificación no debe limitarse al mes siguiente: Rodríguez plantea revisar las obligaciones previsibles de los próximos 12 meses, entre ellas seguros, marchamo, gastos escolares, mantenimiento de vehículos o vivienda y otros pagos periódicos.
La meta no es conservar exactamente el mismo nivel de consumo que se tenía con salario, sino preservar la calidad de vida esencial de la familia y ampliar el margen de decisión.
Diego Benítez, también asesor financiero, coincide en la necesidad de mantener actualizado el presupuesto, especialmente cuando ocurre un despido.
Además de identificar compromisos y gastos, propone elaborar escenarios de desempleo continuo de cuatro, ocho y 12 meses, con acciones definidas para cada caso: qué pagos se priorizarán y cuáles consumos podrían disminuirse o eliminarse.
También recomienda revisar las condiciones de las deudas, ya que algunos créditos pueden incluir seguros de desempleo, aunque es necesario verificar requisitos como la vigencia de la cobertura y si aplica únicamente en casos de despido con responsabilidad patronal.
“Buscar ingresos parciales o temporales también puede reducir la dependencia total a la liquidación y los ahorros, lo que ayuda a extender su duración”, comenta.

¿Qué pasa si soy parte de una asociación solidarista?
Para las personas afiliadas a una asociación solidarista, es importante diferenciar entre la liquidación laboral y los fondos acumulados dentro de la asociación.
En caso de despido sin justa causa, la persona afiliada tiene derecho a recibir sus ahorros personales, el aporte patronal acumulado y los rendimientos correspondientes.
Si el aporte patronal acumulado resulta menor que el monto de cesantía que legalmente corresponde, el patrono debe cubrir la diferencia. Si el aporte es superior, el trabajador recibe la totalidad de ese aporte.
Benítez explicó que, en empresas con asociación solidarista o convenios de administración de cesantía, el patrono deposita mensualmente un porcentaje vinculado a cada trabajador.
Al salir de la empresa, la persona puede retirar los aportes patronales, sus ahorros y los excedentes generados, descontando las deudas pendientes.
Esos recursos se entregan independientemente de si la salida fue con o sin responsabilidad patronal y no están sujetos al límite de ocho años aplicable al cálculo legal de cesantía.
Antes de tomar decisiones al respecto, Rodríguez aconseja solicitar un estado de cuenta detallado para separar claramente cuánto corresponde a ahorro personal, aporte patronal, rendimientos y obligaciones pendientes.
En particular, advierte que, “si existen préstamos con la asociación, estos pueden compensarse contra el ahorro personal del asociado. Sin embargo, el aporte patronal destinado a cesantía tiene una naturaleza distinta y no debería utilizarse para cancelar esas deudas”.
Por su parte, Benítez recordó que una parte de la cesantía se traslada mensualmente a la operadora de pensiones complementarias elegida por la persona trabajadora, como parte del Fondo de Capitalización Laboral (FCL), que también puede retirarse al finalizar la relación laboral.
Ahora bien, uno de los errores más frecuentes es usar toda o casi toda la liquidación para salir de deudas y quedarse sin efectivo para enfrentar los meses posteriores al despido.
La recomendación de Rodríguez es proteger primero los meses de maniobra y, después, evaluar las deudas según su costo; las obligaciones con tasas altas, como tarjetas de crédito u otros financiamientos costosos, pueden justificar una cancelación o amortización acelerada.
Sin embargo, no conviene pagar automáticamente una deuda de largo plazo si eso deja a la familia sin recursos suficientes para cubrir gastos básicos durante varios meses.
La decisión debe tomar en cuenta dos preguntas: cuánto interés se ahorra al cancelar una obligación y cuánta liquidez queda después de hacerlo.
En algunos casos, pagar una deuda puede ser útil si reduce de forma relevante la cuota mensual y extiende el período durante el cual el hogar puede sostenerse sin salario.
Benítez, por su parte, sugiere continuar el pago de las cuotas mensuales y evitar aportes extraordinarios mientras la persona esté desempleada.
¿Debería crear un ahorro?
Durante un período de desempleo, el orden de prioridades cambia: primero está la disponibilidad inmediata del dinero y luego la rentabilidad.
Rodríguez recomienda mantener los recursos que probablemente se necesitarán en los siguientes meses en una cuenta distinta a la utilizada para gastos cotidianos, que tenga alta liquidez, bajo riesgo y, preferiblemente, esté denominada en la misma moneda en que se realizan la mayoría de los gastos del hogar.
Una parte que no se vaya a requerir de inmediato podría colocarse, a manera de ahorro, en instrumentos de corto plazo, como certificados con vencimientos escalonados a 30, 60 o 90 días.
No obstante, Rodríguez considera que no debe inmovilizarse una proporción importante de la liquidación solo para obtener algunos puntos adicionales de rendimiento.
De hecho, la recomendación es evitar inversiones volátiles con los recursos destinados a afrontar el desempleo. El fondo de emergencia cumple una función diferente a la de un portafolio de inversión: debe estar disponible para cubrir necesidades, no expuesto a fluctuaciones que puedan afectar su valor cuando más se requiere.
Benítez plantea una combinación entre cuentas a la vista e instrumentos a plazo, según el monto recibido y las necesidades identificadas en el presupuesto, pero recomienda que esos plazos no superen seis meses.
En Costa Rica, Rodríguez destacó que conviene verificar que la entidad financiera esté supervisada y confirmar si los depósitos están cubiertos por el Fondo de Garantía de Depósitos (FGD).
Dicha cobertura llega hasta ¢6 millones por persona y por entidad contribuyente para depósitos cubiertos, bajo las condiciones de la Ley 9816.
Un despido ya introduce incertidumbre sobre el futuro laboral y familiar. Por eso, la estrategia financiera no debería aumentar la presión al dejar a la persona sin recursos líquidos, sino devolverle margen de maniobra para tomar decisiones con mayor calma mientras encuentra una nueva fuente de ingresos.
