A pesar de que los precios internacionales del café han alcanzado niveles nominales históricos recientemente, los caficultores costarricenses no perciben el impacto de esta bonanza de forma inmediata. Un reciente informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), publicado en 2026, revela que la transmisión de los choques de precios globales hacia los productores locales es incompleta y toma tiempo en materializarse.
El estudio de la FAO, titulado “Dinámica de precios en los mercados mundiales de bebidas”, utiliza modelos econométricos para medir cómo los cambios abruptos en los precios internacionales —causados principalmente por factores climáticos y disrupciones de oferta— se trasladan a los agricultores.
Para el caso de Costa Rica, los hallazgos son reveladores:
- La transmisión a corto plazo de los choques globales hacia el precio al productor es de aproximadamente 0.5. Esto significa que los caficultores locales absorben apenas la mitad del impacto inicial de los movimientos del mercado internacional.
- El ajuste de los precios a nivel de finca es un proceso relativamente lento.
- El mercado costarricense requiere de al menos tres trimestres para que la transmisión del precio alcance su punto máximo.
El escudo y el freno del modelo nacional
Mientras en otros mercados un pico de precios en la bolsa se traduce en dinero rápido para el productor, en Costa Rica el flujo de estos ingresos tiene un ritmo distinto. El reporte de la FAO atribuye este comportamiento directamente al marco institucional del país.
El sector cafetalero nacional está regulado por el Instituto del Café de Costa Rica (ICAFE), una institución no gubernamental que establece el precio que los beneficios deben pagar a los agricultores al concluir cada temporada de cosecha. Este pago se calcula con base en una regla de distribución de ingresos que reparte el valor entre los productores, los procesadores (beneficios) y los exportadores.
De acuerdo con el análisis de la organización internacional, este sistema tiene un doble filo. Por un lado, garantiza precios competitivos para los agricultores y actúa como un amortiguador que suaviza los riesgos financieros durante la temporada de cosecha. Por otro lado, este mismo mecanismo reduce y retrasa la transmisión a corto plazo de los choques del mercado global hacia el mercado interno.

El contraste con los gigantes de la región
La realidad del caficultor costarricense difiere drásticamente de la de sus competidores más grandes. El informe detalla que los grandes productores de la variedad Arábica, como Brasil y Colombia, muestran elasticidades de transmisión cercanas a uno, lo que refleja su papel como formadores de precios en el mercado internacional.
En estos países, los precios al productor se ajustan casi por completo, y de forma muy rápida, a las fluctuaciones internacionales. En Brasil, por ejemplo, el mercado del café está totalmente liberalizado, por lo que los precios al productor son determinados enteramente por las fuerzas del mercado sin intervenciones administrativas.
El documento concluye que la propagación de los choques globales a lo largo de las cadenas de valor es muy heterogénea. Aunque el modelo costarricense frena la liquidez inmediata durante los periodos de precios récord, también evita que los productores queden expuestos de golpe cuando la burbuja internacional estalla y los precios caen.
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Este artículo fue publicado por un editor de El Financiero asistido por un sistema de inteligencia artificial.
