El canciller Manuel Tovar afirma que la relación de Costa Rica con Nicaragua se tiene que abordar “desde un punto de vista pragmático”, aunque insiste en que el país “no valida lo que ocurre” bajo el régimen de Daniel Ortega.
“Nosotros siempre vamos a apelar por el cauce democrático, el restablecimiento del cauce democrático y el respeto de los derechos humanos en Nicaragua”, afirmó en entrevista con EF.
“Pero también tenemos que entender que la relación con Nicaragua se debe manejar dentro de un contexto muy particular, muy especial, porque compartimos una frontera”, añadió.
Así respondió el máximo jerarca de la diplomacia costarricense al ser consultado sobre la situación en Nicaragua y las recientes declaraciones de la presidenta Laura Fernández, quien dijo que los nicaragüenses tienen el gobierno “que han elegido” en una entrevista con la cadena colombiana NTN24.
La presidenta también afirmó que la situación que viven los nicaragüenses no se puede comparar con la de cubanos o venezolanos, por motivos de estabilidad económica e inversiones.
Tovar considera que las palabras de Fernández se descontextualizaron, y reiteró que la posición oficial del gobierno es la que se expresó recientemente en la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA), en Panamá.
“Nosotros seguiremos trasladando en los diferentes escenarios y foros internacionales nuestro llamado al respeto de las reglas de juego, el respeto a las reglas de juego electorales y a los derechos humanos”, señaló.
EF le preguntó directamente al canciller si Costa Rica considera que hay una dictadura en Nicaragua, pero el ministro nunca utilizó directamente esa palabra.
Sí dijo que “en Nicaragua no existe una democracia como la conocemos o como a la que aspiramos los costarricenses que haya en nuestro país vecino“.

‘Pragmatismo’
Tovar dijo que la relación con Nicaragua y sus autoridades se debe “abordar desde un punto de vista pragmático”.
Recordó que en Costa Rica existe una gran diáspora nicaragüense y que cerca del 20% del comercio nacional pasa por la frontera norte. En el pasado, Daniel Ortega ha cerrado temporalmente el paso por esa vía, en medio de conflictos diplomáticos.
Además, el canciller sumó preocupaciones de seguridad. Según dijo, la colaboración nicaragüense es y seguirá siendo crucial para abordar asuntos como el narcotráfico o la minería ilegal en Crucitas, de San Carlos.
Según resumió, a Costa Rica le “preocupan” la censura y la supresión de los derechos humanos que hay en esa nación; pero al mismo tiempo debe mantener relaciones con el país vecino.
“Nos generan preocupación muchas cosas, pero es importante entender que con Nicaragua no podemos no hablar”, señaló.
“Por más fricciones que pueda haber y por más contradicción que pueda haber dentro de nuestra visión de mundo y la visión de mundo de quienes están regentando Nicaragua, eso no significa que no podamos hablar, porque nos une una frontera”.
A continuación, la sección de la entrevista relacionada con Nicaragua. Lea la entrevista completa con el canciller en la edición impresa de El Financiero del 11 de julio de 2026.
La presidenta Fernández dijo recientemente que los nicaragüenses tienen el gobierno “que han elegido”. ¿Coincide usted con esa afirmación?
— Yo creo que hay que contextualizar. Tal vez lo que dijo doña Laura se descontextualizó.
La posición del gobierno de Costa Rica en materia política exterior y respecto a Nicaragua es la que hemos trasladado en el seno de la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA), en Panamá, hace un par de semanas. Esa es la posición de la presidente de la República, esa es la posición de la Cancillería y esa es la posición del Gobierno de la República.
En ningún momento ha habido una contradicción, sino todo lo contrario.
Nosotros siempre vamos a apelar por el cauce democrático, el restablecimiento del cauce democrático y el respeto de los derechos humanos en Nicaragua. Pero también tenemos que entender que la relación con Nicaragua es una relación que se debe manejar dentro de un contexto muy particular, muy especial, porque compartimos una frontera. Eso no lo cambia nadie.
Tenemos una diáspora muy importante de nicaragüenses aquí, cientos de miles de nicaragüenses en el país. Tenemos un comercio regional con Nicaragua y con Centroamérica que transita por esa frontera. El 18% o el 19% de nuestro comercio por el mundo pasa por esa frontera. Además, tenemos la lucha contra el narcotráfico y un espacio de colaboración que queremos fortalecer, que es la seguridad, para detener ese caos que tenemos en Crucitas. Para eso necesitamos la colaboración de las autoridades nicaragüenses.
Crucitas es, quizás, uno de los dos mayores problemas que tenemos y uno de los principales atentados contra nuestra soberanía. Ahí confluyen muchas crisis de salud por el mercurio, crisis de seguridad, trasiego de armas, crisis ambientales y hasta económicas. Por eso es que estamos impulsando un proyecto de ley en la Asamblea Legislativa para poder regular eso. Donde hay minerales siempre va a haber minería, el tema es qué tipo de minería queremos que haya.
¿Se prioriza el aspecto comercial de la relación con Nicaragua a la hora de evaluar su situación?
— Es una relación que tenemos que abordar desde un punto de vista pragmático, pero eso no quiere decir que validamos lo que ocurre en Nicaragua; la censura, la supresión de los derechos humanos que hay en esa nación.
¿En Nicaragua hay una dictadura?
— En Nicaragua esperamos que vuelva a restablecerse el cauce democrático. En Nicaragua no existe una democracia como la conocemos o como a la que aspiramos los costarricenses que haya en nuestro país vecino.
Nosotros seguiremos trasladando en los diferentes escenarios y foros internacionales nuestro llamado al respeto de las reglas de juego, el respeto a las reglas de juego electorales y a los derechos humanos.
Vemos con preocupación lo que ha habido recientemente. Las detenciones de clérigos, las detenciones arbitrarias que nos generan preocupación.
Nos genera preocupación muchas cosas, pero es importante entender que con Nicaragua no podemos no hablar. No hablar no es una opción.
Por más fricciones que pueda haber y por más contradicción que pueda haber dentro de nuestra visión de mundo y la visión de mundo de quienes están regentando Nicaragua, eso no significa que no podamos hablar, porque nos une una frontera.
Me quedó debiendo un “sí” o un “no” sobre el término “dictadura”.
— Yo ya se lo he contestado. En Nicaragua no consideramos que estén operando bajo las reglas de juego que una democracia exige. En sentido contrario, usted es una persona muy sofisticada y entenderá que eso no corresponde con nuestra visión de mundo.
Usted comprenderá que las palabras cuentan y no lo he escuchado decir la palabra “dictadura”.
— Se lo puedo decir. Se lo dije ya.
