En 1977, el enfrentamiento entre Bobby Fischer y el programa de cómputo Greenblatt llamó la atención mundial. La noticia de que un ser humano y una máquina pusieran a prueba “su inteligencia” en un juego de ajedrez sorprendió a millones de personas dentro y fuera del ambiente del deporte.
Hoy, casi medio siglo después, este tipo de partidas se cuentan por millones cada día, mientras que los duelos “cara a cara” se limitan principalmente a los torneos oficiales.
Y no solo eso: El ajedrez en línea se ha transformado en una industria digital global que moviliza miles de millones de dólares. Impulsado por el streaming, los teléfonos móviles y la inteligencia artificial, este juego milenario mueve hoy una economía híbrida basada en suscripciones, educación en línea y patrocinios tecnológicos.

De hito a negocio
En 1997, la victoria de la supercomputadora Deep Blue sobre el campeón mundial Garry Kasparov fue el impulso necesario para que el ajedrez se transformara en un negocio.
Por esas fechas, los principales escenarios para jugar ajedrez en línea, como Internet Chess Club (ICC) o FICS, operaban con interfaces básicas (“espartanas”), atraían a comunidades pequeñas y especializadas, y su modelo de negocio se basaba en la venta de membresías.
Jugar por Internet era un complemento exótico a la vida en clubes físicos que había en cientos de ciudades; los grandes maestros seguían preparándose con libros, bases de datos en CD-ROM y programas instalados en una sola computadora.
Sin embargo, en los 2000, la expansión de la banda ancha y de los navegadores gráficos cambió el paisaje. Aparecieron plataformas más amigables, con tableros en el navegador, salas temáticas, rankings y los primeros torneos serios online.
Sin embargo, el punto de quiebre definitivo se produjo con la llegada del smartphone y la popularización de la inteligencia artificial para el análisis de partidas. Esta tecnología, que se intensificó durante el confinamiento por la pandemia, representó un impulso adicional para el ajedrez en línea.
Hoy, plataformas como Chess.com y Lichess concentran a decenas de millones de jugadores que llevan “el tablero en el bolsillo”, juegan partidas relámpago en una parada de bus (contra rivales de cualquier parte del mundo) y revisan sus errores en segundos con motores de élite.
Millones de jugadores y de dólares
El tamaño del fenómeno se entiende mejor cuando se mira en números. Chess.com, la plataforma líder, declara más de 256 millones de cuentas registradas a nivel mundial y reporta que, en un día típico, se juegan alrededor de 22 millones de partidas y hay más de 260.000 usuarios conectados simultáneamente.
Los datos de usuarios activos diarios y mensuales no se publican de forma sistemática por todos los actores, pero las cifras de tráfico y comunidad de sitios como Lichess o Chess24 permiten hablar con comodidad de decenas de millones de jugadores activos en línea cada mes.
En paralelo, el ajedrez dejó de ser solo un pasatiempo cultural para convertirse en una categoría de negocio monitoreada por consultoras. Un informe de Fortune Business Insights valora el mercado global del ajedrez —incluyendo tableros físicos, libros, torneos, plataformas online, cursos y merchandising— en unos $3.340 millones en el 2024, con una proyección de crecimiento hasta aproximadamente $7.640 millones en el 2032, equivalente a una tasa compuesta anual cercana al 11%.
Dentro de ese universo, el segmento específico de “instrucción y juego de ajedrez en línea” se estima en unos $210 millones en el 2024 y podría superar los $670–860 millones hacia principios de la próxima década, impulsado por suscripciones a plataformas, clases virtuales y herramientas de entrenamiento en la nube. Es decir, el ajedrez online ya no es solo marketing o engagement: es una línea de negocio propia, con métricas y proyecciones de crecimiento.

Monetizar una pasión milenaria
Detrás de ese salto cuantitativo hay un cambio cualitativo: el modelo de negocio del ajedrez se digitalizó. En los años noventa, la economía del juego giraba alrededor de la venta de software en CD‑ROM, libros impresos y membresías a servidores cerrados; hoy, el centro de gravedad está en la nube.
Los ingresos se agrupan en cuatro grandes renglones:
- Suscripciones premium: acceso a cursos estructurados, análisis con motores de máxima fuerza, estadísticas avanzadas y eliminación de publicidad.
- Publicidad digital: anuncios integrados en plataformas gratuitas y canales de streaming de ajedrez, especialmente en Twitch y YouTube.
- Educación y coaching online: academias virtuales, clases individuales, programas de entrenamiento y venta de contenido bajo demanda.
- Torneos y derechos de retransmisión: circuitos online e híbridos patrocinados por marcas tecnológicas, financieras y de consumo, con acuerdos comerciales por la transmisión de partidas, espacios de marca y contenidos asociados.
Además, el auge del streaming ha convertido al ajedrez en un producto audiovisual de consumo masivo: torneos de élite como el Candidatos de la FIDE, el Tata Steel Chess o el Norway Chess, con comentarios en directo, barras de evaluación del motor visibles para el público y chats en vivo con decenas de miles de espectadores simultáneos.
En este nuevo entorno, la figura del gran maestro o maestro internacional se complementa con la del “creador de contenido”, un rol que genera patrocinios, membresías y donaciones adicionales para los jugadores más carismáticos.
Por ejemplo, Hikaru Nakamura, uno de los mejores jugadores del mundo, ha consolidado un imperio digital con millones de seguidores en Twitch y YouTube, generando ingresos significativos por patrocinios y donaciones. Otros, como Magnus Carlsen, aunque más enfocado en el juego de élite, también atraen audiencias masivas con sus transmisiones ocasionales y su participación en plataformas propias.
Si bien las cifras exactas varían, los top streamers de ajedrez suelen congregar decenas de miles de espectadores simultáneos en eventos clave y generar ingresos anuales que superan el millón de dólares, gracias a la combinación de suscripciones, publicidad y patrocinios de marcas de tecnología y finanzas.

Impacto en Costa Rica
Con tanto juego en línea, podría pensarse que los clubes físicos han quedado obsoletos. La realidad es más matizada. A nivel internacional, la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) reconoce que el crecimiento “sin precedentes” de la base de jugadores está impulsado en gran medida por plataformas digitales y torneos híbridos, pero eso se traduce en más demanda de torneos presenciales, escuelas y academias.
El club ya no es el principal lugar donde se juega, pero sigue siendo donde se construye comunidad, se forja talento y se organizan eventos con impacto económico local.
En Costa Rica, el ajedrez ha experimentado una transformación radical gracias al auge de las plataformas en línea y la inteligencia artificial, democratizando el acceso y elevando el nivel de juego en el país.
“Esta tendencia, que comenzó a gestarse antes de la pandemia, ha sido impulsada por la capacidad de análisis de las computadoras, que hoy son claramente superiores en su habilidad para procesar información y ofrecer retroalimentación detallada a los jugadores”, aseguró Luis Eduardo Quirós, presidente de la Federación Costarricense de Ajedrez (FCA).
Quirós confirmó que la inteligencia artificial ha revolucionado la forma en que los ajedrecistas aprenden y mejoran, ya que la computadora “puede analizar sus partidas, decirle sus puntos débiles, sus puntos fuertes y hasta generarle ejercicios para que mejore en áreas determinadas”.
El jerarca resaltó que la accesibilidad de las plataformas en línea ha permitido que cualquier chico pueda sentarse frente a su computadora o el teléfono y jugar ajedrez, lo que ha democratizado el aprendizaje. “Los niños pueden aprender a jugar sin necesidad de un profesor, y el conocimiento, que antes residía en el entrenador, ahora anda por todos lados”, destacó.

Para Quirós, esa democratización mediante el ajedrez en línea no solo ha mejorado el nivel de juego en Costa Rica, sino que también ha creado una comunidad activa y apasionada; y se ha traducido en un aumento significativo de jugadores en el país.
De acuerdo con el jerarca, la Federación cuenta con cerca de 700 jugadores activos y, todos los meses, el ente y diferentes asociaciones organizan torneos presenciales o en línea con alta participación. Estos torneos, afirma, se nutren de un “semillero” de nuevas generaciones que descubren el juego en aplicaciones y plataformas tecnológicas.
“El ajedrez es de los deportes que más han crecido en los juegos estudiantiles; eso habla del atractivo que resulta para muchos escolares y colegiales que han aprendido por su cuenta, mediante las aplicaciones. Hemos llegado a lugares donde se inscriben jugadores que nunca han jugado una partida presencial”, aseguró Quirós.
Aunque la Federación no organiza muchos eventos en línea, la comunidad ajedrecística costarricense se mantiene activa a través de torneos organizados por entrenadores y asociaciones en plataformas como Chess.com.
Por último, Quirós aseguró que, si bien a nivel global las plataformas o apps de ajedrez en línea han encontrado un modelo de negocio exitoso a través de suscripciones y tutorías, en Costa Rica todavía no han surgido iniciativas similares basadas en este deporte. “Cuesta mucho que surjan, porque es muy difícil luchar en ese mercado global y competitivo”, añadió.
En cuanto a la presencia de influencers o streamers de ajedrez en el país, el único costarricense que se dedica a la producción de contenido es el maestro internacional Sebastián Mihajlov, un joven de origen noruego conocido por el seudónimo CaptainCasanova.
