La inversión extranjera directa (IED) que llega a Costa Rica se sostiene, en gran medida, sobre las reinversiones de empresas que se instalaron en el país años atrás. En contraste, el capital fresco —asociado a nuevas compañías— tiene un peso menor dentro de los flujos de inversión.
Desde 2016, el país ha captado menos de $1.000 millones anuales en proyectos greenfield (inversiones nuevas), mientras que las reinversiones (brownfield) han superado de forma consistente los $2.000 millones por año. Esta brecha se explica, en parte, por la madurez de sectores que lideraron la llegada de capital extranjero, particularmente el de dispositivos médicos.
Laura López, gerente general de la Promotora de Comercio Exterior (Procomer), indicó que una de las principales hipótesis detrás de la diferencia entre proyectos greenfield y brownfield responde a que la mayoría de las firmas de dispositivos médicos ya tienen presencia en Costa Rica y concentran sus inversiones en ampliar operaciones.
Este comportamiento es especialmente relevante si se considera el peso del sector de ciencias de la vida en el comercio exterior del país. Entre enero y agosto del presente año, esta actividad representó el 48% de las exportaciones nacionales, consolidándose como el principal motor de ventas al exterior y uno de los mayores receptores de inversión extranjera.
Aunque en 2024 el país logró superar levemente la barrera histórica del greenfield, con un total de $1.094 millones, el impulso no se mantuvo en el arranque de 2025. Durante el primer semestre del presente año, las inversiones nuevas sumaron apenas $432 millones, reflejando una desaceleración en la llegada de proyectos frescos, de acuerdo con las estadísticas del Banco Central de Costa Rica (BCCR).
Ante este panorama, surge la pregunta de si resulta sostenible que el comercio exterior costarricense dependa, de forma tan marcada, del sector de dispositivos médicos. Para Procomer, el Ministerio de Comercio Exterior (Comex), la Cámara de Comercio Exterior (Cadexco) y la Coalición Costarricense de Iniciativas de Desarrollo (Cinde), esta industria seguirá siendo el principal motor exportador, aunque coinciden en la necesidad de perfilar al país para atraer nuevas actividades productivas.
A esta discusión se suma la incertidumbre generada por la posibilidad de que el gobierno de Estados Unidos (EE. UU.) imponga aranceles adicionales a las importaciones de dispositivos médicos. De concretarse una medida de este tipo, el impacto recaería directamente sobre los exportadores costarricenses y la atracción de IED, dado que ese mercado se mantiene como el principal destino y origen de inversión de dicho sector.

Dependencia en los dispositivos médicos
La fortaleza del sector no es menor. Costa Rica se consolidó como un hub regional de dispositivos médicos, con la presencia de grandes multinacionales que hoy operan en el país.
De acuerdo con el portal estadístico de Procomer, el sector registró una variación interanual de 28,7% durante los primeros tres trimestres del año, lo que refleja un crecimiento significativo en medio de presiones arancelarias.
Además, el país se ubica como el segundo mayor proveedor de dispositivos médicos en Latinoamérica, solo por detrás de México, una posición que evidencia los réditos de una industria que ha ganado peso estratégico en la región.
Según Cinde, Costa Rica alberga a 11 de las 20 compañías líderes mundiales por ingresos en 2024 dentro del sector. Entre ellas figuran Boston Scientific, Baxter y Abbott, así como Johnson & Johnson (J&J), que actualmente construye sus instalaciones en el país.
Con excepción de J&J, la dinámica reciente del sector apunta principalmente a la expansión de plantas ya establecidas. Según López, esta tendencia es uno de los posibles factores que explican la desaceleración en el crecimiento del capital fresco que ingresa al territorio nacional.
“El sector de dispositivos médicos es muy relevante y muy consolidado para nosotros. Pero es un sector que a nivel global no mueve tantos flujos de inversión como lo mueven semiconductores y circuitos, comunicaciones, o energías renovables”, puntualizó López.
Si bien la atracción de proyectos greenfield enfrenta dificultades para superar la barrera de los $1.000 millones anuales, los flujos totales de IED —que incluyen reinversión, inversión nueva y deuda— han superado los $3.000 millones desde 2021. En 2024 alcanzaron los $5.008 millones, de los cuales un 68% correspondió a proyectos brownfield.
La jerarca también señaló que otra hipótesis detrás de la brecha entre ambos frentes de atracción responde a que muchas compañías ingresan inicialmente con montos moderados de inversión y, una vez consolidadas, realizan inyecciones de capital más significativas, lo que se traduce en reinversiones de mayor volumen.
¿Hacia dónde ver?
General Electric, Intuitive Surgical, BD y Danaher son algunas de las firmas líderes mundiales por ingresos en 2024 que aún no tienen operaciones en Costa Rica, según datos de Cinde. Esas son algunas de las empresas a las que podría apuntar el país.
Con el sector de dispositivos médicos ya maduro, el reto pasa por diversificar. Tanto la jerarca de Procomer como el ministro de Comercio Exterior, Manuel Tovar, coincidieron en que Costa Rica no dejará de atraer inversión vinculada a esta industria, pero reconocieron que la estrategia de comercio exterior no puede concentrarse en un solo sector.
A esta necesidad se suma la presión derivada de la política arancelaria del gobierno de Donald Trump, que ha manifestado su intención de imponer un arancel adicional a las importaciones de dispositivos médicos, amparado en la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial de 1962, bajo el argumento de reforzar la seguridad nacional
“No se trata de dejar de producir dispositivos médicos, por supuesto vamos a seguir produciendo. Lo que queremos es potenciar otros sectores estratégicos, no necesariamente para no depender de dispositivos médicos, sino para desarrollarnos y tener más oportunidades y más alternativas productivas”, dijo Tovar a EF en una reciente entrevista.

En ese esfuerzo, los semiconductores aparecen como una de las principales apuestas. López y Tovar destacaron la Hoja de Ruta para el Fortalecimiento del Ecosistema de Semiconductores en Costa Rica, diseñada para posicionar al país en una industria de alto valor agregado.
En la misma línea, Víctor Pérez, presidente de Cadexco, sostuvo que, aunque los incentivos de la Chips Act ya no están disponibles por decisiones de la administración Trump, el país debe mantener el impulso en este sector.
La vulnerabilidad del sector podría profundizarse aún más si la investigación realizada por EE. UU. concluye que las importaciones de dispositivos médicos afectan la seguridad nacional, lo que abriría la puerta a la imposición de un arancel adicional al 15%. Este análisis se ampara en la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial de 1962.
“El rumbo natural de nuestro país es seguir trabajando en productos de mayor valor agregado y no solo me refiero a la tecnología, sino a la industria aeronáutica”, mencionó Pérez.
La fortaleza del sector de dispositivos médicos ha sido, durante años, una de las principales ventajas competitivas de Costa Rica. Sin embargo, esa misma madurez plantea hoy un desafío estratégico: sostener el dinamismo de la inversión extranjera sin quedar atrapados en un modelo que depende cada vez más de reinversiones.
