Costa Rica continúa siendo un país que respalda la democracia, donde el 75% de la población asegura que la sigue considerando como el mejor modelo para gobernar. Sin embargo, esa radiografía general esconde a otra Costa Rica: una menos democrática.
El abstencionismo alcanzó un 40% en 2022 —el doble que hace 40 años—, y en 80 distritos del país incluso superó el 50%.
Según la última encuesta del CIEP-UCR, además, hay un 25% que no muestra preferencia por la democracia; es decir, uno de cada cuatro costarricenses cree que un gobierno autoritario puede ser mejor que uno democrático en algunos casos o, del todo, le dan lo mismo.
¿Dónde está esa Costa Rica menos democrática? EF revisó los datos de abstencionismo de los últimos 40 años y le muestra los principales hallazgos.

Abstencionismo y pobreza
Responder dónde se ubica la Costa Rica menos democrática es una pregunta compleja.
Para intentarlo, EF usó como referencia los datos de participación electoral de las últimas 11 elecciones nacionales en sus primeras rondas.
Con esa información, fue posible calcular un promedio de abstencionismo por cantón y dividir a cada territorio en cinco niveles: muy alto (35% o más), alto (de 30% a 35%), medio (de 25% a 30%), bajo (20 a 25%) y muy bajo (menos de 20%). El rango medio es el nivel general del país, que en los últimos 40 años registró un abstencionismo promedio del 28%.
A partir de ese cálculo, fue posible determinar que la gran mayoría de cantones con niveles de abstencionismo “alto” y “muy alto” se situaban en la periferia del país; es decir, en el Caribe, la Zona Sur, el Pacífico Norte y el Pacífico Central. Dentro de la Gran Área Metropolitana (GAM), solo Alajuelita entró dentro de la clasificación “alta” y ningún territorio lo hizo dentro del bloque “muy alto”.
Esta situación tiene que ver con un fenómeno social altamente estudiado por la academia: la correlación entre los menores índices de desarrollo social y económico, y los menores niveles de participación democrática.
Natalia Morales, coordinadora del Programa Estado de la Nación, lo explicó en pocas palabras: “la participación electoral cae menos en los sectores más beneficiados por el modelo de crecimiento económico, pero cae más pronunciadamente en el resto de las capas, porque el sistema no trabaja para ellos”, señaló.
Para ver esa correlación entre desarrollo socioeconómico y participación democrática, EF también realizó un segundo ejercicio. Puntualmente, se tomaron los datos de abstencionismo de cada cantón en 2022 y se contrastaron con la más reciente calificación que obtuvieron en el Índice de Competitividad Nacional, publicado este 2025 por el Consejo de Promoción de la Competitividad (CPC).
A partir de ese ejercicio, se determinó la existencia de una correlación de -0,7 (estadísticamente muy alta), lo cual quiere decir que, entre peores condiciones de infraestructura, innovación, instituciones, educación y salud que enfrenta cada población, peor es su nivel de votación.
En cantones como Belén, Cartago, Santo Domingo y Flores se registraron los mejores niveles de participación democrática y también los mejores desempeños en la medición del ICN; mientras que en cantones como Golfito, Garabito, Corredores y Siquirres se contabilizaron los mayores niveles de abstencionismo y también algunos de los peores registros de competitividad.
Esta situación, además, no solo se puede observar entre cantones. También es perceptible cuando se hace zoom en sus distritos.
Para lograrlo, EF tomó los niveles de abstencionismo cantonales y los desmenuzó por cada una de sus divisiones territoriales, y encontró que el patrón se repite: los distritos donde hay menor participación son los que peores condiciones tienen.
Los datos más altos de abstencionismo en la GAM, por ejemplo, se registraron en Los Guido (52,9%), León XIII (47,4%), Purral (46,3%), Río Azul (47%) y San Felipe (45,4%); a pesar de que en los cantones de Desamparados, Tibás, Goicoechea, La Unión y Alajuelita —a los cuales todos ellos se circunscriben— los porcentajes generales oscilaron entre el 24% y el 32%.
Algo similar pasa en los cantones periféricos. En ellos, la participación electoral también decae dentro de sus distritos más empobrecidos.
A nivel general, hasta 80 distritos registraron niveles de abstencionismo superiores al 50%; es decir, fueron territorios en los que uno de cada dos ciudadanos prefirió no salir a las urnas hace cuatro años. Además, en cinco distritos el indicador subió por encima del 60%.
Esos cinco distritos fueron Isla del Coco de Puntarenas, Dos Ríos y San José de Upala, Llanuras del Gaspar en Sarapiquí, y Colorado de Pococí: sitios en los que, según un reciente análisis del mercado laboral hecho por EF, se registran apenas tres o menos salarios formales por cada 100 habitantes en edad de trabajar.
Fenómeno creciente
El abstencionismo, además, es un fenómeno creciente.
Las cifras de abstencionismo de hace cuatro años subieron en los 82 cantones del país, y solo en seis de ellos fueron menores a 3 puntos porcentuales.
Además, si se compara el abstencionismo de 2022, con el promedio de las 10 elecciones anteriores, solo hubo 17 cantones donde el crecimiento es menor a 10 puntos porcentuales.
El abstencionismo de 2022 en La Cruz, Carrillo, Garabito, Santa Cruz, Orotina, Los Chiles y Parrita fue más de 20 puntos porcentuales superior que sus promedios de entre 1982 y 2018; mientras que solo en cantones como Santo Domingo, Montes de Oca, Escazú y Dota las subidas se quedaron por debajo de 8 puntos porcentuales.
Se trata de otro fenómeno altamente estudiado en Costa Rica y el resto de América Latina: el cansancio de una alta proporción de la ciudadanía con los actores políticos e institucionales, que no han logrado frenar deterioros en campos claves de su vida cotidiana como la salud, la educación y la seguridad pública, o el ingreso de las clases medias y bajas.
Cuánto más pueda crecer este fenómeno es otra gran interrogante. El nivel de abstencionismo ya alcanzó el 50% o más en 16 cantones y otros se quedaron apenas por debajo de esa barrera.
La superaron La Cruz y Carrillo, en Guanacaste; Golfito, Corredores, Garabito, Osa, Quepos, Coto Brus, Parrita y Buenos Aires, en Puntarenas; Siquirres, Matina y el cantón central, en Limón; y Los Chiles y Sarchí, en Alajuela; y Turrubares, en San José; seguidos muy cerca por Santa Cruz, Cañas, Bagaces o Liberia, en Guanacaste; Guácimo, en Limón; y el cantón central de Puntarenas.

Problemas democráticos
Costa Rica no sucumbe a llamados autoritarios todavía, pero tampoco está libre de esa amenaza.
Según Ronald Alfaro, encargado de los estudios de opinión política del CIEP-UCR, “no se puede negar que existe un grupo de personas que preferirían vivir con un gobierno autoritario”.
Esas declaraciones las realizó en el programa Hablando Claro, transmitido por Radio Columbia, en donde recientemente analizó los resultados de la última encuesta del centro universitario.
Según ese estudio, uno de cada cuatro costarricenses no tiene preferencia por la democracia, ya sea porque “le da lo mismo” vivir con un gobierno autoritario (11,1%) o porque considera que un gobierno autoritario podría ser preferible “en algunas circunstancias” (13,6%).
Se trata de una amenaza latente o dormida, según Alfaro: personas que no siguen un patrón “homogéneo” y que tampoco vienen “de los mismos lugares”, según las aproximaciones disponibles; pero que ciertamente existen dentro del tejido social que compone la democracia ininterrumpida más longeva de América Latina y que sigue construyendo su futuro.
Más allá de todo eso, en cierta parte de la ciudadanía costarricense sí cala el populismo, entendido como la inclinación de políticos por buscar apoyo popular, aun a costa de medidas o expresiones contrarias al sistema democrático.
El presidente Rodrigo Chaves, por ejemplo, ha desarrollado una campaña de descrédito en contra de rivales, contrapesos y hasta las autoridades del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE): una estrategia que, al menos hasta ahora, le ha permitido conservar su popularidad y posicionar un mensaje continuista.
El surgimiento de una mayor dosis de populismo es otro posible efecto secundario de las desigualdades, explicó la investigadora Morales.
“Cuando el sistema no te resuelve, al final también podés terminar buscando ese caudillo o ese líder, aunque muchas veces sepás que no te va a cumplir”, explicó, sin hacer alusión directa a ningún actor en específico. “Por eso cada vez hay más antidemocráticos en el mundo, porque hay personas excluidas”, puntualizó.
