La presidenta de la República, Laura Fernández, realizó en septiembre su primer viaje internacional a Colombia para sostener una reunión de urgencia con el mandatario de ese país, Abelardo de la Espriella. El encuentro tuvo como eje la seguridad y la lucha contra el narcotráfico.
El tema de la criminalidad, que formó parte de la campaña presidencial de Fernández, se ha mantenido como uno de los principales ejes de trabajo de su administración durante los primeros cuatro meses de mandato.
En los últimos años, Costa Rica ha atravesado un periodo de alta violencia. En 2023 registró un récord histórico de 907 homicidios y, aunque la cifra disminuyó posteriormente, se mantuvo por encima de los 870 casos: fueron 872 en 2024 y 870 en 2025.
La preocupación también se refleja entre la ciudadanía: la inseguridad y la delincuencia son señaladas como el principal problema del país en la última encuesta del Centro de Investigación y Estudios Políticos de la Universidad de Costa Rica (CIEP-UCR). Costa Rica (CIEP-UCR). Ese peso que tiene la seguridad en la agenda nacional también empieza a reflejarse en la política exterior.
La seguridad regional no es un asunto nuevo en la política exterior costarricense. Lo que empieza a cambiar es el lugar que ocupa dentro de ella y la narrativa con la que el Gobierno la aborda. Mientras en administraciones anteriores estuvo vinculada con la defensa de la paz, la democracia y la cooperación, la administración Fernández pone el acento en la lucha contra el narcotráfico, el crimen organizado y los delincuentes.
Este giro apunta a un proceso de ‘securitización’ de la política exterior costarricense, en el que los asuntos de seguridad adquieren prioridad frente a otros temas de la agenda internacional. La decisión de la mandataria de ausentarse de la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) para atender de emergencia asuntos de seguridad en Colombia es una de las expresiones más claras de ese cambio.
Carlos Murillo, director del Observatorio de Desarrollo de la Universidad de Costa Rica (UCR), considera que la narrativa del Estado costarricense está articulándose alrededor del crimen organizado y de la cercanía con las políticas de seguridad de Washington.
Esa alineación también tiene una expresión concreta. Costa Rica forma parte del Escudo de las Américas, una iniciativa de seguridad hemisférica impulsada por el gobierno de Estados Unidos (EE. UU.) durante la administración de Donald Trump.

Un primer viaje marcado por la seguridad
El sentido de urgencia con el que Casa Presidencial anunció el primer viaje internacional de Fernández dejó claro el lugar que ocupa la seguridad en la agenda de la nueva administración. La comitiva costarricense que viajó a Colombia incluyó al ministro de Seguridad, Gerald Campos; al ministro de Justicia y Paz, Gabriel Aguilar; y al director de Inteligencia, Pablo Martínez.
Pero el viaje no solo estuvo marcado por los funcionarios que acompañaron a la presidenta: también por el lenguaje utilizado por Fernández para referirse a la migración y la criminalidad.
Durante una conferencia de prensa en Barranquilla, la mandataria afirmó que Costa Rica no recibiría ninguna “basura” que Colombia estuviera “limpiando”. La expresión introdujo un tono más confrontativo en el discurso con el que el Gobierno aborda asuntos de seguridad que también tienen una dimensión internacional.
Para Gerald Solano, académico e investigador de la cátedra de la Organización Mundial del Comercio (OMC) de la Universidad Nacional (UNA), la visita no produjo, al menos públicamente, grandes resultados que hayan sido dados a conocer hasta ahora.
Uno de los principales asuntos anunciados fue la solicitud para eliminar el requisito de visa para los ciudadanos colombianos que quieran ingresar a Costa Rica. Para Solano, sin embargo, la discusión dejó en segundo plano otros mecanismos de cooperación que podrían tener una relación más directa con el combate al crimen organizado.
“Más allá de los desabruptos de la presidenta con el tema de la ‘basura’, llama la atención que no se habla precisamente de cooperación técnica para identificar, por ejemplo, posibles narcotraficantes o crimen organizado que permita el intercambio de información en términos migratorios”, señaló Solano.

Una política exterior más cercana a Washington
Los gobiernos latinoamericanos que mantienen una relación cercana con la administración de Trump comparten, entre otros asuntos, una agenda centrada en seguridad, combate al crimen organizado y cooperación regional en esa materia.
Costa Rica se ha incorporado a ese espacio mediante su participación en el Escudo de las Américas, aunque la iniciativa también provocó una crisis dentro del propio Gobierno.
Días atrás, Fernández despidió al entonces canciller, Manuel Tovar, luego de que este participara en una reunión del Escudo de las Américas convocada por Trump, a la que asistieron jefes de Estado y ministros de Relaciones Exteriores de los países miembros.
Según explicó Casa Presidencial, Fernández no había sido informada por Tovar sobre la convocatoria ni sobre su participación. El ahora exministro se encontraba en EE. UU., donde, además de asistir a una reunión con el secretario de Estado, Marco Rubio, tenía previsto participar en actividades de la ONU ante la ausencia de la presidenta.
Zapote anunció que la ausencia de la mandataria en la reunión del Escudo de las Américas “causó un gran daño de carácter estratégico”.
Mientras Fernández atendía en Colombia una agenda concentrada en el narcotráfico y el crimen organizado, la Asamblea General de la ONU abordaba otros asuntos de alcance internacional vinculados con la seguridad. Entre ellos, el impacto de la inteligencia artificial en la seguridad internacional, tema que fue discutido por primera vez en una sesión especial del Consejo de Seguridad.
El contraste ayuda a dimensionar el giro que empieza a tomar la política exterior costarricense: la seguridad no solo gana espacio dentro de la agenda internacional del país, sino que comienza a ocupar un lugar central en las prioridades de la presidenta y en la definición de sus primeros movimientos en el escenario internacional.
