A pocos días de dejar la presidencia de la Asamblea Legislativa este 1.º de mayo de 2026, Rodrigo Arias confirmó que no volverá a postularse para ningún puesto de elección popular, lo que marca el cierre de una extensa trayectoria en la política nacional.

En este sentido, el legislador aseguró que razones de salud y prudencia lo llevan a optar por una vida más tranquila; sin embargo, mantendrá su disposición para aportar consejos u opiniones frente al debate nacional.
Por otra parte, al analizar su paso por el Congreso, lamentó que durante la actual legislatura no prosperaran proyectos vitales para el país, tales como la apertura del sector eléctrico y la reforma del Estado.
Señaló que este estancamiento obedeció a un ambiente hostil en la política nacional, por lo cual, atribuyó la responsabilidad al Poder Ejecutivo ante la falta de respaldo a iniciativas que, según indicó, habrían permitido modernizar la institucionalidad costarricense.
También, reflexionó sobre el futuro del Partido Liberación Nacional (PLN) tras las pasadas elecciones. Al respecto, reconoció que el principal reto de la agrupación es redefinir su identidad ideológica, abrir espacios a nuevos sectores y dejar atrás las prácticas tradicionales.
—¿Qué viene en su vida política ahora? ¿Piensa postularse nuevamente a la presidencia?
—(Risas) No, nada de eso. Por ahora lo que planeo es tomar unos días de descanso con mi hijo en Madrid, compartir también con mi nieto, descansar un poco, cambiar de ambiente y desestresarme bastante.
Posteriormente, cuando regrese, no pienso volver a ocupar un cargo de elección popular. De hecho, en julio de este 2026 cumplo 80 años, por lo que, la salud y la prudencia me aconsejan llevar una vida más tranquila, cumpliendo además con ciertas recomendaciones médicas que hasta ahora me ha costado atender por falta de tiempo.
No obstante, eso no significa que me aleje completamente de la política; al contrario, seguiré participando, pero de forma diferente desde otro espacio: dando consejos y opiniones.
—¿Qué proyectos de ley se quedaron debiendo en esta legislatura?
—Yo hubiera querido que se aprobara una reforma del Estado. Al inicio de este periodo legislativo impulsé la creación de una comisión con ese fin y la idea principal era que se pudieran procesar proyectos que realmente tuvieran el peso y el calado necesarios para cambiar el modelo del Estado costarricense, con el objetivo de hacerlo más eficiente.
Desgraciadamente, ahí se demostró que cuando hay un ambiente hostil, de agresiones, cuesta mucho que los diputados se pongan de acuerdo; y en este punto, hay una gran responsabilidad del Poder Ejecutivo.

Por mi parte, si yo hubiera sido presidente, habría respaldado activamente esa comisión, orientando el trabajo y generando apoyo político para lograr transformaciones reales. Sin embargo, por el contrario, Rodrigo Chaves dijo que eso no servía.
El dignóstico al PLN
—Al salir de la presidencia de la Asamblea, el PLN queda sin representación en un puesto clave, tanto en el Congreso como en el Ejecutivo. ¿Cuáles cree usted que han sido los errores estructurales del partido que explican esta caída?
—Me parece que le está preguntando a la persona equivocada, porque yo no estoy metido en asuntos partidarios. De hecho, durante el año previo a los comicios, e incluso desde antes, estuve completamente ausente de cualquier participación activa en la campaña política de 2022.
Ciertamente, de vez en cuando conversaba con algunos amigos que estaban trabajando en elaborar programas, o inclusive con el jefe de campaña, Álvaro Ramírez, con quien me reuní en una o dos oportunidades.
Asimismo, el candidato a la presidencia fue una vez a mi casa a tomar café, alrededor de octubre de 2021, y hablamos un poco sobre la campaña. No obstante, mi participación fue muy limitada porque sencillamente no estuve ahí.
Además, tampoco veo que haya existido una caída en el partido como la que usted dice. Yo más bien lo interpretaría al revés, ya que los resultados electorales que se obtuvieron demuestran un crecimiento del PLN en relación con las últimas elecciones.
El partido alcanzó 860.000 votos y sacó 17 diputados, a pesar de que lo que yo escuché en diciembre de 2021 era que Liberación Nacional solo sacaría nueve o diez.
Por ende, considero que el resultado fue satisfactorio al lograr sacar esa cantidad de votos y un número de diputados casi igual a los que obtuvimos en esta ocasión.
—Usted menciona que no estuvo muy involucrado en la campaña, pero es evidente que sigue siendo un actor clave dentro del partido y lo ha sido por décadas. Ahora que se cierra este ciclo, ¿cree que el partido ha entendido tarde los cambios de la época o que no ha logrado adaptarse a los nuevos tiempos?
—Me parece que en la campaña pasada —y este es uno de los méritos que yo le puedo dar al candidato Álvaro Ramos— se intentó hacer ese cambio, tratando de que la Asamblea eligiera diputados que no estuvieran tradicionalmente ligados al Partido Liberación, lo cual me pareció sano.
En consecuencia, en la fórmula hay mujeres y hombres jóvenes, muchos provenientes de zonas rurales, que pueden refrescar al partido.
Por mi parte, considero que el PLN debe tener convenciones abiertas donde no participen solamente los liberacionistas tradicionales, sino que pueda participar cualquier persona, lo que permitiría atraer posibles nuevos partidarios.
Por ejemplo, ahora que pasó esta campaña, esos 860.000 votos no significan que todos fueran seguidores de Álvaro Ramos, sino que la gente votó por él al considerarlo la única alternativa viable para pasar a la segunda ronda.
Es decir, votaron por él dadas las circunstancias en las que estábamos, pero no fue que automáticamente se convirtieron en liberacionistas.
—Si el PLN quiere volver a ser relevante de nuevo en el escenario político, ¿qué tendría que romper: liderazgos, prácticas, financiamientos, o mejorar su relación con los sectores económicos? ¿Se está dispuesto a pagar este costo?
—Yo creo que se debe llamar a gente que tenga experiencia tanto en el mundo económico como en el social, que conozca la temática política y que no sean únicamente los mismos dirigentes que pasan de una campaña a otra; esto ayudaría enormemente al PLN a alcanzar una definición ideológica.
Hoy en día, Liberación es como una gran sombrilla que abriga a personas que tienen pensamientos diferentes.
Si nos ponemos a discutir entre nosotros cuál es la solución para este país, resulta que todos pensamos distinto; por ejemplo, unos dicen que hay que aprobar proyectos de mayor contenido social y otros no. Unos están de acuerdo con la apertura del mercado eléctrico y otros no, lo cierto es que el mundo actual está cambiando y no se puede seguir pensando únicamente en el Instituto Costarricense de Electricidad.
En consecuencia, si usted le pregunta a alguien por qué es liberacionista, le va a dar una explicación; pero si le pregunta a otro, le dará una razón totalmente diferente. Entonces, no se tiene certeza, y esa claridad es lo primero que debe tener un partido político, algo que Liberación sí tuvo en el pasado.
—¿Y cuál fue esa definición ideológica que tuvieron en el pasado?
—Históricamente, entre 1986 y 1990, fue la defensa de la paz en Centroamérica para garantizar que no se perdiera la inversión extranjera en Costa Rica. A la par, hubo una fuerte definición social para garantizar que un 50% del presupuesto se destinara a obras sociales, tales como vivienda y becas del régimen no contributivo.
Posteriormente, se luchó por aprobar el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, lo que también representó una definición ideológica sumamente importante.
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El próximo 30 de abril, Rodrigo Arias dará un paso al costado en un momento crítico para la política nacional.
Mientras él se prepara para el descanso, la tarea pendiente queda en manos del Partido Liberación Nacional, que deberá decidir si atiende el llamado de su histórico dirigente para reinventarse, o si continuará siendo una “gran sombrilla”.
