Costa Rica volvió a registrar en 2025 una generación eléctrica casi 100% renovable. Pero el regreso ocurrió meses después de que el país enfrentó sequías, temor a racionamientos y un fuerte repunte del uso de plantas térmicas que expuso la fragilidad del modelo eléctrico nacional.
La producción de energía por medio de combustibles alcanzó un 5% en 2023 y un 10% en 2024: los niveles más altos registrados en años recientes.
La recuperación de 2025 fue significativa. Sin embargo, la experiencia reciente dejó expuestas vulnerabilidades incómodas.
Costa Rica presume de su electricidad verde, pero depende en gran medida de que llueva para conseguirla y las condiciones ambientales son cada vez más impredecibles.

Dependencia hídrica
La combinación de una menor lluvia, la reducción del agua en los embalses y el aumento del consumo eléctrico tensó el sistema eléctrico nacional en 2023 y 2024, y obligó a Costa Rica a buscar fuentes alternativas de rescate.
La generación térmica —que se produce mediante combustibles fósiles como el diésel o el búnker— volvió a aparecer después de años de mantenerse en niveles casi nulos; y también repuntaron las importaciones de electricidad desde el Mercado Eléctrico Regional (MER).
El Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) incluso anunció posibles racionamientos eléctricos en mayo de 2024; aunque finalmente no ocurrieron en las dimensiones previstas.
A pesar de eso, la situación desnudó un problema mayor: aunque Costa Rica dispone de una matriz eléctrica mayormente renovable, depende en gran medida de la producción por medio del agua, y ese modelo es altamente vulnerable frente a los fenómenos ambientales.
Según los datos oficiales de la División de Operación y Control del Sistema Eléctrico (DOCSE) del ICE, el 76% de la energía eléctrica que se produjo en 2025 provino de los embalses; y solo una proporción menor de los parques eólicos y geotérmicos.
El punto crítico se puede resumir en pocas palabras: “una sequía extrema (en 2023 y 2024) nos dejó a un aguacero de un apagón nacional”, tal como redactó el presidente de la Cámara de Industrias, Sergio Capón, en un reciente artículo de opinión publicado en medios nacionales.

El clima y las presiones
La situación reciente abrió un debate complejo que todavía está lejos de resolverse: cuán preparado está el sistema eléctrico costarricense para enfrentar escenarios climáticos cada vez más variables y de demanda creciente.
Según los datos oficiales del ICE, el país acumula cinco años de crecimiento constante de la demanda eléctrica por encima del promedio del período 2010-2020. La tendencia se mantiene hasta abril de este año, con un nuevo incremento del 3,39% en comparación con el mismo punto del año pasado.
El avance de nuevas industrias tecnológicas, el impulso de los vehículos eléctricos y el aumento general del consumo inciden en ese fenómeno.
En ese contexto, la CICR considera que el reto va más allá de producir energía limpia. También se trata de garantizar suficiente energía, a precios competitivos y con una mayor cantidad de fuentes.
“El desafío no es solo ambiental, sino también de escala y eficiencia”, señaló Capón en su análisis.
El ICE proyecta inversiones millonarias y nuevos proyectos renovables para reforzar la capacidad durante los próximos años, pero también apura un megaproyecto de generación térmica para asegurar la oferta necesaria.
El diario La Nación reveló en mayo de este año que el ICE aceleró la contratación directa de la planta térmica de Moín IV, bajo el argumento de garantizar el suministro eléctrico nacional en un contexto internacional incierto. Este es un proyecto con un costo de $340 millones y que tendría capacidad para producir 200 megavatios por medio de combustibles
En el pasado, el Instituto ha planteado que Moín IV tendría “un rol esencial para respaldar” la nueva capacidad de generación solar y eólica que se pretende instalar en el corto plazo.
La Nación también publicó que el ICE impulsa una contratación directa “de urgencia” para alquilar plantas privadas de generación térmica por hasta $415,8 millones entre 2027 y 2029, frente a los eventuales efectos del fenómeno de El Niño y la salida temporal de operación de tres plantas hidroeléctricas y una geotérmica que requieren mantenimiento.
Ambos casos reflejan la tensión ambiental detrás del modelo energético costarricense. Mientras Costa Rica busca ampliar su generación renovable, también necesita construir capacidad de respaldo por medio de combustibles fósiles.
Esas tensiones también inciden en las grandes discusiones nacionales sobre el mercado eléctrico; por ejemplo, en relación con la apertura a negocios privados. Sectores empresariales sostienen que el país requiere nuevos actores en el mercado, además del ICE, para expandir con mayor profundidad la matriz energética en el largo plazo.
Esa postura también la defiende la presidenta Laura Fernández. “Lamentablemente al ICE, aunque muy bueno, no le alcanza la capacidad para llevarnos a donde ocupamos estar en los próximos 25 años”, decía este 27 de mayo, en defensa del proyecto de apertura del mercado eléctrico que se discute en el Congreso.

Discusión permanente
Los fenómenos ambientales y su impacto en la matriz energética costarricense, por otra parte, no son un asunto aislado de 2023 y 2024. La discusión incluso podría regresar antes de lo esperado, este 2026.
El 2025 estuvo influenciado por condiciones lluviosas, producto del fenómeno de La Niña, pero organismos locales e internacionales mantienen en vigilancia el posible regreso de El Niño este año, incluso con más fuerza.
Si eso pasa, habría lluvias y más presión sobre los embalses hidroeléctricos, lo cual podría derivar en un mayor uso de las plantas térmicas.
Hasta abril de este 2026, Costa Rica usó combustibles fósiles para producir un 4,9% de su electricidad total. Ese porcentaje suele decaer con la entrada de las lluvias, pero una nueva sequía podría afectar ese comportamiento esperado.
Según advirtió la Universidad Estatal a Distancia (UNED), las proyecciones de las que actualmente dispone el Instituto Meteorológico Nacional (IMN) indican que el país podría enfrentar una disminución del 30% en sus lluvias y un aumento en las temperaturas de hasta 1 °C durante el segundo semestre de este años.
Al respecto, el director del IMN, Werner Stolz, explicó al periódico La Nación que la entidad ya coordina una mesa técnica con otras 10 instituciones, incluido el ICE, para analizar la situación y coordinar las acciones de mitigación que puedan requerirse en cada caso.
Y al fenómeno de El Niño se suma el calentamiento global, en términos generales.
Los investigadores del Programa Estado de la Nación (PEN) advirtieron en su más reciente informe, publicado este 2025, que el país vive crecientes vulnerabilidades ambientales.
En cuanto a las lluvias, puntualmente, señalaron que para finales de siglo se estima una disminución de las precipitaciones de entre un 20% y un 40% en amplias zonas del territorio.
EF envió varias consultas al ICE sobre sus planes de generación térmica y renovable para los próximos años; sin embargo, la entidad no respondió hasta el cierre de esta edición.
Costa Rica volvió a colocarse como uno de los países con mayor generación eléctrica renovable del planeta en 2025. Pero el regreso al 98% renovable coincide con advertencias sobre un nuevo episodio de El Niño y con inversiones millonarias en respaldo térmico para garantizar el suministro.
El sistema continúa siendo verde, pero las grietas de los últimos veranos no terminan de cerrarse.
