Laura Fernández Delgado, candidata del Partido Pueblo Soberano (PPSO), es una politóloga de 39 años que ha sido una de las principales voceras del chavismo. Antes de 2022, su nombre era poco conocido entre los corrillos políticos, pero con la llegada de Chaves a la presidencia, ha tomado un protagonismo fulgurante.
Llegó a la administración Chaves Robles como ministra de Planificación y Política Económica (Mideplan) y en el 2024, el presidente la nombró jerarca del Ministerio de la Presidencia tras la salida de Natalia Díaz, hoy también candidata presidencial con Unidos Podemos.
Fernández se convirtió en una de las funcionarias con mayor presencia pública y discursiva del gabinete de Rodrigo Chaves. Defendió con vehemencia el proyecto de ley jaguar (declarado como inconstitucional) y sus planes de referéndum y siempre estaba en primera fila en eventos públicos y entrevistas que daba el mandatario. Eso hizo que renunciara a su puesto gubernamental para aspirar a una candidatura a la presidencia, mostrándose como la nueva figura del continuismo.
También recibió felicitaciones por parte de él en los espacios de conferencia de prensa que acostumbraba el gobierno a realizar los miércoles. En agosto de 2025, fue ratificada por PPSO como su candidata oficial para las elecciones.

La presentación ante los asambleístas estuvo a cargo de Pilar Cisneros, figura notable del ascenso de popularidad que ha tenido Rodrigo Chaves desde que ingresó al gobierno.
En ese momento, Cisneros dijo que Fernández “tiene todo mi apoyo, es una mujer valiente y con el liderazgo que la Patria necesita”. Pero meses atrás, en un programa televisivo, dijo que a la exministra le costaba “concretar una idea sencilla”.
En los resultados preliminares divulgados por el Tribunal Supremo de Elecciones este 1.° de febrero del 2026, Fernández apunta a convertirse en la próxima presidenta de Costa Rica. Con el 69,4% de las mesas escrutadas el resultado acumulaba a su favor el 49,6% de los votos.
De confirmarse ese resultado, la candidata evitará la realización de una segunda ronda y asumiría el próximo 8 de mayo como la presidenta número 50.
Amplio bagaje como funcionaria pública
Fernández tiene a su espalda 20 años de trabajar en el sector público, la mitad de su vida. Cuenta con una maestría en la carrera de Ciencias Políticas con énfasis en Políticas Públicas y Gobernabilidad Democrática de la Universidad de Costa Rica (UCR).
Se graduó como bachiller en la misma casa de estudios en el 2008, pero antes ya había trabajado en el Ministerio del que fue jerarca por dos años. En la cartera de Planificación, ella fue asistente de la comisión de Reforma del Estado, a finales del 2007.

En ese momento, quien ocupaba la silla presidencial era el liberacionista Óscar Arias y Roberto Gallardo era el ministro de Planificación. Para el gobierno de Laura Chinchilla, Gallardo continuó ocupando ese puesto y siguió teniendo a Fernández como asesora.
Para el 2013, ya había conseguido una plaza en propiedad en el Mideplan. A partir del 2014 comienza a adquirir experiencia en el apoyo técnico que se brinda en la Asamblea Legislativa. Se convirtió en asistente de Mario Redondo, quien ganó una curul con el Partido Alianza Demócrata Cristiana (PADC).
Después obtuvo bagaje en la política municipal, dado que, cuando Redondo se convirtió en alcalde de Cartago en 2020, ella fue nombrada como directora de Planeamiento Estratégico y jefa de despacho de la Municipalidad. Estuvo en el cargo hasta enero de 2022.
“Heredera” del chavismo
Antes de Rodrigo Chaves, Laura Fernández no era un nombre que sonara en la opinión pública. Sus labores estuvieron vinculadas con la gestión técnica más que con sus afiliaciones políticas, a pesar de que buscó una diputación por San José con el partido de Redondo en el 2018. Solo recibieron un 1,7% de los votos. También estuvo como candidata a la vicepresidencia de la fórmula del PADC.
Ahora, con un capital político extremadamente superior al de hace ocho años, Fernández utiliza la figura de Rodrigo Chaves y Pilar Cisneros para impulsar su candidatura.
“Somos los herederos naturales y los guardianes del cambio que vino a introducir don Rodrigo Chaves y doña Pilar Cisneros y la fracción oficialista”, manifestó la exministra cuando presentó su plan de gobierno, que tenía imágenes de siluetas similares a Chaves y Cisneros.
El personalismo político es la estrategia base con la que buscan persuadir al electorado. La figura de Pilar Cisneros fue clave para que la campaña de Rodrigo Chaves despegara y ahora con Chaves en el poder, ambos están fortaleciendo la figura de Fernández.
Incluso, la candidata dijo que, si llega al poder, le ofrecería el Ministerio de la Presidencia o la cartera de Hacienda a Rodrigo Chaves.
Más que propuestas políticas, buscan ganar al electorado con una retórica confrontativa hacia los poderes de la República y la oposición. Fernández recicla mensajes como la “lucha contra los ticos con corona”, la apelación al pueblo o usando la figura del “jaguar” como un símbolo de apoyo al chavismo.

Las contradicciones en su intento de copiar ese estilo discursivo han sido evidentes cuando se dirige a los medios de comunicación. Mencionó que el gobierno de Chaves “realizó la mayor inversión pública en infraestructura escolar de la historia”.
No obstante, según el Estado de la Educación, la inversión en educación como proporción del Producto Interno Bruto (PIB) fue de 5% en el 2025. Es la inversión más baja en este rubro desde 2018, cuando fue de 7,4% del PIB.
De la misma forma, Fernández mencionó “es mentira que Costa Rica siga en los primeros sitios de exportadores de droga”. Sin embargo, datos del Índice Global de Crimen Organizado 2025 indican que Costa Rica ocupa el puesto 16 de 193 países a nivel mundial en tráfico de cocaína.
A nivel regional, el informe ubica en las primeras posiciones a Colombia, seguido por Perú, Venezuela, Brasil y México.
Para establecer esa clasificación, el índice examinó factores como el tránsito, almacenamiento y exportación de cocaína hacia otros países, y asigna una puntuación de 1 a 10, donde los valores más cercanos a 10 indican una mayor incidencia de este tipo de criminalidad.