En el tablero de la competitividad costarricense, existe un “impuesto” silencioso que no aparece en los estados financieros, pero que golpea directamente la línea de flotación de las empresas y del Estado. De acuerdo con el estudio “Carga Socioeconómica de las principales enfermedades en ocho países de América Latina”, presentado por la Federación Latinoamericana de la Industria Farmacéutica (FIFARMA) y la Federación Centroamericana y del Caribe de Laboratorios Farmacéuticos (Fedefarma), Costa Rica pierde anualmente el 4,0% de su Producto Interno Bruto (PIB) debido a la carga de enfermedad.
Esta cifra se traduce en aproximadamente $2.800 millones anuales (a precios constantes de 2015) o unos 1,4 billones de colones. Al proyectar este impacto a valores de 2025, la factura asciende a los $3.800 millones, reflejando cómo el crecimiento económico se ve lastrado por el debilitamiento del capital humano.
El capital humano como activo financiero
Para la doctora Karla Hernández Villafuerte, investigadora senior de economía de la salud del Instituto WifOR (Alemania), el análisis parte de una premisa económica: el capital humano es la combinación de capacidades y conocimientos que producen bienes y servicios. La “carga de enfermedad” es el grado en que las patologías reducen la capacidad de la población para utilizar ese activo.
El impacto en Costa Rica se desglosa en métricas que afectan directamente la operatividad del mercado laboral:
- Días de trabajo perdidos: Para compensar la productividad cedida ante la enfermedad, cada costarricense mayor de 15 años tendría que trabajar 9,4 días adicionales al año.
- Costo per cápita: La pérdida económica acumulada entre 2018 y 2022 alcanzó los $12.500 millones, lo que representa un golpe de casi $3.000 por persona adulta.
- Posición regional: Costa Rica ocupa el cuarto lugar en impacto económico entre ocho países analizados (por debajo de México, Brasil y Argentina).

Diabetes y migraña: los principales detractores
Siete enfermedades concentran este drenaje de recursos: cardiovasculares, neoplasias, cardiopatías isquémicas, infecciones respiratorias, cáncer de mama, diabetes tipo 2 y migraña.
Sin embargo, el comportamiento de la diabetes mellitus tipo 2 en el país es motivo de alarma para los analistas de FIFARMA. Según el estudio, desde 2014 el impacto socioeconómico de la diabetes en Costa Rica ha crecido de forma más acelerada que en la mayoría de sus pares regionales, siendo superado únicamente por México en términos de carga económica relativa.
Por otro lado, la migraña se posiciona como una “amenaza invisible” para la productividad corporativa. Al afectar principalmente a la población en edad productiva y de forma desproporcionada a las mujeres, contribuye no solo al ausentismo, sino a brechas de género en la fuerza laboral.
El efecto multiplicador: ROI de la prevención
Uno de los puntos más críticos para los tomadores de decisiones es el efecto “spillover” o derrame. La investigación liderada por WifOR y FIFARMA estima que la salud tiene un multiplicador económico de 2,19 en el contexto nacional. Esto significa que por cada 1,0% del PIB que se recupera mediante la reducción de la carga de enfermedad, se genera un 1,19% adicional en el resto de la economía gracias a la estabilidad de la demanda y la continuidad operativa.
El informe advierte que la carga socioeconómica no solo presiona al sistema de salud (que ya consume un 7,2% del PIB), sino que amenaza la sostenibilidad del sistema de pensiones debido a la mortalidad temprana y las jubilaciones prematuras.
“La disminución de la fuerza laboral se traduce en una reducción de los insumos, provocando un aumento de los costos de producción y una disminución de la oferta”, destaca el comunicado oficial del encuentro. A esto se suma el fenómeno del presentismo —trabajadores que asisten enfermos pero con menor rendimiento—, cuyos costos ocultos por errores y baja calidad pueden ser iguales o superiores al ausentismo tradicional.
En última instancia, el análisis de WifOR y FIFARMA sugiere que la salud en Costa Rica ha dejado de ser una variable meramente social para convertirse en un indicador de competitividad macroeconómica indispensable para el crecimiento del país.
