Históricamente, Banco Central de Costa Rica (BCCR) ha mantenido una política de hierro sobre sus reservas internacionales que prioriza la preservación del capital como instrumento de respaldo.
Sin embargo, los altos niveles de acumulación de divisas en meses recientes hicieron que la Junta Directiva de la institución abriera la puerta a una nueva discusión: aumentar la tolerancia al riesgo para buscar mejores rendimientos.
Este año las Reservas Internacionales Netas (RIN) del país alcanzan los $20.000 millones, su máximo histórico (en 2022 eran solo $6.827 millones).
Para poner dicho monto en perspectiva, la autoridad monetaria utiliza un indicador de seguimiento que define el nivel “adecuado” de reservas a largo plazo dentro de un rango de entre 100% y 150%. Para inicios de junio, este indicador se ubicó en un 174%.
Ese porcentaje es una relación matemática entre el nivel actual promedio de las reservas y lo que internacionalmente se considera un “nivel adecuado”, con base en una metodología recomendada por el Fondo Monetario Internacional (FMI) para economías que tienen un régimen cambiario de flotación administrada, como el que tiene Costa Rica.
La discusión
Ante la notoria abundancia de reservas, la Junta planteó durante la sesión del 10 de junio la posibilidad de buscar un mejor rendimiento en el “remanente”.
Según consta en el acta pública, los miembros manifestaron que, una vez garantizado un blindaje superior a los $17.000 o $18.000 millones, ese margen adicional podría colocarse en unos activos de mayor potencial.
Actualmente, el portafolio del Central es bastante conservador, pues está fuertemente concentrado en instrumentos de renta fija a corto plazo, así como en inversiones en gobiernos soberanos o entidades con calificaciones crediticias de primer nivel.
El presidente del Banco, Róger Madrigal, explicó durante dicha reunión que algunas autoridades monetarias “han cambiado las tenencias de reserva y utilizado por otros activos”.
Uno de ellos es el oro, el cual, mencionó, algunos bancos centrales lo empezaron a incorporar como activo de cobertura debido a que tiende a tener una correlación negativa con los Bonos del Tesoro de los Estados Unidos: cuando estos pierden valor o su interés se vuelve menos atractivo por factores como la inflación, el precio del oro tiende a subir.
No obstante, él mismo advirtió algunas contras. Por ejemplo, el activo no genera un rendimiento financiero directo, es difícil de justificar y su volatilidad podría generar pérdidas contables que deriven en un riesgo reputacional. “En la prensa van a decir que se robaron la plata (si el valor de los activos baja)”, advirtió Madrigal.
Además, apuntó hacia activos relacionados con empresas de inteligencia artificial, pues poseen valoraciones muy altas en el mercado.
Sugirió que, al tener un nivel tan alto de reservas, un banco central podría “darse el lujo” de invertir un porcentaje muy pequeño (1%, 2% o 3%) en este tipo de instrumentos.
Sin embargo, en lugar de tomar una decisión precipitada sobre la gestión de este millonario excedente, el órgano colegiado optó por la cautela analítica.
La Junta Directiva acordó por unanimidad encargar a la Administración del Banco Central —específicamente a la División Gestión de Activos y Pasivos en coordinación con la División Económica— la elaboración de un estudio técnico.
El objetivo de este documento será establecer la hoja de ruta para este posible cambio de paradigma para determinar lo siguiente:
- A partir de qué nivel específico de reservas resultaría procedente valorar estas nuevas clases de activos.
- Las implicaciones reales de esta decisión sobre el rendimiento esperado y el saldo de las reservas.
- El impacto que tendría en los principios fundamentales de la entidad: la preservación del capital, la liquidez y los límites de tolerancia al riesgo.
Ahora bien, Jorge Guardia, directivo de la institución, aseguró que la eventual decisión con base en este estudio va más allá del riesgo y tiene que ver con una discusión sobre el mercado cambiario.
“Eso también tiene que ver con la política que sigue el Banco Central en términos cambiarios...con la eventual definición o reestructuración, como quiera que se llame, de la política cambiaria, que ese es un tema que no vamos a discutir ahora, pero que en el futuro sí vamos a tener que entrarle”, comentó.
La abundancia de dólares que ha experimentado el país en los últimos tres años ha sido uno de los elementos que han permitido el crecimiento de las reservas, pues el Banco Central ha tomado una postura más agresiva de comprador en el Monex (donde se transa la divisa).
¿Es pertinente este apetito de riesgo?
Rodrigo Cubero, expresidente del BCCR, explicó que, si bien la función primordial de las reservas es hacer frente a choques económicos inesperados, el volumen actual justifica explorar nuevas opciones.
Recordó que para que el Fondo Monetario Internacional (FMI) clasifique estos recursos como verdaderas reservas internacionales, exige que se mantengan en instrumentos de altísima liquidez y con una excelente calificación de deuda.
El objetivo de esa regla es evitar pérdidas de valor y garantizar que el dinero esté disponible rápidamente si el país lo necesita.
“Creo que el estudio es una buena idea. Me parece que con niveles tan altos de reservas es una buena idea que el Banco Central lo haga. Lo apoyo plenamente”, afirmó.
Por el contrario, José Francisco Pacheco, exviceministro de Hacienda, opinó que el análisis debe responder primero a una interrogante fundamental: ¿para qué buscar mayor rentabilidad si el país ya cuenta con un blindaje históricamente alto?
No obstante, reconoció que existiría una justificación técnica si se concluye que el portafolio actual es excesivamente conservador y, como consecuencia, genera una tasa demasiado baja.
En ese escenario, el estudio que ordenó el Banco funcionaría como una especie de intermediario transaccional que le permita a la entidad conocer los movimientos del mercado y empatar sus rendimientos con el promedio que ya muestran otros bancos centrales.
“Ahora, si bien yo considero que sigue siendo medio riesgoso plantear un cambio de estrategia, en momentos en donde no sabemos si la guerra va o viene y si va a tener implicaciones en el mercado, se puede analizar para ver si al final termina siendo una buena salida”, añadió Pacheco.
Cabe recordar que la discusión no es un viraje inmediato hacia la toma de acciones al respecto, sino la apertura obligada de un debate sobre cómo gestionar una riqueza inédita.
El equilibrio entre la oportunidad de optimizar las ganancias de un blindaje, que ya supera los $20.000 millones, y la necesidad de esquivar la volatilidad de un entorno internacional altamente inestable, se apega a la rigurosidad del estudio técnico encargado y su conclusión.
