Andrea Pérez creció en una familia dedicada a los negocios, lo que fue un factor determinante en su decisión de emprender.
“Trabajé desde carajilla en vacaciones”, cuenta ella.
Su padre, Oscar Pérez, tenía una empresa de seguridad hasta la crisis financiera del año 2008. Ahora se dedica a la consultoría.
En esa época, terminada la secundaria, Andrea ingresó a la tienda Ruta Urbana, en Multiplaza, y aprendió de todo. En especial, sobre la consignación, donde los proveedores dejan sus productos y obtienen los ingresos cuando se venden.
Luego pasó a Red Bull, encargándose de activaciones, eventos corporativos, embajadores de marca (atletas y modelos) y comunidades. Otra escuela empresarial.
Por recomendación de excompañeros de trabajo la llamaron de A13, una importadora de bebidas, para encargarse del mercadeo de productos de aloe vera.
Tenía un excelente salario, pero le quedaba poco tiempo para llevar las materias de relaciones públicas en la Universidad Latina, adonde se trasladó luego de tres años en fisioterapia en la Ucimed.
En 2012, revisando la red social Pinterest, encontró publicaciones sobre pulseras tejidas con cuero. Las manualidades no le eran extrañas, pues su madre Alejandra Pineda se las enseñó desde niña. Era un pasatiempo.
Observó los videos, compró materiales y vendió 50 en dos días.
Aprovechó el ático de la casa en La Sabana, un espacio con paredes de madera y una pequeña ventana que se volvía un horno en verano, pues los ventiladores apenas se sentían.
Trabajaba hasta la madrugada, acompañándose a través del celular con una amiga, Carolina Gassel, quien estudiaba arquitectura y le diseñó el logo de Maracuyá.
Lo eligió tras observar que muchas empresas nacionales usaban nombres exóticos, que en joyería no existían otros similares y que la flor de maracuyá, de fácil vinculación con lo femenino, tiene llamativos colores.
Con otra amiga tomó fotos de los productos, las publicó en Facebook y el interés se disparó.
Renunció a A13, se registró en el régimen simplificado y en la Caja Costarricense del Seguro Social y amplió la producción con collares y otros materiales (vidrios, cristales y perlas).
Iba a mercaditos y ferias artesanales, aprovechaba el Día de la Madre y Navidad, y visitó tiendas de Escazú y San Pedro donde recibían sus productos en consignación. Vendía hasta ¢400.000 por mes.
Se dio cuenta de la diferencia con el mundo corporativo. “No era lo mío. No era lo que quería”, confiesa Andrea, cuya familia la empujó siempre a emprender y hasta le ayudó a empacar pedidos. “No imaginaba en ese momento que llegaría a ser empresaria”.
Producía, entregaba, vendía y manejaba redes sociales. Llegó al tope y tuvo que dar otros pasos.
Su novio Daniel Loría, quien estudió en Babson College —especializado en emprendedores y ubicado en Boston— y cofundador de Poke, le dio algunos tips de gestión. El principal reto a resolver era la fabricación. Fue cuando la pandemia se interpuso en 2020.
Decisiones claves
Todo el comercio cerró a partir de marzo de ese año. A Andrea le aconsejaron buscar trabajo en una empresa. Pero ella apostó fuerte.
Invirtió en sesiones fotográficas con sus primas y amigas como modelos, en paquetería exclusiva y en una nueva versión de la marca. El objetivo eran las ventas de fin de año.
Tuvo que recurrir a cajas de cartón craft, pues le retrasaron la entrega del material de empaque que contrató. Superó las expectativas. “Fue un megahit”, dice ella.
En enero de 2021, con las cajas que encargó y que al fin llegaron, obtuvo un segundo pico de ventas. Lo más importante fue el cambio de situación: ahora las boutiques la buscaban a ella.
Se trasladó de la casa familiar a un pequeño apartamento en Distrito 4, Escazú, donde utilizó una de las habitaciones como taller y showroom.
En redes sociales, las promociones, los videos y las stories se enfocaron en construir una comunidad inspirada en el empoderamiento femenino, la inclusión y la autoestima, así como en conectar con sus clientas más que en las ventas.
La empresa evolucionó hacia un concepto más robusto, el fortalecimiento de marca y del diseño propio e incluso la manufactura internacional.
Andrea le compraba piezas para los aretes a una orfebre venezolana. Convinieron en que ahora en Colombia y en Venezuela le confeccionara varios productos, mientras en Costa Rica dos muchachas hacían el resto.
En 2023, Maracuyá se trasladó a una bodega en Guachipelín, cerca del Blue Valley School. Al principio le ayudó una amiga, mientras Andrea realizaba su boda. Al regresar, contrató a su primera colaboradora.
Las clientas ordenaban en línea, llegaban a la bodega a recoger el pedido y compraban otros productos. Óscar construyó una pequeña sala de exhibición. Al mismo tiempo, las ventas aumentaban en puntos de venta.
Pronto Andrea vio que en Guachipelín las visitantes tenían que pasar entre camiones y contenedores de las otras bodegas que estaban en las mismas instalaciones.
Buscó otro sitio y encontró un espacio en el centro comercial Trejos Montealegre, en la entrada a Escazú. Carolina lo diseñó y lo inauguraron a finales de 2025.
“Este punto es muy bueno”, dice Andrea. “No trabajamos metales preciosos ni diamantes, pero si entras te llevas una y hasta cuatro piezas”.
Inició, a la vez, una reestructuración. Contrató un estudio para determinar los ingresos y los costos. Además, simplificó la oferta (tenía más de 500 unidades en stock) para optimizar el inventario y las ventas.
Junto con Daniel, que en muchas ocasiones también empacó pedidos, definió estándares de calidad.
“Mi sueño es lanzar la marca a nivel internacional”, dice Andrea.
Tal vez en el 2027. El objetivo es posicionarla y lograr el reconocimiento del diseño costarricense. Ya tuvo ofertas interesantes de Dubai y Nueva York.
Va con cautela, pues debe cuidar la capacidad productiva, construir la cadena de suministro con proveedores clave y tener una red de aliados estratégicos.
Antes, debe fortalecer este showroom en Trejos Montealegre.
Datos vitales
Empresa: Maracuyá
Fundadora: Andrea Pérez
Fundación: 2012 (como hobby)
Formalización: 2022
Colaboradores: 2
Colaboradores externos: 10 (por contrato) incluyendo agencia de publicidad, contabilidad, y página web.
Productos: joyería artesanal con significado
Segmento de mercado: mujeres entre 25 y 45 años de edad
Concepto: empoderamiento femenino
Categorías: pulseras, aretes, collares, anillos, brazaletes, charms (llaveros) y accesorios para cartera
Precios: $18 (ear cuff o accesorio para orejas) hasta $75 (collar)
Canales: redes sociales, página web, showroom en centro comercial Trejos Montealegre (Escazú) y 35 puntos (ventas por consignación en tiendas en San José, Nayara, Los Sueños, Papagayo, La Fortuna y otros)
