Cuando una persona debe usar un yeso, debido a una lesión musculoesquelética, enfrenta restricciones para bañarse de forma normal, para realizar alguna actividad que genere sudor o para meterse al mar.
Con el material convencional ocurren, además, molestias asociadas: irritación constante, malos olores e infecciones en la piel, pues acumula calor y humedad, que propician la proliferación de bacterias.
Matthias Peters, doctor y cofundador de la startup 3DArmour, observó esta situación en hospitales durante su práctica médica y cuestionó por qué la tecnología para inmovilización no evoluciona a pesar de las innovaciones en la tecnología médica (medtech, por sus siglas en inglés).
“Siempre me preguntaba cómo, con tantas ideas de innovación que salen en medicina, el yeso sigue siendo casi lo mismo”, dijo Matthias.
Él y su hermano Stephan desarrollaron, entonces, un dispositivo para la inmovilización de extremidades que cambió el diseño y el material, el cual es biocompatible con la piel humana y antialérgico. El proyecto ganó un premio del Incae y sus fundadores acaban de presentarlo en el Biohunt Summit 2026, realizado el 21 de abril en Miami, Florida.
Ahí dieron a conocer sus 15 productos, incluyendo una mascarilla para lesiones faciales que utilizan jugadores de equipos de la primera división de fútbol de Costa Rica, y generaron interés de posibles inversionistas y clientes de Estados Unidos.
“El problema es que, desde hace muchísimas décadas, los dispositivos siguen siendo los mismos”, agregó Stephan.
Las oportunidades son ilimitadas. La industria global de medtech aumentará desde los $500.000 millones de 2024 a los $808.000 millones proyectados para el 2035, impulsada por el envejecimiento de la población global, el incremento de accidentes y las enfermedades crónicas, entre otros, según Business Research Insights, una firma de inteligencia de mercado.

Con inspiración médica
El abuelo de Stephan y Matthias, Heike Peters, migró desde su natal Alemania a Costa Rica hace décadas. (Heike no tenía relación con la reconocida familia cafetalera.)
Matthias, director médico de 3DArmour, estudió medicina en la UACA. “Yo salí medio oveja negra con medicina. Todo el resto de la familia son prácticamente ingenieros”, dijo Matthias, quien realizó prácticas y trabajó en hospitales del Valle Central y de Guanacaste. Ahí vio los problemas que enfrentan las personas cuando tienen una situación musculoesquelética.
Stephan, que estudió ingeniería biomédica en Ulacit, trabajó en MicroPort Orthopedics, una empresa especializada en diseño 3D para cirugías, pero dejó su empleo hace tres años para dedicarse por completo al emprendimiento como su CEO, fundado como Fluid Young.
Su tarea inicial fue estructurar las áreas gerencial y productiva, ajustando toda la operación y los diseños a las regulaciones en la materia, obtener los permisos (INS, CCSS y municipales) e iniciar la venta de las piezas de inmovilización.
Matthias no esperó mucho para dedicarse de lleno al proyecto. Cuando la empresa apenas tenía un año, repasó con Stephan los avances obtenidos y regresó a Escazú —de dónde son oriundos y ubican la empresa— para sumarse a tiempo completo. Hace año y medio la firma estaba en plena producción.
Para su confección utilizan nylon (que es biocompatible, hipoalergénico y evita la acumulación de humedad y calor) y la impresión 3D, que en los últimos cuatro años tuvo un mayor desarrollo.
El primer paso para darse a conocer fue visitar a cirujanos ortopedistas, uno de los cuales —el doctor Christian Castro, de la Clínica Católica— fue el primero en recomendarlos en el país y en brindar retroalimentación a los hermanos Peters, a partir de los cuales generaron varios ajustes.
Los dispositivos actuales corresponden a la cuarta versión o generación (reiteración, como ellos la llaman) del producto, que surgieron al identificar más necesidades.
Empezaron con cuatro productos (una muñequera, una tobillera y dos para brazos). En su catálogo encontramos estabilizadores anatómicos, férulas personalizadas, inmovilizadores 3D de nylon, inmovilizadores de dedos y caretas. Asimismo, ofrecen una línea de prefabricados en tallas, para atención inmediata en cuartos de emergencias y ambulancias.


Reconocimientos que impulsan
Un producto así merecía atención. Y la obtuvo. La misma Clínica Bíblica estableció un convenio formal con los hermanos Peters a través de su Life Science Center for Innovation, donde también participan otros emprendimientos costarricenses especializados que obtienen espacio físico, mentorías y capacitaciones.
Matthias y Stephan recibieron mentoría de ortopedistas, fisioterapeutas y administrativos de la institución.
Durante el 2025 participaron en el Congreso Nacional de Cirujanos de Mano, en el Congreso Nacional de Técnicos de Ortopedia y en los Entrepreneur Award del Incae, donde los seleccionaron entre más de 200 proyectos regionales y obtuvieron el primer lugar en la categoría Pitch, con un premio de $2.500 y un programa de mentoría.
Hasta ese momento, el financiamiento era familiar, en particular de su padre Niels y de un inversionista cuyo nombre mantienen en reserva.
Las caretas los dieron a conocer a nivel nacional, cuando Deportes Repretel realizó un reportaje sobre la careta utilizada por Liga Deportiva Alajuelense para una lesión sufrida por su defensor Fernando Piñar.
La empresa también logró la clasificación como serie A en tecnología médica, lo que le brinda tracción comercial y validación clínica. De hecho, lograron contratos con otras clínicas (como la Metropolitana, que posee dos hospitales y cuatro sedes en Costa Rica) y un pedido del Hospital Calderón Guardia por 800 dispositivos prefabricados para lesiones en dedos. Así se acercan a su sueño de ser la marca reconocida para inmovilización avanzada.
En la actualidad Stephan y Matthias están enfocados en aumentar la demanda local —donde les interesa ser proveedores del Hospital de Trauma, del Instituto Nacional de Seguros— y apuntan a la expansión internacional, a mercados como Panamá, Guatemala, República Dominicana y EE. UU.
En el Biohunt Summit 2026 en Miami realizaron una presentación de tres minutos, participaron en un programa de soft landing (con el fin de su incorporación legal y la obtención de permisos en el mercado estadounidense) y conversaron con posibles clientes e inversionistas, uno de los cuales mostró interés. También contactaron a una aceleradora de Chile que les apoyará en requerimientos de propiedad intelectual, entre otras áreas.
—¿Y en verdad uno puede bañarse y meterse al mar con ese yeso?
—Sí— respondieron Stephan y Matthias al mismo tiempo.
