Adriana Gómez y Braulio Vázquez viajaron a Italia desde su natal Cartago y probaron el gelato, un postre de ingredientes frescos y naturales, de consumo diario en conos y copas. Ese fue el origen de una idea.
“Era casi desconocido en Costa Rica”, dice Braulio.
“Queríamos trasladar y expandir esa cultura aquí”, recalca Adriana.
Ella estudió gestión de empresas turísticas en el Colegio Universitario y en la Universidad Autónoma de Centro América (UACA). Él siguió administración de hoteles y restaurantes en la Universidad Latina.
Antes de graduarse, trabajando en el sector hotelero, Braulio conoció a un turista italiano que invitó a la pareja a su país. Aceptaron y viajaron en 2008 a conocer Europa aprovechando unos ahorros.
Seis meses después de regresar, investigaron y se dieron cuenta de que el helado convencional se basaba en ingredientes sintéticos para la producción masiva.
Además de la tarea de difundirlo, tenían otro reto: importar los ingredientes desde el Viejo Continente no era rentable.
La única oportunidad era atraer a los costarricenses que lo conocían y a quienes era posible recordar su experiencia cuando lo probaron a la par del Coliseo Romano.
Adriana se haría cargo del negocio, mientras él seguía trabajando en turismo hasta que las ventas posibilitaran su incorporación. Pero, ¿dónde encontrar un punto adecuado?

Apertura
En 2009, la administración de Plaza Domo, al costado sur de las Ruinas de Cartago, abrió un proceso para alquilar uno de sus locales.
Adriana y Braulio enviaron una propuesta y tres meses después recibieron una respuesta positiva. Ahora tenían el reto de inaugurar la primera tienda.
Con un distribuidor de maquinaria italiana ubicado en El Salvador adquirieron una pasteurizadora para la mezcla, una mantecadora para enfriar el producto y una vitrina. Le compraron también los insumos en polvo y Braulio recibió una capacitación en México.
En diciembre abrieron Dolce Gelato, su primera tienda. Aunque seguían las instrucciones, el resultado era diferente. No sabía igual. Tampoco tenía la misma frescura y no era rentable. Enfrentaron otros inconvenientes. Si algún insumo se agotaba, la producción quedaba paralizada.
En 2011 contactaron a la Gelato Natural Academy, ubicada en Grosseto, Toscana y fundada apenas en 2008. El problema era que no tenían dinero para matricularse los dos. Pero sabían que no hay peor gestión que la que no se hace.
Conversaron con el director y consiguieron que por la tarifa de una persona los aceptaran a los dos. Eran los primeros extranjeros en asistir a la Academia.
Allá aprendieron el cálculo y balanceo de las fórmulas, el uso de la maquinaria y los procesos de preparación. También visitaron talleres artesanales que mantenían un enfoque natural.
Se dieron cuenta de que existía una solución al problema de los insumos. Estaba al alcance de la mano: utilizar frutas de temporada, cacao y leche fresca producida en Costa Rica.
“Nos enfocamos en utilizar materias primas naturales y de calidad, así como técnicas y procesos tradicionales”, recalca Braulio.
Al regresar, hicieron los cambios necesarios pensando en ofrecer una experiencia de calidad. Dieron resultados.
Las ventas aumentaron y al año siguiente abrieron la segunda tienda en el centro comercial Paseo Metrópoli. Incluso Braulio se integró a tiempo completo.
Se les unió Rebeca, hermana de Adriana, que asumió tareas de administración e importación en su tiempo libre, pues trabaja en una empresa aparte.
En 2018 abrieron la tercera tienda en El Jardín de Lolita, en Barrio Escalante, que atrae clientes de los oficentros y otras empresas de los alrededores.
El nuevo punto exigió ampliar la oferta. Se introdujeron bebidas calientes (en especial café), repostería y crepas. No lo hicieron al azar. Adriana recibió capacitación internacional en pastelería artesanal y un año después Dolce Gelato estableció una planta de producción.
Para este momento tenían ocho colaboradores y las ventas seguían aumentando. Pronto todo cambió.


Retomando el crecimiento
El confinamiento por la pandemia obligó a reaccionar. La planilla y los alquileres (algunos propietarios ajustaron la mensualidad) exigían generar ingresos.
“No estábamos listos”, recuerda Adriana. “Nadie estaba listo. Tampoco teníamos Uber Eats. Pero las crepas con una bola de gelato tenían excelente demanda”.
En las tiendas y en la planta se establecieron rotaciones de personal y se organizaron para ventas a domicilio, con un desafío del tamaño de un iceberg: el traslado del helado.
Adriana atendía los pedidos que les llegaban por WhatsApp; Braulio realizaba las entregas en una motocicleta (tenía la licencia desde antes); y utilizaron recipientes especiales para conservar el producto durante el trayecto. Sin embargo, tenían una limitación.
No podían hacer recorridos superiores a los ocho kilómetros. En algunos lugares, como Quebradilla, tenían una excelente cliente, pero el sitio estaba en el límite del radio.
La tienda de Barrio Escalante permaneció cerrada durante los primeros meses. En agosto, las dos empleadas reabrieron y cada una cubría la mitad de la semana. Colocaban un papel con los sabores disponibles afuera del centro comercial y entregaban las compras a través del portón, que permanecía cerrado.
La reanudación de las actividades en los meses siguientes ocurrió a tiempo, cuando ya se habían agotado los ahorros generados por las reinversiones constantes, una práctica que siempre mantuvieron. Fue como volver a empezar el negocio.
La recuperación ocurrió con la ventaja de que el mercado crecía. La oferta era mayor con competidores como Gelatiamo, Gelateria Da Noi y Gelato 0039.
Fieles a su filosofía de ser cautelosos, se dieron su tiempo para definir los siguientes pasos, capacitándose para ampliar las opciones y atender nuevas necesidades, como las de las personas sensibles al gluten. En junio de 2026 inauguraron su cuarta tienda en Curridabat.
Al menos durante un año más, la tarea es consolidar el nuevo punto y su oferta, agregando opciones para veganos y para quienes buscan postres sin azúcar.
“Trabajamos bastante duro en posicionarla”, dice Adriana.
En noviembre próximo regresarán a Grosseto para recibir un reconocimiento por la divulgación del gelato natural a este lado del Atlántico.
“Este reconocimiento representa algo muy especial después de tantos años de trabajo y sacrificio”, dice Braulio.
Datos claves
Empresa: Dolce Gelato
Socios: Braulio Vásquez, Adriana y Rebeca Gómez.
Fundación: 2009
Ubicación: Cartago Centro, Paseo Metrópoli, Barrio Escalante y Curridabat.
Número de colaboradores: 22
Productos: gelato, cafetería (cappuccino, latte, americano, matcha), 15 tipos de repostería, batidos y 16 tipos de crepas.
Sabores de gelato: 60 sabores en total y de 24 a 28 según la temporada y en diferentes presentaciones (conos y copas de una a tres bolas de gelato).
Precios: desde ¢1.700 hasta ¢3.500 (copa grande de tres sabores).
