“Gracias a Dios, Costa Rica es una democracia y siempre habrá elecciones”. Con esa frase, Rodrigo Chaves volvió a reivindicar la democracia costarricense como respuesta al anuncio que hizo Daniel Ortega sobre la eliminación de futuras elecciones en Nicaragua.
No es una posición nueva.
Durante su administración, Chaves también aseguró que Costa Rica era un faro de democracia, destacó su fortaleza y la presentó como una de las más consolidadas de América Latina.
Sin embargo, ese no ha sido el único discurso que ha sostenido sobre el país.
En distintos momentos —especialmente durante sus enfrentamientos con la Contraloría General de la República, el Poder Judicial, la Fiscalía, la Sala Constitucional y la Asamblea Legislativa— el hoy ministro de la Presidencia y de Hacienda también ha descrito un sistema en el que buena parte del poder no reside en las autoridades elegidas por el voto popular.
En junio de 2024 incluso aseguró que el país lleva más de 70 años de una “dictadura perfecta” para luego hablar de una “tiranía” y sostener que buena parte del poder había terminado concentrándose en instituciones cuyos jerarcas no eran elegidos por votación popular.
EF revisó las declaraciones públicas de Chaves en los últimos cuatro años para mostrarle cómo han convivido en ellos, dos relatos diferentes sobre esa misma democracia.

Dos relatos, una democracia
Durante la primera parte de su mandato, Rodrigo Chaves defendió la fortaleza de la democracia costarricense ante inversionistas, audiencias internacionales y autoridades nacionales y extranjeras.
En el Foro Económico Mundial de Davos, en enero de 2023, Chaves aseguró que Costa Rica ofrecía “democracia, libertad de expresión, variedad de género y respeto por todas las minorías”, cualidades que convertían al país en un destino atractivo de inversión.
También llegó a decir que Costa Rica había sido y seguiría siendo “un faro de democracia, paz y compromiso ambiental” para el mundo durante la visita de una delegación estadounidense a Casa Presidencial, el 21 de marzo del 2024.
Incluso reivindicó la fortaleza de la democracia costarricense frente al Congreso, en su segundo discurso de rendición de cuentas, solo seis semanas más tarde. En esa ocasión, citó el Índice de Democracia de The Economist para sostener que la democracia del país “es fuerte y sigue siendo ejemplo mundial”.
Sin embargo, ese relato ha convivido con uno totalmente distinto, en el que Chaves sostiene que las instituciones democráticas no permiten que las autoridades elegidas ejerzan plenamente el mandato recibido en las urnas.
El caso más llamativo ocurrió solo un mes después de aquel discurso frente al Congreso: 14 de junio del mismo 2024. Durante una visita a San Carlos, el expresidente lanzó su frase más recordada, al decir que Costa Rica había vivido “75 años de dictadura perfecta” hasta ese momento.
Dicha frase suscitó múltiples críticas por parte de diversos sectores civiles, de la oposición y de los expresidentes de la República, y Chaves finalmente terminó matizando su expresión. Cinco días después, dijo que “tal vez la palabra dictadura no fue la más apropiada”, sino “tiranía”.
Para explicar por qué hablaba de una “tiranía”, el expresidente sostuvo que gobiernos y legisladores anteriores habían aprobado leyes y realizado nombramientos que otorgaron un poder excesivo a otras instituciones y funcionarios públicos. Aludió, entre otros, a altos mandos del Poder Judicial, la CGR y otras entidades. Según dijo, esas administraciones anteriores aprobaron leyes y “empezaron a dar poderes absolutos a los mandos medios que ellos nombraban”.
El otro relato
Ese segundo relato se consolidó con el paso del tiempo y las referencias a la supuesta “dictadura perfecta” no quedaron como un episodio aislado.
Durante los meses siguientes, Chaves continuó desarrollando la misma idea desde distintos ángulos.
En septiembre de 2024, y luego de varios allanamientos realizados por el Ministerio Público relacionados con presuntas irregularidades en una contratación hecha por la Caja Costarricense de Seguro Social, llamó a la ciudadanía a mantenerse “vigilante” frente a lo que presentó como una actuación política de las autoridades judiciales, a las que suele incluir en sus denuncias sobre supuesta captura institucional.
Un análisis publicado por el proyecto Doble Check, de la Universidad de Costa Rica (UCR), identificó un patrón recurrente en el discurso de Chaves, que se profundizó con el paso de los meses y la proximidad de las últimas elecciones. En múltiples intervenciones, Chaves primero describía un supuesto “maridaje” o “cambalache” que había capturado las instituciones democráticas, luego presentaba a su gobierno como el “cambio” y finalmente llamaba a la ciudadanía a dar continuidad a ese proyecto político.
Ese mismo relato apareció en su tercera rendición de cuentas frente al Congreso, el 5 de mayo de 2025.
Allí preguntó “cómo es posible que el presidente de la República, electo por la mayoría del pueblo, no pueda, o tenga que luchar más de la cuenta para cumplir sus promesas”. Además, cuestionó a otras instituciones del Estado que, según él, le impedían ejercer plenamente el mandato recibido en las urnas.
Chaves incluso llegó a evocar la Guerra Civil de 1948, pocos días después, en una conferencia de prensa en Casa Presidencial. “Yo les advierto, en 1948 el pueblo se alzó”, afirmó, en respuesta a decisiones de otras instituciones con las que estaba en desacuerdo.
Ese discurso también alcanzó al Tribunal Supremo de Elecciones (TSE). Conforme se acercaban los comicios de 2026, Chaves cuestionó la imparcialidad del árbitro electoral y calificó como una “mordaza” las restricciones y advertencias dirigidas al Poder Ejecutivo para que no interviniera en la campaña, de acuerdo con la prohibición de beligerancia política establecida en la legislación nacional.

De ‘dictadura’ a ‘democracia’
A pesar de todos esos episodios, el discurso del expresidente que reivindica la democracia costarricense nunca ha desaparecido del todo.
En varias ocasiones, cuando ha comparado a Costa Rica con regímenes autoritarios o ha respondido señalamientos de autoritarismo, ha destacado la fortaleza institucional del país.
El episodio más reciente fue el de este mes, tras el anuncio de Ortega de que no habrá más elecciones en Nicaragua:
“Costa Rica es una democracia y siempre habrá elecciones”, respondió a varios periodistas, a la salida de una reunión en el Congreso.
Cuatro años después, ambos relatos siguen conviviendo: uno presenta a Costa Rica como una democracia ejemplar; el otro describe un país donde el poder ya no reside principalmente en las autoridades elegidas por los ciudadanos. Depende del día en que se le pregunte.
