Aunque Costa Rica registró una creación neta de 22.291 puestos de trabajo en el trimestre móvil de junio, julio y agosto de 2026 en comparación con el mismo periodo del año anterior, el desempleo no disminuyó. Al contrario, el número de personas desocupadas aumentó en 19.867, debido a que el crecimiento de la fuerza de trabajo (+42.158 personas) superó la capacidad de absorción del mercado.
De acuerdo con un análisis de la Encuesta Continua de Empleo (ECE) elaborado por el Observatorio Económico y Social (OES) de la Universidad Nacional (UNA), este comportamiento refleja transformaciones en la composición de la mano de obra solicitada y plantea un doble desafío para la economía nacional.
Recomposición hacia puestos de mayor calificación
El mercado laboral costarricense atraviesa un cambio estructural en el tipo de perfil que demandan los empleadores. En el último año se destruyeron 48.937 empleos no calificados, mientras que se crearon 41.722 puestos de calificación media y 39.914 de calificación alta.
Esta dinámica se refleja en la escolaridad de quienes buscan trabajo: la proporción de personas desempleadas que no ha concluido la educación secundaria pasó del 41,4% en el trimestre junio-julio-agosto de 2025 al 45,5% en el mismo periodo de 2026. Además, entre las personas que se incorporaron al desempleo en este lapso, el 63% tiene como máximo nivel educativo la primaria completa.
A nivel sectorial, las contrataciones mostraron aumentos significativos en Comercio y reparación (+47.942 empleos), Enseñanza y salud (+33.835) y Transporte y almacenamiento (+23.117). En contraste, la Industria manufacturera registró una pérdida de 29.857 puestos, en coincidencia con una desaceleración en su nivel de actividad económica.
Primer desafío: fortalecer la educación y la formación técnica
Ante una demanda empresarial inclinada hacia perfiles más especializados, el primer gran reto radica en fortalecer la inversión en educación, formación técnica y educación superior.
Tal como señala la economista Roxana Morales, del OES de la UNA, este fortalecimiento es indispensable para que más personas desarrollen las competencias requeridas por las empresas y puedan optar por empleos formales y de mayor calidad. Sin una adecuada capacitación alineada con las tendencias del mercado, la brecha de empleabilidad continuará profundizándose.

Segundo desafío: crear oportunidades para la mano de obra de menor escolaridad
El segundo desafío consiste en generar opciones de empleo para los sectores de la población con menores niveles educativos y de calificación, quienes enfrentan barreras severas de inserción laboral.
Dado que no todas las personas cuentan con la posibilidad de continuar su formación formal o técnica, el mercado laboral debe contar con la capacidad de absorber mano de obra no calificada. Por lo tanto, las estrategias de desarrollo productivo deben balancear el impulso a sectores de alto valor agregado con la generación de oportunidades para las poblaciones más vulnerables.
