Para un turista que llega a Costa Rica, buena parte de la información que antes debía obtener de un guía ahora cabe en una conversación con inteligencia artificial (IA): qué visitar, cómo llegar, qué historia hay detrás de un sitio e incluso qué opciones existen en una determinada zona.
La tecnología está cambiando la manera en que los viajeros se informan y abre una discusión sobre el papel que tendrán los profesionales en turismo. Mientras algunos especialistas consideran que la IA ya representa un reto para la formación y el ejercicio de la profesión, desde el sector de operadores turísticos la lectura es distinta: la herramienta puede recomendar un destino, pero no necesariamente puede hacerse responsable del servicio que contrata un viajero.
Los profesionales en turismo funcionan como un puente entre los visitantes nacionales y extranjeros y los destinos que recorren durante una estadía corta o prolongada. Hoteles, restaurantes, agencias de viajes y hasta clínicas privadas cuentan con este tipo de profesionales entre sus planillas.
Su preparación abarca áreas como contabilidad, historia, administración, ecoturismo e inglés. Ahora esos conocimientos conviven con una herramienta capaz de entregar información de manera inmediata, en distintos idiomas y a cualquier hora del día.
Ramón Madrigal, rector de la Universidad de Turismo (UTUR), considera que esa transformación todavía no se refleja completamente en las aulas. Aseguró que los programas de estudio que actualmente ofrecen los centros de educación superior “no tienen una materia de inteligencia artificial” que prepare a los estudiantes para utilizar esta tecnología como aliada de sus labores y no como una competencia directa.
La discusión también alcanza uno de los conocimientos que durante años ha formado parte de la preparación de los profesionales del sector: los idiomas.
La IA permite al usuario consultar información y recibir respuestas en su idioma natal, una facilidad que puede reducir una de las barreras que enfrenta un visitante cuando llega a un destino extranjero. Para Mario Socatelli, profesor adjunto en la Facultad de Ambiente y Desarrollo de la Universidad para la Cooperación Internacional (UCI), aprender idiomas como francés y alemán sigue siendo clave para ofrecer un servicio más personalizado.
Los idiomas que menciona Socatelli tienen además un peso concreto en el mercado turístico costarricense. Datos del Instituto Costarricense de Turismo (ICT) muestran que, durante el primer semestre de 2026, Alemania y Francia estuvieron entre los países de origen con mayor cantidad de llegadas de viajeros a Costa Rica, después de Estados Unidos, Canadá y México.
Pero la necesidad de adaptarse a la tecnología no es percibida de la misma manera en todo el sector.
Álvaro Arguedas, presidente de la Asociación Costarricense de Operadores de Turismo, considera que el avance de la IA todavía no se ha convertido en un reto para los operadores que representa. Su argumento parte de una diferencia entre recibir información y contratar un servicio: un turista puede pedirle a una herramienta que le recomiende un lugar, pero cuando adquiere un producto turístico necesita también saber a quién recurrir si algo sale mal.
Esa diferencia coloca sobre la mesa uno de los elementos que, según los representantes del sector, todavía distingue al profesional de turismo de una herramienta digital: la responsabilidad frente al cliente y la capacidad de responder ante situaciones imprevistas.

Formación en turismo
La oferta académica refleja la amplitud de conocimientos que requiere la industria. Universidades públicas y privadas ofrecen carreras como Administración Hotelera, Guía de Turismo y Turismo Sostenible, entre otras.
El catálogo comprende desde diplomados hasta maestrías. En instituciones privadas, por ejemplo, el bachillerato puede completarse en un promedio de dos años y ocho meses si el estudiante matricula el bloque completo de cada cuatrimestre.
Según la Radiografía Laboral 2025, elaborada por el Observatorio Laboral de Profesiones (OLAP) del Consejo Nacional de Rectores (Conare), los profesionales graduados en Turismo entre 2020 y 2022 reciben un salario mensual promedio de ¢627.661.
La misma radiografía señala que Morpho Travel Experience, el Ministerio de Educación Pública y BCD Travel son los tres principales empleadores de estos graduados. En cuanto al inglés, el 90,9% reportó dominio del idioma.
Cuando se trata de inteligencia artificial, el porcentaje es menor: el 51,2% de los graduados entre 2020 y 2022 indicó que utiliza esta tecnología en su trabajo.
Es decir, aunque más de la mitad ya recurre a la IA en sus labores, todavía existe una proporción importante que no la utiliza en el trabajo.
Para Madrigal, la brecha no depende únicamente de lo que ocurre en las universidades. También está relacionada con las prioridades de las empresas del sector.
“Nosotros, como universidad, hicimos una convocatoria a la industria turística costarricense de un curso de IA usando aplicaciones desarrolladas para la operación hotelera. Nadie llegó. Y cuando indagamos qué pasó, nos enteramos que la apreciación del colón frente al dólar es la prioridad en la agenda gerencial de la industria”, recordó.

El reto tecnológico
Mientras parte del sector todavía concentra su atención en otros desafíos, los viajeros ya tienen acceso a herramientas capaces de modificar la forma en que planifican sus recorridos.
Con la IA, un turista puede consultar recomendaciones, comparar alternativas, conocer la historia de una comunidad o una atracción natural y obtener información sobre gastronomía. También puede hacerlo en distintos idiomas y sin depender de los horarios de atención de una empresa o de un guía.
Eso no significa, necesariamente, que todas esas funciones sustituyan un servicio turístico. Ahí se encuentra precisamente la diferencia que plantea Arguedas: una herramienta puede proporcionar información, pero no responde de la misma manera ante una cancelación, un inconveniente durante un recorrido o un problema con el servicio contratado.
Para Socatelli y Madrigal, el acelerado desarrollo de estas tecnologías representa un reto que los profesionales deben incorporar a su preparación. Para los operadores turísticos representados por Arguedas, en cambio, la IA todavía no ocupa el lugar de la persona que acompaña al visitante y responde por el servicio.
Entre ambas posiciones aparece un cambio que ya es difícil de ignorar: el turista tiene cada vez más herramientas para informarse por su cuenta.
Por eso, el desafío para los profesionales en turismo no necesariamente consiste en competir con la IA por quién ofrece más información, sino en desarrollar aquello que una herramienta digital no puede proporcionar de la misma manera: atención humana, capacidad para resolver situaciones imprevistas, conocimiento del contexto y responsabilidad frente al cliente.
