La economía costarricense está perdiendo tracción a un ritmo mayor del que anticipaban los modelos de la autoridad monetaria. Durante la sesión ordinaria 6329-2026 de la Junta Directiva del Banco Central de Costa Rica (BCCR), celebrada el 1 de julio anterior, el equipo técnico de la institución reveló que la actividad productiva nacional muestra señales claras de enfriamiento estructural, arrastrada por un menor dinamismo en los regímenes especiales (zonas francas) y una marcada cautela en la inversión empresarial privada.
Un PIB por debajo de las expectativas
La primera evidencia del bache económico quedó plasmada en la revisión de las cifras consolidadas de la producción para el arranque del año. El crecimiento real del país no logró alcanzar el optimismo con el que el Banco Central había formulado sus previsiones en el Reporte de Política Monetaria previo.
Al respecto, Henry Vargas Campos, director de la División Análisis de Datos y Estadísticas del BCCR, detalló ante los directores el desfase detectado:
“Recordemos que en el Informe de Política Monetaria siempre damos como un adelanto de cuál es el crecimiento que esperamos para el trimestre que recientemente terminó, para el caso particular del informe vigente era en abril, entonces, adelantamos el dato de los primeros tres meses de 2026. En esa ocasión habíamos estimado 4,5, ya con la información más completa y revisada, estamos estimando un 4,1%”.
El análisis técnico de la entidad confirma que este menor ritmo no es un fenómeno abstracto, sino el resultado directo del agotamiento de dos de los principales motores económicos del periodo pospandemia: el comercio exterior de alta tecnología y la compra de bienes de capital por parte del sector corporativo local.
Según explicó Vargas Campos en la sesión, la pérdida de velocidad es evidente tanto en la comparación inmediata como en la interanual.
“(...) la economía refleja una desaceleración, particularmente si lo vemos con respecto al cuarto trimestre del 2025 o si lo comparamos con el primer trimestre del 2025, en ambos casos se nota alguna desaceleración que está determinada primordialmente por la moderación en las exportaciones del régimen especial. Y a nivel de la demanda interna, por una desaceleración en la inversión en maquinaria y equipo (...)”.

Alerta en el régimen definitivo: Manufactura y Agro al 1%
La mayor preocupación para el mediano plazo radica en el comportamiento del Indicador Mensual de Actividad Económica (IMAE) bajo su serie desestacionalizada. Este indicador, utilizado por los economistas como una “luz de corto alcance” para identificar giros de tendencia antes de que se consoliden, encendió alertas amarillas al registrar una variación de apenas el 1% en el mes de abril.
Los técnicos del Banco Central reconocieron de forma explícita que los datos están sugiriendo un escenario más retador que el plasmado en sus metas macroeconómicas vigentes, afectando primordialmente al tejido empresarial tradicional:
“(...) haciendo uso de esta serie... tal vez, estamos en presencia de una mayor desaceleración de la actividad de lo que nosotros habíamos previsto en la programación macroeconómica. Si vemos la variación de este indicador en abril la tasa es de un 1% y cuando vemos por actividad económica (...) básicamente, estaría explicado por dos actividades que son, la manufactura y la actividad agropecuaria”.
A pesar de que el consumo final de los hogares registró una aceleración que sirvió como contrapeso temporal para sostener el indicador general, la jefatura técnica del BCCR concluyó que será necesario esperar a los datos de mayo y junio para emitir un diagnóstico contundente sobre la gravedad de esta tendencia a la baja.
