El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recibirá a los “aliados más fuertes y afines del hemisferio” este 7 de marzo. Así lo redactó la propia Casa Blanca en un comunicado de prensa sobre la cumbre “Escudo de las Américas” de este sábado, que tendrá dentro de sus invitados al presidente Rodrigo Chaves y a la presidenta electa Laura Fernández.
La administración Trump presenta el foro como una “histórica coalición de naciones” para poner fin a “la injerencia extranjera” en América, “a las pandillas y los cárteles criminales” y a “la inmigración ilegal y masiva”. Sin embargo, analistas también lo visualizan como un nuevo bloque de gobernantes alineados o sometidos a las políticas del republicano.
El evento se realizará en Miami, Florida: una locación que no es casual. Ahí no solo se ubica uno de los principales campos de golf del presidente norteamericano; sino que además se ha fundado un epicentro de la derecha latinoamericana, ampliamente representada por latinos que huyeron de gobiernos de izquierda y residen en la zona.
En este artículo le mostramos cinco claves para entender la cumbre de este 7 de marzo, que se realizará en el club de golf Trump National Doral.
¿Qué es el ‘Shield of the Americas’?
El “Escudo de la Américas” (Shield of the Americas) es definida por Donald Trump como “una nueva iniciativa de seguridad en el hemisferio occidental”.
Asimismo, el mandatario le dio la dirección del proyecto a Kristi Noem, la secretaria de Seguridad Nacional recién destituida de ese cargo y férrea defensora de los programas de captura y deportación masiva aplicados en el último año.
¿Quiénes están invitados a la cumbre?
La cumbre de este 7 de marzo será la primera que realizará el foro desde su creación y contará con la participación de los jefes de Estado de 11 países.
Estarán los presidentes Javier Milei, de Argentina; Nayib Bukele, de El Salvador; Daniel Noboa, de Ecuador; Rodrigo Paz, de Bolivia; Luis Abinader, de República Dominicana; José Raúl Mulino, de Panamá; Santiago Peña, de Paraguay; Nasry Asfura, de Honduras; Mohamed Irfaan Ali, de Guyana; y Kamala Persad Bissessar, de Trinidad y Tobago; además del costarricense Rodrigo Chaves.
También fue invitado el presidente electo de Chile, José Antonio Kast; y el gobierno costarricense decidió incluir en su comitiva a Laura Fernández, quienes asumirá el cargo en mayo próximo.
¿Quiénes no están invitados?
Por fuera del Congreso quedaron representantes de diversos países; entre ellos, los de Brasil, Uruguay, México y Colombia. Esos cuatro países son dirigidos por administraciones izquierdistas, encabezadas por Luiz Inácio Lula da Silva, Yamandú Orsi, Claudia Sheinbaum y Gustavo Petro, respectivamente.
Tampoco habrá representación de Venezuela, que actualmente es dirigido por la presidenta interina Delcy Rodríguez, luego de la intervención por parte de Donald Trump y su gobierno, que incluyó la detención y la extradición de Nicolás Maduro.

¿Cuáles son sus implicaciones políticas?
Los analistas internacionales Nuria Marín y Carlos Murillo coinciden en que el objetivo de la reunión es loable, al menos en el papel. Combatir el crimen organizado es una preocupación regional y, en ese sentido, participar en la mesa de negociación podría ser relevante para países como Costa Rica.
Sin embargo, Murillo explicó que el tono de la alianza —y de las medidas que surjan en ellas— continúa siendo una incógnita, por lo que no existe garantía de que terminen siendo adecuadas o beneficiando a todas las partes por igual.
Estados Unidos ha desarrollado políticas controversiales en materia de seguridad y de inmigración en los últimos meses; y muchas de ellas incluso son cuestionadas por violar derechos humanos de ciudadanos latinos y hasta norteamericanos. Un costarricense incluso falleció, en condiciones todavía opacas, luego de permanecer en cautiverio de las autoridades del Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) en suelo estadounidense.
Días atrás, el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, se reunió con los representantes de países latinoamericanos del nuevo foro, y realizó afirmaciones que no pasaron desapercibidas. Entre ellas, relacionó a la migración masiva con el fin de la civilización “occidental y cristiana”, y también le pidió a sus contrapartes “hacer más” en la lucha contra el narco.
Por otra parte, analistas locales e internacionales coinciden en que la lista de invitados está compuesta casi exclusivamente por mandatarios con tendencias conservadoras, que han mostrado afinidad o sumisión frente al gobierno de Donald Trump.
En ese sentido, la cumbre representa un gesto político más por parte de esos gobernantes, que buscan mantener una relación estrecha con Trump y eventuales beneficios asociados.
¿Qué representa para Costa Rica?
Para Marín, los problemas de inseguridad y narcotráfico en la región son innegables, y requieren una atención urgente. En ese sentido, considera correcto que Costa Rica busque integrarse a esfuerzos regionales en la materia.
“En Costa Rica no tenemos ejército y entonces necesitamos grandes aliados para combatir ese cáncer, que todavía sigue contenido y puede extirparse, siempre dentro del marco del respeto de los derechos humanos”, señaló.
Fuera del marco exclusivo de la seguridad regional, añadió Murillo, la participación del Gobierno de Costa Rica en el evento implica una nueva confirmación de amistad con la administración Trump y con Estados Unidos, en tiempos en los que la potencia norteamericana busca revivir la doctrina Monroe y tener una influencia más directa en el resto del continente y sus entornos políticos.
“Cuando uno ve quiénes participan en esta cumbre, de inmediato se evidencia que son gobiernos conservadores, con alianzas ya establecidas con los Estados Unidos y, en algunos casos, subordinados a su política, como Costa Rica”, explicó.
Según el analista, los mandatarios costarricenses seguramente esperan obtener algún tipo de beneficio de ese compromiso con la administración Trump, aunque “la jugada es arriesgada”, tomando en cuenta que el gobierno del republicano ha sido tan volátil como ha demostrado en sus acciones.
“No hay total certeza de que se vaya a responder a esos compromisos”, añadió Murillo, quien también ve en la presencia de Fernández un mensaje de continuidad. “Acudir deja claro que hay intenciones de continuidad en esas relaciones que priorizan una relación armoniosa con Estados Unidos por encima de otras con Europa, China y otros países”.

¿Qué representa para Rodrigo Chaves y para Laura Fernández?
En el caso puntual de Rodrigo Chaves y Laura Fernández como figuras políticas individuales, la ganancia puede ser más simbólica que de cualquier otro tipo. Según Murillo, su mayor logro será conseguir “proyección internacional para consumo doméstico”; es decir, la oportunidad de decirle a la población que mantienen una alianza activa con Estados Unidos y con su máximo representante político.
“Esto irá dirigido más al sector de la población que apoya al gobierno y que quiere presumir aliados firmes, que les reconocen”.
Por otra parte, tanto Chaves como Fernández también quedarán retratados junto a Trump y otros líderes de la derecha latinoamericana: un factor que puede acarrearles consecuencias positivas o negativas en el futuro, según culminen y se recuerden sus gestiones.
“A veces termina siendo más o menos bueno aparecer al lado de ciertos gobernantes”, subrayó el académico de la Universidad de Costa Rica (UCR).
