El dólar en Costa Rica cayó a su nivel más bajo en casi dos décadas y, detrás de esa tendencia, hay un fenómeno más profundo: la transformación de la economía costarricense en dos realidades distintas.
Por un lado, el país consolidó un sector exportador altamente dinámico —vinculado principalmente a las empresas de manufactura avanzada y servicios que operan en zonas francas— y, por otro, subsisten actividades tradicionales cuya expansión ha sido considerablemente menor.
La coexistencia de esos dos ritmos económicos ha empezado a reflejarse en múltiples indicadores: desde el crecimiento de las exportaciones de bienes y servicios hasta el persistente superávit de dólares que registra el mercado cambiario.
La situación incluso la señala la presidenta electa, Laura Fernández. En momentos en los que el precio del dólar caía por debajo de los ¢480, la futura mandataria reaccionó sin propuestas de reforma, reconociendo que la “economía cambió” y “ahora tenemos dólares todos los meses”, incluso provenientes de “empresas que pagan salarios” en esa moneda.
Sus palabras no carecen de sustento. Diversos economistas coinciden en que el dinamismo exportador ha incrementado significativamente la disponibilidad de divisas en la economía costarricense, aunque también están quienes advierten que el comportamiento reciente responde a una combinación de factores estructurales y coyunturales; principalmente, la política monetaria del Banco Central (BCCR) y el creciente endeudamiento externo del Gobierno.

El contexto
La hipótesis de un cambio estructural coincide con un hecho contundente: el tipo de cambio registra mínimos históricos.
El precio del dólar cayó en las últimas semanas a ¢470 por unidad: el nivel más bajo en casi 20 años y desde que se adoptó el esquema de “flotación administrada”, que permite fijar el precio de la divisa con base en criterios de oferta y demanda, e intervenciones controladas por parte del BCCR para evitar grandes fluctuaciones.
Según cifras del BCCR, el superávit de dólares en ventanilla alcanzó un promedio de $26,7 millones diarios en 2025; y la cifra fue ligeramente mayor en 2023 y 2024.
Este dato es clave como punto de partida: si el mercado genera más dólares de los que demanda, entonces el precio tiende a caer.
Cuando se revisan los datos de los últimos años, además, es posible observar que el cambio fue rápido y progresivo. El superávit apenas había alcanzado un promedio de $250.000 diarios en 2016, pero creció abruptamente desde entonces y la tendencia solo tuvo un impasse en el 2020 por la pandemia de covid-19.
‘Nueva’ economía
La mayoría de los economistas coincide en que una gran parte del fenómeno tiene que ver con un cambio estructural de la economía.
José Luis Arce, director de la firma FCS Capital, señaló que hacer relaciones de causas y efectos en el mercado cambiario es complejo, porque “un mismo dólar” puede ser cambiado varias veces y la creación de nuevos dólares también es posible por la vía del crédito. Sin embargo, reconoció que es posible determinar “si el tipo de cambio está alineado o no con los fundamentales” y “si hay factores que podrían pesar más o menos en su comportamiento”.
En ese sentido, Arce considera que el “factor principal” para explicar la caída en el precio del dólar de los últimos años radica en el comportamiento de las exportaciones de bienes y servicios del país durante los últimos años.
Las exportaciones de bienes y servicios no han parado de crecer y han derivado en un menor desequilibrio externo de la balanza de pagos. En el comercio de bienes, por ejemplo, la brecha entre exportaciones e importaciones se redujo a solo $2.500 millones en los últimos años (era de $4.600 millones hace 10 años) y, en el caso de los servicios, el país ha encontrado una ‘mina de oro’ que le permite exportar $10.900 millones más de los que importa (más del doble que hace una década).
Ambos datos evidencian un mayor dinamismo exportador, que genera cada vez más dólares de las operaciones comerciales y cuya actividad podría explicar el fenómeno cambiario en gran medida, según economistas y autoridades públicas.
Ese comportamiento está ligado en mayor medida a las empresas de zonas francas, tal como explicó el director de la firma Consejeros Económicos y Financieros (Cefsa), Daniel Ortiz, recientemente consultado por La Nación.
Según los datos preliminares que publica el BCCR, los intermediarios cambiarios compraron $1.747 millones más de los que les vendieron a los productores del régimen definitivo en 2025; mientras que en el caso de los productores del régimen especial —más dinámicos en la generación de divisas— más bien les vendieron $6.587 millones más de los que les compraron.
A ello se suma la recuperación de los ingresos por turismo de los últimos años, pasada la pandemia; así como la consolidación de la inversión extranjera directa (IED).
La inversión extranjera es un factor que también sigue inyectando nuevos dólares al mercado local, aunque una gran parte son reinversiones que no implican nuevas entradas efectivas.
Roxana Morales, economista de la Universidad Nacional (UNA), explicó la situación en una transmisión organizada por la institución académica: “tenemos una liquidez permanente y no es una liquidez coyuntural, y esto lo que hace es generar presiones permanentes para que el tipo de cambio permanezca bajo”.

Factores coyunturales
Otros economistas apuntan a factores coyunturales.
Fernando Naranjo, por ejemplo, sostiene que el creciente endeudamiento externo del Gobierno Central ha introducido todavía más dólares a la economía local y que, por eso, solo es “parcialmente cierto” que el fenómeno se deba a un cambio económico local.
“Hay un excesivo endeudamiento externo del gobierno, inclusive con dos emisiones por 1.000 millones de euros cada una en los últimos meses”, señaló.
Dicho crecimiento está ampliamente documentado. Según los registros oficiales del Ministerio de Hacienda, el saldo de deuda externa alcanzó los $15.500 millones al cierre del 2025; es decir, casi triplicó el registro de hace 10 años.
Arce considera que este factor sí pudo haber incidido, pero de una forma menos directa de lo que se cree, en los últimos años.
Si bien Hacienda no tiene que acudir al mercado ordinario para vender los dólares que recibe, sí inyecta liquidez en moneda extranjera a los bancos y —aunque ese dinero no salga de forma directa a la calle en ningún momento— sí facilita la colocación de crédito que luego se cambia de una u otra manera a colones.
“La lógica es relativamente sencilla”, explicó. “Si un banco tiene liquidez y le presta dólares a una familia en Costa Rica para que se compre un carro, esa plata llega a manos de un vendedor y es posible que parte de ese dinero le sirva para pagar sus gastos corrientes en colones. Eso es un cambio de moneda, incluso si el dólar físico nunca salió físicamente del banco”, puntualizó.
En los últimos ocho años se han aprobado múltiples emisiones de títulos de deuda en el mercado internacional y créditos con organismos multilaterales. Este factor pudo ser especialmente relevante en años como 2023 y 2024, cuando el crédito en dólares se aceleró a un ritmo de dos dígitos.
Naranjo también considera que las tasas de referencia en colones que mantiene el BCCR son “muy altas” para los niveles de inflación del país, y ese argumento también lo sostienen otros especialistas como el expresidente del BCCR, Rodrigo Cubero.
El Central llegó a subir la Tasa de Política Monetaria (TPM) hasta un 9% entre finales de 2022 e inicios de 2023, y actualmente la mantiene en un 3,25%, que todavía supera los registros previos a la gran crisis inflacionaria del 2022.
Eso, según Naranjo, hace que “los agentes económicos no quieran invertir fuera del país porque es más rentable hacerlo en el mercado doméstico” en colones y que haya entidades del exterior que “aprovechen esas tasas y la caída del tipo de cambio en Costa Rica para tener una doble ganancia”.
Arce, sin embargo, no coincide con esa visión del exministro de Hacienda y exgerente del Banco Nacional. Según dice, es adecuado decir que las tasas de interés altas en colones pueden promover un mayor ahorro en moneda local, una liquidación de inversiones en dólares y entradas de capital extranjero. Sin embargo, asegura que no se ven indicios de que eso esté pasando hasta este momento en el mercado financiero o en el bursátil.
Los depósitos de ahorro en moneda extranjera han crecido un 44,5% entre enero de 2022 y enero de 2026; mientras que los de ahorro en colones lo han hecho en un 34,2% en el mismo período.
La subida en las tasas del 2022 sí parecieron influir en el alza del precio del dólar de aquel año, cuando alcanzó máximos históricos cercanos a los ¢700. En aquel entonces, describía el BCCR, las altas tasas en dólares motivaron fenómenos de dolarización del ahorro y colonización del crédito privado, por parte de pequeños actores y otros tan grandes como las operadoras de pensiones.
Fenómenos estacionales
Además de todos los factores estructurales y coyunturales, también hay fenómenos estacionales que podrían estar haciendo más pronunciado el descenso del precio del dólar en la actualidad.
Por un lado, es común que el precio del dólar caiga en los primeros meses del año, cuando se tiene que pagar el impuesto de renta. En este período, muchas empresas tienen que cambiar dólares para cancelar los tributos, que solo se pueden pagar en moneda local.
Asimismo, el Banco Central recientemente informó de que tuvo que intervenir en el Mercado de Monedas Extranjeras (Monex) para estabilizar el precio del dólar a finales de febrero por un aumento “extraordinario” en la oferta de dólares, de cuyo origen no dio mayores detalles.
Roxana Morales planteó algunas hipótesis como los despidos anunciados por algunas empresas multinacionales, que podrían haber tenido que cambiar dólares para pagar indemnizaciones; o la venta de Fifco a la multinacional Heineken, que pudo haber implicado el cambio de dólares para el pago de impuestos asociados. “Posiblemente haya algo de eso, pero no tenemos certeza de si ya pasó”, explicó.

Efectos certeros
Más allá de las causas, el economista Mauricio Soto llegó a una conclusión incómoda en un artículo de opinión que publicó sobre el tema: el colón se apreció en más del 20% desde enero de 2022 y eso tiene implicaciones evidentes sobre una economía que hace años se divide entre sectores productivos muy fuertes y otros muy debilitados.
“Es el síntoma de un éxito”, dijo, pero esa tendencia “no es gratuita” para los sectores económicos que no son tan pujantes.
Las grandes empresas de manufacturas y de servicios empujaron crecimientos de 8,3% y 12,7% en los últimos dos años en los parques de zona franca; en cambio, en el resto del tejido productivo apenas se registraron subidas de un 3% y un 3,3%.
Por eso, añade Soto, la situación del dólar no es la misma para todos los actores.
“Esos números no son abstractos. Detrás hay un productor de melón en Guanacaste que recibe dólares pero paga planilla en colones, y cada mes necesita más dólares para cubrir los mismos costos. Hay un exportador de café que ha visto evaporarse su margen. Hay empleos reales en riesgo en regiones que no participan del boom de dispositivos médicos y semiconductores", subrayó.
Cerrar esas brechas o al menos disminuirlas es una tarea compleja que requiere de políticas públicas y hasta de eventuales incentivos.
A fin de cuentas, las zonas francas apenas crean una décima parte del empleo formal costarricense y el Banco Central ha subrayado en múltiples ocasiones que ve erróneo centrar el debate de la dualidad económica costarricense en un asunto meramente cambiario.
Róger Madrigal, presidente del emisor, explicaba en una entrevista con EF que el Banco Central solo puede dejar que “las fuerzas del mercado se manifiesten” y que el tipo de cambio no se puede observar como una herramienta para atender a las poblaciones a las que “les va muy mal”, aunque para algunos grupos parezca la respuesta sencilla.
“El año pasado un grupo de exportadores me preguntaba qué vamos a hacer, pero la solución no es del Banco Central. Ustedes perfectamente podrían plantear que haya algún tipo de apoyo fiscal y es la sociedad la que va a decidir (...) no es el Banco Central y no es el tipo de cambio", subrayaba desde el 2024.
La conversación se mantiene desde entonces, pero cada vez es más difícil de postergar, frente a un dólar que sigue en mínimos. Costa Rica pasó de ser un país con dólares escasos a otro completamente distinto, donde sobran; y las consecuencias son tan variadas como persistentes.
