Por: .   9 abril, 2017
 Familiares, vecinos y amigos de un Jemer Rojo rezan al frente de unos monjes budistas en su funeral, en la villa Veal Hat, en las afueras de Malai. Algunos exsoldador y oficiales seguidores de Pol Pot han adoptado el capitalismo con el mismo vigor como cuando trataban de destruirlo.
Familiares, vecinos y amigos de un Jemer Rojo rezan al frente de unos monjes budistas en su funeral, en la villa Veal Hat, en las afueras de Malai. Algunos exsoldador y oficiales seguidores de Pol Pot han adoptado el capitalismo con el mismo vigor como cuando trataban de destruirlo.

Durante años, Tep Khunnal fue el dedicado secretario personal de Pol Pot y siguió siendo leal al carismático líder ultracomunista, aun cuando el movimiento del Jemer Rojo se desplomara a su alrededor a finales de los noventa.

Obligado a reinventarse tras la muerte de Pol Pot, huyó a este puesto de avanzada en la frontera tailandesa y empezó a seguir a un tipo diferente de gurú: el teórico de la administración y consultor empresarial, Peter Drucker, un austríaco-estadounidense.

“Me di cuenta de que algunos países en Sudamérica, en Japón, estudiaban a Drucker y usaban las ideas de Drucker y hacían prósperos a los países”, contó.

Casi todos los habitantes de este pueblo, polvoso pero lleno de movimiento, fueron soldados o cuadros del Jemer Rojo, así como sus familias, pero han llegado a abrazar al capitalismo con casi tanto vigor como cuando peleaban por destruir las distinciones de clase, el libre comercio y hasta el dinero mismo.

Tep Khunnal ayudó a guiar el camino como un fundador de una compañía de exportaciones agrícolas y un pequeño banco microfinanciero para campesinos antes de ascender y convertirse en gobernador de distrito. Desde esa posición, alentó a sus electores a seguirlo rápidamente.

Al mercado local, con un brillante letrero verde en la fachada, en el que aparecen billetes de dólares volando —un anuncio de una empresa de telecomunicaciones— lo maneja una sociedad anónima, propiedad de quienes fueron funcionarios del Jemer Rojo. Inspirados en el primer banco campesino de Tep Khunnal, ahora hay seis de ellos en Malai.

El éxito de esta empresa agrícola se ha creado alrededor de una docena de empresas de exportación de yuca, en su mayoría encabezadas por exsoldados del Jemer Rojo o sus seguidores. Cada tarde entre semana, se congestiona la calle principal del pueblo debido a una fila de camiones de colores brillantes que transportan yuca a la frontera.

De comunistas a capitalistas

“Nos unimos a los comunistas y ahora nos unimos a los capitalistas, lo que es mucho mejor”, notó Dim Sok, un funcionario local.

Dim Sok, de 65 años, era un campesino casi analfabeta cuando se hizo revolucionario en 1970, peleó en las selvas con el Jemer Rojo durante cinco años antes de tomar el poder. En un esfuerzo por rehacer al país y convertirlo en una utopía agraria, el gobierno del Jemer Rojo llevó a la población urbana para que viviera como campesina, y destrozó los bancos y las escuelas. Murieron por lo menos 1,7 millones de personas durante los casi cuatro años de su régimen.

Cuando los derrocaron, en 1979, se retiraron a bastiones como Malai en el extremo occidental de Camboya, junto con miles de soldados y partidarios. Mientras que Pol Pot siguió restringiendo la libre empresa en zonas bajo su control, a los habitantes de Malai se les permitió realizar algo de mercadeo y amasar propiedad personal a partir de los 90.

La zona se separó del Jemer Rojo en 1996, en parte, para evitar los intentos de Pol Pot para volver a colectivizar la propiedad y poco después, miles de excomunistas recaudaron capital para construir el mercado, emitiendo acciones en una sociedad anónima.

Cada accionista tiene derecho a dividendos trimestrales con base en las rentas que pagan los vendedores. La tasa de retorno es elevada: Dim Sok dijo que obtiene $10 cada tres meses por una inversión inicial de unos $50. “Es como una bolsa de valores”, dijo resplandeciente.

Dim Sok comentó que no ve ninguna contradicción entre su vida actual y los años que pasó imponiendo un tipo pródigo de comunismo.

“En la ideología comunista, se acusa al capitalismo de explotar a las personas”, señaló. “Pero ahora estamos en una sociedad capitalista y, de hecho, hay dos cosas que pueden pasar: te pueden explotar, pero tú también puedes evitar que otros te exploten”.

Muchos aquí parecen haber manejado eso hábilmente.

Nget Saroeun, de 62 años, fue soldado por más de dos décadas, gran parte de las cuales estuvo en la guerra de guerrillas en las montañas alrededor de Malai. Hoy, es un campesino próspero que renquea por sus campos vigorosamente con todo y que perdió una pierna a causa de una mina terrestre. Es hincha del equipo inglés de fútbol Arsenal, le gusta revisar los precios de las materias primas y leer —en su m— sobre las nuevas técnicas agrícolas.

“Antes, era muy difícil aquí”, dijo. “Había pura selva. Ahora está lleno de casas de concreto”.

Elogió a Tep Khunnal por haberle enseñado a los campesinos “a satisfacer las demandas del mercado”, cultivando nuevas cosechas, como la yuca, que se puede procesar para hacer almidón o alimento para animales.

Buena administración

Malai todavía era un bastión selvático, infestado por el paludismo, cuando Tep Khunnal se mudó en 1998, con la viuda de Pol Pot, con quien se casó poco después del fallecimiento de su jefe.

Junto con Soom Yin, un exsoldado con muy poca instrucción, pero muy diestro, consiguió un crédito bancario para poner a prueba algunas de sus ideas. Su compañía adquirió la primera secadora de maíz de la zona; de Tailandia, importaron un nuevo tipo de maíz resistente al sol, y establecieron un sistema de control de calidad para el maíz y la yuca que pasaban por su bodega.

Hoy, Soom Yin es dueño de la exportadora más grade de la zona y puede hablar durante horas sobre las minucias del comercio de la yuca, desde los niveles de humedad hasta las fluctuaciones en los precios. En su tiempo libre, lee libros sobre administración.

Las formas del Jemer Rojo son “muy antiguas ahora”, comentó. “Yo ya ni siquiera sueño con eso. Solo hacemos negocios”.

Tep Khunnal, de 67 años, retirado del gobierno y los negocios hace unos años, ahora dedica su tiempo a difundir las ideas de Drucker por todo el país. Imparte clases en una universidad en la provincia vecina y está traduciendo al jemer la obra del teórico. Incluso, ha compilado sus pasajes favoritos de la sabiduría de Drucker para hacer un pequeño manual.

“Estoy seguro que si Camboya abraza esta idea, Camboya irá por el camino correcto”, dijo.

Declinó hablar de sus finanzas, pero vive en un enorme complejo enrejado, rodeado por jardines exuberantes. Cuando su hijastra, la única hija de Pol Pot, se casó en el 2014, le hizo una recepción espléndida en la que ofreció licor francés y se colocaron arañas de vidrio en las carpas color de rosa con blanco.

Dijo que empezó a leer sobre economía cuando fungía como enviado del Jemer Rojo ante Naciones Unidas en los ochenta. Aunque le gustaron Milton Friedman, el economista del libre mercado, y Frederick Taylor, el pionero de la administración científica, lo atrajo mucho más la insistencia de Drucker en que los empleados son centrales para el éxito de una empresa.

“Lo que me parece interesante es que él habla de los individuos, les da poder a los individuos, no al colectivismo”, dijo sobre Drucker. “Frederick Taylor, a principios del siglo XX, habló de la eficiencia, pero Drucker habló de la efectividad”.

En una conferencia reciente, Tep Khunnal exhortó a sus estudiantes a recordar que una buena administración es tan importante como las buenas ideas.

“La innovación”, dijo, usando la palabra en inglés, “significa una idea nueva, pero para tener éxito se necesita una estrategia”.

Algunos de sus puntos pudieron haberle sido útiles al Jemer Rojo en sus últimos días, cuando el movimiento se desintegraba en múltiples facciones enfrentadas.

Cuando se le preguntó si Pol Pot había sido un buen administrador, objetó, quien fuera su asesor. “No quiero hacer ningún juicio al respecto”, notó. “Que la historia se encargue. Yo pienso en el futuro”.