La estructura del gasto en los hogares costarricenses atraviesa una metamorfosis silenciosa pero profunda. La disminución en las tasas de natalidad, sumada al auge de los hogares unipersonales y las familias multiespecie, ha reconfigurado las prioridades financieras de los ticos.
Hoy, el bienestar animal ha dejado de ser un gasto accesorio para convertirse en una prioridad financiera y emocional, consolidando al pet health como un robusto ecosistema de medicina preventiva, especialidades de alta complejidad y tratamientos de última generación.
Con el aumento en la tenencia de mascotas y una mayor capacidad adquisitiva de ciertos sectores, los animales de compañía han pasado a ser miembros fundamentales de la familia, lo que ha consolidado el concepto de pet health como un mercado premium en constante expansión.
Según la Encuesta Nacional de Hogares (Enaho 2024), el 62,2% de los hogares del país cuentan con al menos un perro o gato, sumando una población estimada de 1,78 millones de perros y casi un millón de gatos. Esta realidad demográfica ha impulsado una industria que, a nivel global, supera los $289.000 millones y que en Costa Rica está transitando aceleradamente de un modelo de pequeñas clínicas de barrio a uno de salud privada altamente profesionalizado.

Evolución veterinaria
Esta transformación en la demanda ha permitido que algunas clínicas evolucionen hacia hospitales de alta complejidad con servicios 24/7 y equipados con tecnología como tomógrafos, resonadores magnéticos y aceleradores lineales.
Sobre este desarrollo profesional, Silvia Coto, presidenta del Colegio de Profesionales en Medicina Veterinaria de Costa Rica, explica que, aunque el perfil del médico nacional suele ser generalista, la especialización en el extranjero y la incorporación de tecnologías avanzadas han abierto un abanico de opciones.
“En la atención de animales de compañía, existen profesionales que tienen áreas de énfasis en las que se han especializado, gracias a posgrados en el extranjero o programas de formación continua; áreas como neurología, ortopedia, dermatología y oftalmología que han venido a ampliar y mejorar el servicio que se ofrece en el país”, señala Coto.
“Hoy, muchos de los hospitales veterinarios de pequeñas especies cuentan con equipamiento diferente, áreas de emergencias, unidades de cuidado crítico, cuidado paliativo y hasta áreas para neonatos; además de tecnología para imágenes diagnósticas como ultrasonido y rayos X, entre otras”, agrega la jerarca.

El mercado ha diversificado su oferta hacia nichos de alta especialización. Un ejemplo de esta evolución es Fisiovet, una clínica pionera en fisioterapia y rehabilitación fundada en el 2012 por la doctora Michelle Saravia Hernández, quien obtuvo su especialidad en Estados Unidos.
“Al inicio comenzamos brindando fisioterapia y rehabilitación, pero la gente no conocía mucho y eran muy pocos los clientes que se atendían”, recuerda Saravia. Sin embargo, la especialista asegura que el panorama cambió drásticamente, registrando un pico de demanda durante la pandemia de covid-19, cuando los tutores, al pasar más tiempo en casa, comenzaron a prestar mayor atención a las dolencias de sus mascotas.
Hoy, Fisiovet pasó de ser un emprendimiento unipersonal a un hospital que emplea a 36 personas, donde no solo se ofrece fisioterapia, sino también ortopedia y servicios de diagnóstico avanzado como tomografías.
“Estamos muy metidos en terapias alternativas, medicina regenerativa, plasma rico en plaquetas, medicina biorreguladora de sistemas, terapia neural, acupuntura y, obviamente, la fisioterapia. Manejamos un promedio de entre 120 y 130 citas por semana, además de mantener constantemente entre 20 y 25 perros internados en terapia intensiva”, afirma.

Del mismo modo, la medicina integrativa y holística —que abarca desde la acupuntura hasta la nutrición y cuidados paliativos— ha ganado terreno como una especialidad cotizada, donde el paciente es visto como un todo, no solo como sistemas aislados.
La doctora María José Pacheco, fundadora de Perrolístico, se dedica desde el 2019 exclusivamente a la acupuntura y la medicina alternativa.
Su enfoque es 100% integrativo y abarca desde terapia neural y medicina biorreguladora de sistemas hasta nutrición basada en comida casera y ozonoterapia preventiva.
“Este tipo de medicina no ve al paciente como órganos o sistemas por aparte, sino como un todo. Lo que buscamos es que el cuerpo, si todavía tiene la capacidad de regenerar, de solucionar su problema o enfermedad, le ayudemos a que él solito se repare”, explica Pacheco.
Aunque al principio enfrentó el reto de dar a conocer esta rama —incluso ante colegas poco afines a la especialidad—, hoy existe un grupo de médicos veterinarios integrativos en el país que responde a una demanda cada vez más alta para mascotas de todas las edades.

Dinamismo comercial
Pioneros como Fisiovet y Perrolístico han demostrado que el mercado costarricense está dispuesto a invertir en tratamientos equiparables a los humanos, desde cirugías de rodilla, hernias de disco y reemplazos articulares hasta neurocirugía y tratamiento oncológico.
Este auge no solo representa un dinamismo comercial, sino que ha elevado el nivel de exigencia. Los tutores actuales, informados y críticos, demandan una atención que centralice la salud de sus mascotas bajo un mismo estándar de calidad.
La pregunta clave en esta nueva economía es hasta dónde están dispuestos a llegar los tutores por la salud de sus mascotas. La respuesta de los especialistas es contundente: prácticamente no hay límites.
“Ahora tener una mascota implica más; ya no es el perro del patio, es un miembro más de la familia y las familias hoy están dispuestas a hacer lo que sea por ellos”, afirma la doctora Michelle Saravia.
En Fisiovet, ubicada en Curridabat, una consulta cuesta ¢30.000, mientras los tratamientos y cirugías pueden llegar a varios cientos de miles de colones. Aunque es un servicio premium, la respuesta del público es sumamente favorable. “He tenido clientes que son empleadas domésticas y hacen hasta lo imposible por su perro; la gente hace rifas, vende licor o busca opciones de canje publicitario para comprometerse con el tratamiento”, añade.
En el ámbito quirúrgico, los costos pueden ascender a millones de colones (la cirugía más barata ronda los ¢850.000). Aun así, el flujo de clientes no se detiene.

La confianza en la calidad de la medicina costarricense es tal que varias de las clínicas ubicadas en el Gran Área Metropolitana reciben pacientes de zonas alejadas como Guanacaste y Pérez Zeledón, e incluso existen tutores que viajan desde Estados Unidos para operar a sus mascotas en Costa Rica debido a que los costos en Norteamérica son sustancialmente mayores.
En el caso de la medicina alternativa, la doctora Pacheco explica que sus servicios se cobran bajo la tarifa de una especialidad debido a la alta inversión en conocimiento y certificaciones.
Aunque no es una consulta económica y requiere un manejo del tiempo más exigente (con citas semanales de hasta hora y media y programas de trabajo de dos meses), Pacheco asegura que el 98% de los clientes de primera vez deciden quedarse. “Es un perfil de cliente un poco diferente, más abierto a recibir algo más personalizado, a hacer un cambio de vida, y una vez que les explico el plan de trabajo y les monto un presupuesto, casi nunca tengo objeciones con respecto a la parte económica”, señala la directora de la clínica ubicada en Alajuela.
La inversión económica no solo se destina a curar, sino también a prevenir y acompañar en la etapa final de la vida. La medicina preventiva está creciendo con fuerza a través de cambios en la alimentación y terapias específicas. Por ejemplo, es habitual que los tutores de perros de razas propensas a problemas de columna (como los salchichas o los bulldog franceses) asistan a valoraciones ortopédicas desde los 4 o 6 meses de edad para realizar terapias preventivas y evitar futuras hernias de disco.
Asimismo, el fuerte vínculo emocional ha impulsado la demanda de cuidados paliativos y muerte digna, una especialidad en la que la doctora Pacheco cuenta con certificación. Este servicio ofrece un acompañamiento integral para pacientes geriátricos o con enfermedades terminales, permitiendo manejar el dolor y evaluar de forma tangible la calidad de vida del animal mediante escalas de puntuación.
“Mantener un perfil geriátrico demanda bastante tiempo, manejo y recursos económicos”, explica Pacheco. A pesar de que la eutanasia inmediata es una opción más rápida y económica, cada vez más tutores optan por los cuidados paliativos prolongados para evitar el dolor de la despedida y ofrecer una muerte natural y digna a sus compañeros.

Seguros y medicina prepagada
La sofisticación médica tiene un impacto directo en la factura final. Un tratamiento oncológico integral en Costa Rica —que combine diagnóstico por imagen, intervención quirúrgica con biopsia y múltiples sesiones de quimioterapia o radioterapia— puede representar un desembolso de entre $3.500 y $7.000 por paciente a lo largo de su tratamiento.
La alta factura de los tratamientos especializados ha impulsado el desarrollo de mecanismos de aseguramiento para mitigar el impacto en el bolsillo de las familias.
Según la firma de investigación de mercado Grand View Research, se espera que el mercado mundial de seguros para mascotas crezca al 17,5% anual entre el 2024 y 2030, impulsado por un dato contundente: las mascotas aseguradas generan en promedio un 92% más de ingresos para las clínicas que aquellas sin cobertura.
En el ámbito nacional, aseguradoras como el Instituto Nacional de Seguros (INS) y plataformas de medicina prepagada como MediSmart (con sus planes dedicados a mascotas) lideran la penetración de estos productos.
Los especialistas consultados coinciden en que la cultura del aseguramiento en salud animal previene el abandono o la eutanasia por motivos económicos, pues cuando una familia cuenta con un respaldo financiero o un plan prepagado, la decisión médica se toma según el criterio clínico y el bienestar del animal, no según la restricción inmediata del presupuesto.
