El más reciente informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, el OECD Compendium of Productivity Indicators 2026, ha vuelto a poner sobre la mesa una de las deudas estructurales más profundas de la economía costarricense: el bajo valor generado por cada hora de trabajo en el promedio nacional.
A pesar de la narrativa de dinamismo comercial que usualmente acompaña al país, la comparación internacional directa revela que el rendimiento general de nuestro tejido productivo sigue enfrentando un rezago histórico frente a las economías desarrolladas.
En el sótano del bloque global
Según el reporte del organismo, al analizar los niveles absolutos de productividad laboral —medidos como el Producto Interno Bruto (PIB) por hora trabajada en dólares constantes en Paridad de Poder Adquisitivo (PPA) con año base 2020— Costa Rica se ubica en la penúltima posición de toda la OCDE.
- El dato nacional: El indicador para Costa Rica se fija en apenas $24,10 por hora trabajada.
- El comparativo regional: El país únicamente supera en eficiencia dentro del bloque a Colombia, cuyo indicador se sitúa en los $18,70 por hora trabajada. Por el contrario, se encuentra por detrás de México, que alcanza los $24,97, y de Chile, que registra $31,84.
- La distancia con el norte: Si se compara con los Estados Unidos, que lidera el bloque principal con $84,10 por hora, la relación es de 3,5 a 1. Esto significa que un trabajador promedio en la economía estadounidense genera en una hora lo mismo que un costarricense en tres horas y media de labor.

Un techo estructural para los salarios
Esta brecha de rendimiento no es un asunto puramente estadístico. La productividad laboral es el motor subyacente que determina la capacidad de una economía para elevar los ingresos reales de sus habitantes sin generar desequilibrios inflacionarios.
El hecho de que el promedio de Costa Rica se mantenga en $24,10 evidencia que la mayor parte del empleo nacional sigue concentrada en actividades de bajo valor agregado. Aunque el régimen de zonas francas y las industrias de servicios globales empujan la frontera tecnológica hacia arriba, el peso de los servicios tradicionales y la baja capitalización de los sectores fuera de la gran área metropolitana actúan como un ancla en el promedio de la economía total.
A largo plazo, el desafío para la política pública y el sector corporativo costarricense no radica en trabajar más horas —un rubro en el que el país históricamente registra jornadas anuales extensas que superan las 2.000 horas por año—, sino en elevar la calidad de la inversión en bienes de capital, la cual actualmente se encuentra estancada en un 16% del PIB.
