Rodrigo Chaves no abandonará del todo los pasillos de Casa Presidencial. Su salida del despacho principal será, en realidad, un reacomodo dentro del mismo círculo de poder: apenas entregue la banda presidencial a Laura Fernández, asumirá un nuevo rol desde el corazón político del Ejecutivo, convertido ahora en la principal pieza de confianza de la nueva mandataria con dos sombreros clave: los de ministro de Presidencia y Hacienda.
Esa cercanía no será simbólica. Desde el Ministerio de la Presidencia, Chaves tendrá bajo su coordinación una de las carteras con mayor peso político del Gobierno, encargada de articular ministerios, instituciones autónomas y de mantener el vínculo permanente entre el Poder Ejecutivo y la Asamblea Legislativa.
En otras palabras, pasará de ejercer el liderazgo desde la cúspide a operar desde el centro mismo de la maquinaria gubernamental.
El traslado también plantea un contraste político difícil de ignorar. El cargo exige capacidad de negociación, construcción de acuerdos y manejo fino de puentes institucionales; atributos que chocan con el estilo que el propio Chaves describió recientemente como “fuerte y confrontativo”, una marca discursiva de su administración que ahora deberá medirse frente a un puesto donde la influencia suele depender menos del choque y más de la capacidad de conciliar.
Para Rolando Laclé, exministro de la Presidencia (1991-1994), no hay duda de que Chaves “tiene la fortaleza política para convertirse en la figura más importante del próximo Gobierno”, pero aclara que si sigue “enfrentándose violentamente con los diputados, va a dificultar más la aprobación de los proyectos”.
El presidente saliente también tendrá otra labor estratégica en el engranaje económico del país: aprobar el presupuesto nacional al convertirse en ministro de Hacienda. Esa doble función —política y económica— envía una señal clara que convierte a Chaves en una especie de “superministro” con influencia transversal sobre el Gobierno, según comentó el exministro de la Presidencia (2018-2019) Rodolfo Piza Rocafort.
Si bien el ordenamiento jurídico costarricense permite el recargo de carteras, no existe un precedente en la historia moderna del país donde un mismo jerarca concentre Presidencia y Hacienda simultáneamente. Esta fusión inédita de la operación política y la billetera del Estado legitima en la práctica esa etiqueta de “superministro”.
“La Presidenta ha querido nombrar un superministro”
— Rodolfo Piza Rocafort, exministro de la Presidencia 2018-2019.
Seguirá como jefe
El triunfo del continuismo en las elecciones presidenciales no solo aseguró la permanencia de los proyectos impulsados entre 2022 y 2026, sino también la permanencia de Rodrigo Chaves dentro del Poder Ejecutivo, aunque ahora desde un cargo distinto al presidencial.
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Laura Fernández dejó clara la relevancia que tendrá el Ministerio de la Presidencia dentro de su administración. Durante la presentación del gabinete, calificó el puesto como uno de los más importantes de su futuro Gobierno y realizó una reverencia cuando Chaves ingresó al escenario, segundos después de anunciar el doble cargo que ocupará.
El gesto no solo alimentó dudas sobre la distribución real del poder dentro del próximo Gobierno, sino que también colocó sobre Laura Fernández un desafío político inmediato pues, a juicio de Laclé, el doble nombramiento demuestra que Chaves “es la figura más poderosa del Gobierno”.
La influencia política del expresidente tampoco parece desligarse del respaldo electoral que obtuvo Fernández. La victoria oficialista estuvo estrechamente vinculada al capital político del actual mandatario y a su respaldo directo sobre la entonces candidata presidencial. Así lo reflejó la última encuesta del Centro de Investigación y Estudios Políticos de la Universidad de Costa Rica (CIEP-UCR), en la que un 30% de quienes votaron por Fernández aseguró que no la habría apoyado sin el aval de Chaves.
La misma medición evidenció además el peso específico del mandatario dentro de la campaña oficialista: el 75% de los votantes consideró de “mucha importancia” el respaldo de Chaves al momento de decidir su voto. El dato refleja que la campaña presidencial no giró únicamente en torno a la figura de la candidata, sino también a la continuidad política y simbólica del liderazgo construido por el mandatario durante los últimos cuatro años.
Aunque dejará formalmente la Presidencia de la República, Chaves entrará a la nueva administración acompañado por un gabinete ampliamente alineado con su liderazgo. El 82% de las personas anunciadas como ministros para la gestión de Fernández ya había ocupado cargos dentro de alguna de las carteras de la administración 2022-2026.
La preservación del proyecto político no solo se refleja en nombres, sino también en la arquitectura institucional que acompañará al próximo Gobierno. Más de la mitad de las presidencias ejecutivas quedaron en manos de jerarcas que ya trabajaban con el oficialismo, una decisión que reduce los costos de transición, pero que también limita los espacios para imprimir un sello propio desde la nueva administración.
"No se sabe si es el gabinete de Laura Fernández o es el gabinete de Rodrigo Chaves"
— Claudia Dobles, diputada de la Coalición Agenda Ciudadana.
Articulación con Cuesta de Moras
El estilo confrontativo de Chaves podría generar nuevas tensiones con los sectores de oposición, especialmente porque ahora será el principal interlocutor entre Casa Presidencial y la Asamblea Legislativa.
Sin embargo, el escenario político al que llegará el nuevo ministro de la Presidencia es muy distinto al que enfrentó el Gobierno saliente. Por primera vez en más de cuatro décadas, el oficialismo supera las 30 curules en el Congreso, una mayoría que facilita la aprobación de proyectos que requieren mayoría simple de 29 votos.
“Cuando hay mayoría legislativa, su tarea se hace más sencilla porque el Gobierno puede votar a favor del 90% de las leyes que interesan al Poder Ejecutivo. Es probable que la señora presidenta pueda esperar del ministro resultados distintos a cuando no tenían mayoría legislativa”, comentó Piza.
A esa ventaja numérica se suma el control sobre los espacios de conducción interna del Parlamento. La presidencia del Directorio Legislativo quedó en manos del oficialismo, una posición estratégica desde la cual se administran los tiempos de discusión, la apertura y cierre de sesiones, así como buena parte del ritmo con el que avanzan los proyectos dentro del Plenario.
La cercanía política entre Chaves y la presidenta legislativa, Yara Jiménez —quien durante los últimos cuatro años fungió como secretaria del Consejo de Gobierno— agrega un componente de coordinación poco habitual entre Zapote y Cuesta de Moras. Esa sintonía podría traducirse en una agenda legislativa más alineada con las prioridades del Ejecutivo, pero también en un escenario con menores niveles de fricción institucional que los vividos durante el cuatrienio anterior.
El panorama contrasta con el que enfrentó la administración saliente, marcada por las fricciones constantes entre Rodrigo Chaves y el entonces presidente legislativo Rodrigo Arias, así como por una oposición que dominaba las curules y frenaba parte de la agenda del Ejecutivo.
Aun así, el nuevo ministro de la Presidencia no quedará exento de negociar con la oposición. El frente opositor suma 26 diputaciones, suficientes para bloquear proyectos que requieren mayoría calificada, como reformas constitucionales o decisiones vinculadas con otros poderes de la República.
“Si él entiende que la negociación política le es favorable al Gobierno, en el sentido de que eso facilita la aprobación de proyectos, tendrá que cambiar de actitud y asumir un papel mucho más negociador”, consideró Laclé.
El Partido Liberación Nacional (PLN), el Frente Amplio (FA), la Unidad Social Cristiana (PUSC) y la Coalición Agenda Ciudadana (CAC) conforman el bloque opositor que deberá enfrentar Rodrigo Chaves desde el Ministerio de la Presidencia. Desde el inicio del nuevo periodo legislativo, esas agrupaciones acordaron articularse bajo una agenda común en áreas de interés compartido, como seguridad, educación y seguridad social.
Álvaro Ramírez, jefe de fracción del PLN, aseguró que exigirán respeto hacia la Asamblea Legislativa. Claudia Dobles, representante del CAC, afirmó que espera que Chaves “pueda lograr como ministro lo que no logró siendo presidente: un diálogo respetuoso con la Asamblea Legislativa y resultados”.
La relación entre Dobles y Chaves tiene además un antecedente político particular. Ambos coincidieron en la administración de Carlos Alvarado, cuando ella fungía como primera dama y él ocupaba el Ministerio de Hacienda antes de renunciar, apenas seis meses después de asumir el cargo, alegando diferencias de estilo con el entonces mandatario.
Coordinación del gabinete
La conformación del equipo de Gobierno evidencia que el oficialismo optó por preservar buena parte de la estructura política y administrativa del periodo 2022-2026. Más que una ruptura o una transición hacia nuevas figuras, el diseño del gabinete apunta a consolidar un modelo de continuidad donde las principales áreas estratégicas permanecerán bajo control de personas cercanas a Chaves.
Para Dobles, los nombramientos anunciados dejaron abierta una interrogante sobre quién concentrará realmente el poder político dentro de la próxima administración: “No se sabe si es el gabinete de Laura Fernández o es el gabinete de Rodrigo Chaves”, dijo.
Esa lectura se refleja en nombramientos como el de Manuel Tovar en el Ministerio de Relaciones Exteriores y Gerald Campos en Seguridad Pública, ambos integrantes del gabinete 2022-2026 al frente del Comercio Exterior y Justicia y Paz, respectivamente.
Asimismo, 16 funcionarios permanecerán en las mismas posiciones ministeriales o presidencias ejecutivas que ocuparon durante la administración Chaves Robles. Entre ellos se encuentran jerarcas del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), el Instituto Nacional de Seguros (INS), la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), el Ministerio de Educación Pública (MEP) y el Ministerio de Obras Públicas y Transportes (MOPT), entre otras instituciones.
“Cada integrante de mi gabinete está aquí hoy porque vi en ellos la capacidad, la sensibilidad y el compromiso de transformar su cargo en una herramienta real para mejorar la vida de los costarricenses”, afirmó Fernández al presentar oficialmente a su equipo de trabajo.
La lista de nombres reúne a viejos conocidos tanto de Chaves como de Fernández, aunque con los papeles invertidos. Quien hasta ahora ocupó la Presidencia pasará a coordinar el gabinete desde un ministerio estratégico, mientras quien ejerció esa función durante los últimos meses asumirá la conducción formal del país desde la silla presidencial.
Para Piza, el alcance real del poder que tendrá Chaves dependerá de cuánto espacio esté dispuesta a delegarle la nueva presidenta. “Yo espero que haya una buena comunicación con los sectores laborales, empresariales, sociales y culturales”, señaló.
Laclé, por su parte, considera que la apuesta política será exitosa únicamente si Chaves logra adaptar su estilo al nuevo rol institucional que asumirá. “Si la situación se convierte en una guerra entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo, la apuesta salió mal”, advirtió.
La verdadera prueba para Rodrigo Chaves no será conservar influencia —esa parece garantizada por diseño político—, sino demostrar que el liderazgo construido desde la confrontación puede adaptarse a una etapa donde la eficacia dependerá menos del choque público y más de la capacidad de administrar alianzas, ceder espacios y construir acuerdos duraderos.
