Hace menos de tres años, el presidente Rodrigo Chaves comparó las crecientes tensiones geopolíticas entre Estados Unidos y China con un “pleito entre elefantes” y advirtió: “cuando los elefantes pelean hay que tener cuidado de dónde está uno, porque pueden causar mucho daño”.
Hoy, sin embargo, Costa Rica no solo tomó partido: eligió a uno de los elefantes y muchos opinan que se alineó sin matices.
El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca hace poco más de un año, el recrudecimiento de las tensiones entre las dos potencias y lo que los analistas definen como la reactivación de la Doctrina Monroe —que proclama una sola América continental bajo el liderazgo estadounidense— marcaron un punto de inflexión para la política exterior del gobierno tico.
Desde entonces, el gobierno de Chaves giró hacia una lealtad explícita a Washington y al gobierno trumpista, con costos visibles en sus relaciones con otras potencias —especialmente China— y que, sin embargo, no le han traído beneficios de relevancia en el intercambio de bienes y servicios.

Lealtad sin matices
Ese alineamiento de Costa Rica no ha sido retórico, sino operativo.
Los gestos del gobierno tico hacia la segunda administración Trump se han multiplicado en distintos frentes, desde el plano migratorio hasta las telecomunicaciones.
El gobierno de Chaves incluso aceptó recibir a más de 200 inmigrantes deportados por Estados Unidos en febrero de 2025.
Las redadas migratorias en Estados Unidos —cuestionadas por organizaciones de derechos humanos— alimentan buena parte de esas deportaciones. Sin embargo, la tradicional cautela diplomática costarricense no frenó la cooperación.
Personas detenidas en el Centro de Atención Temporal para Migrantes (CATEM), en Corredores (Puntarenas), presentaron recursos ante la Sala Constitucional, que en 2025 concluyó que habían sido “privadas de su derecho a la libertad” y señaló la ausencia de fundamento jurídico para mantenerlas recluidas durante meses.
Según publicó el diario inglés The Guardian, Faber‑Castell criticó que el inmueble donde funciona el CATEM, que la empresa donó en 2018, se estuviera usando “como prisión”.
A pesar de la condena de la Sala Constitucional, el Ministerio de Seguridad Pública, consultado por The Guardian, negó que las personas hubieran estado detenidas y defendió su actuación.
Este 23 de marzo Costa Rica firmó un nuevo acuerdo para recibir 25 expulsados de Estados Unidos cada semana. En el contexto de la firma, la enviada especial del Escudo de las Américas en ese entonces, Kristi Noem, dijo estar “muy orgullosa” de contar con “socios” como Costa Rica y el presidente Chaves. “Trabajan con nosotros para garantizar que las personas que están en nuestro país ilegalmente, tengan la oportunidad de regresar a sus países de origen”, dijo.
El nuevo Escudo de las Américas tuvo su primera cumbre precisamente a inicios de mes. A ella asistieron Chaves y la presidenta electa, Laura Fernández. Este es un foro al que fueron invitados principalmente dirigentes latinoamericanos afines a las formas e ideas de Donald Trump, lo cual, según analistas, reforzó la señal política de cercanía e influencia.
El encuentro se realizó en la residencia del mandatario estadounidense en Doral, Miami, y —aunque inicialmente se promocionó como un acto regional para atender preocupaciones de seguridad— excluyó a líderes ideológicamente distantes o críticos de algunas políticas del republicano como Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil); Claudia Sheinbaum (México) y Gustavo Petro (Colombia).
Pocos días después del encuentro, el presidente Chaves anunció la ruptura de relaciones diplomáticas con Cuba. La decisión tica se produce mientras el presidente Trump manifiesta su firme intención de derrocar al régimen isleño, su próximo objetivo en las Américas tras remover del poder en Venezuela a Nicolás Maduro.
“Hay que limpiar el hemisferio de comunistas, así de fácil”, dijo Chaves al justificar la decisión. En ello comparte visión con Donald Trump, quien incluso declaró una “semana anticomunista” en noviembre pasado.
Chaves no solo congenia con Trump en el fondo de ideas como este ataque al comunismo, sino también en las formas mediante las cuales ejerce el poder: ambos acostumbran ofender y burlarse de sus opositores, atacar a las instituciones que no cumplen sus deseos y desdeñar a la prensa crítica; ambos, también, llegaron al poder criticando con fuerza el sistema político tradicional y la institucionalidad democrática.
En otros ejemplos de afinidad diplomática, en octubre de 2025, Costa Rica se abstuvo en la votación anual de la Asamblea General de Naciones Unidas para condenar el embargo de Estados Unidos a Cuba, rompiendo así una práctica de más de tres décadas de apoyar la condena al embargo, y hace pocas semanas condenó los ataques de Irán contra varios países vecinos, sin pronunciarse de forma explícita sobre la operación militar previa de Israel y Estados Unidos contra Irán.
En paralelo a este acercamiento a Estados Unidos, el gobierno de Rodrigo Chaves ha enfriado su relación con otras potencias, especialmente con China. El gigante asiático se ha convertido en lo que algunos definen como un “aliado tóxico” para los países que aspiran a congraciarse con Trump y su gobierno, como es el caso de Costa Rica.
Además de excluir a las compañías chinas de los concursos para desplegar redes 5G en el territorio costarricense, la administración Chaves Robles incluso denunció penalmente a Huawei y sus principales representantes, argumentando supuestas irregularidades en acuerdos pasados con el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE).
China ha combinado mensajes de molestia y advertencia con llamados a mantener una relación “estratégica” y mutuamente beneficiosa con Costa Rica, dejando entrever que ve la cercanía costarricense con Estados Unidos como un factor de deterioro en el vínculo bilateral.
Por ejemplo, la embajada china en San José expresó “profunda sorpresa y decepción” por señalamientos del gobierno de Rodrigo Chaves que vincularon a China con un hackeo al Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) denunciado hace algunas semanas y calificó esas acusaciones de “infundadas”.
En ese mismo pronunciamiento, se indicó que “sacrificar las relaciones entre China y Costa Rica para complacer a otros países no logra ganar el respeto de nadie”.
Tras la elección de Laura Fernández, el portavoz del Ministerio de Exteriores, Lin Jian, habló de Costa Rica como “un país importante en Centroamérica” y expresó la voluntad de “profundizar” la asociación estratégica.
El Observatorio de la Política Internacional, un organismo que une a especialistas de la Universidad de Costa Rica y la Universidad Nacional, publicó un reporte donde explicó que “la implementación de la tecnología 5G deja de ser una decisión exclusivamente técnica o de infraestructura (y) en cambio se convierte en una decisión estratégica que compromete el futuro de la política exterior y la competitividad del país tanto a mediano como largo plazo”.
El gobierno tico insiste en que el despliegue de la red 5G tiene condicionantes que buscan defender la seguridad nacional, pero el Observatorio de la Política Internacional advierte que la decisión dejó de ser exclusivamente técnica y pasó a ser estratégica, atravesada por la rivalidad entre Estados Unidos y China.
A pesar de estos eventos, el ministro de Relaciones Exteriores, Arnoldo André, ha defendido públicamente que Costa Rica busca mantener buenas relaciones con China.

Pocos retornos
Para el especialista en relaciones internacionales Carlos Murillo, la estrategia del gobierno de Rodrigo Chaves es clara: se decidió poner “todos sus huevos en una sola canasta”.
A su juicio, la política exterior costarricense en la administración Chaves Robles ha operado de forma reactiva y desordenada, pero con una dirección inequívoca hacia los Estados Unidos.
Ese favoritismo opera sin reservas, según el catedrático y director del Centro de Investigación Observatorio del Desarrollo de la Universidad de Costa Rica (CIOD-UCR), incluso a costa de descuidar las relaciones con otros actores internacionales relevantes para la sociedad y la economía costarricense como el resto de Centroamérica, la Unión Europea o la misma China.
Los resultados, por ahora, no parecen respaldar del todo esa apuesta.
Costa Rica ha sufrido la política arancelaria de Trump, con aumentos que, en algunos casos, la colocaron en una posición menos favorable que otros países de la región, y no parece existir un trato diferenciado en favor del país en otras áreas estratégicas.
“A los amigos especiales se les debería considerar de manera especial”, declaró en su momento Manuel Tovar, jerarca del Ministerio de Comercio Exterior, sobre lo que debería ser el trato comercial de Estados Unidos con Costa Rica. “Amor con amor se paga”, dijo por su parte el presidente Chaves al aceptar la llegada de los migrantes en el 2025.
Hasta el momento, no solo no existe un trato diferenciado para Costa Rica en el tema de los aranceles globales (que pasaron del 15% al 10% solo gracias a un fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos, el cual fue criticado por Trump), sino que existe un ataque a los intereses ticos.
En su primer discurso ante el Congreso en 2025, Trump pidió “deshacerse” de la Ley CHIPS y usar sus fondos para bajar deuda u otros fines. Esa ley era vista desde Costa Rica como una de las grandes oportunidades para consolidarse y aumentar su peso como parte de la cadena de producción de microprocesadores. Pero Trump llamó a ese programa “horrible” y ha presionado para derogarlo, aunque aún sin éxito.
Estados Unidos sí ha dado un mayor énfasis a la atención de la inseguridad en América Latina; sin embargo, Murillo sostiene que ese es un planteamiento regional y que nada tiene que ver con lo que califica de “subordinación” del gobierno tico.
Para el académico, los beneficios reales del alineamiento con Trump podrían ser más políticos que económicos.
La relación con Trump otorga visibilidad interna a figuras del oficialismo como Rodrigo Chaves o Laura Fernández, que capitalizan esa cercanía al mandatario estadounidense frente a sus bases. No obstante, los efectos concretos sobre la economía nacional son limitados.
Esa perspectiva “doméstica” del alineamiento también la observa Carolina Ovares Sánchez, del Observatorio de Política Nacional de la UCR (OPNA-UCR), quien señala que, si bien “Costa Rica no ha obtenido trato preferencial” y “no es el único país con acuerdos de seguridad y deportaciones”, sí “da la impresión de que el gobierno actual logra alimentar su narrativa interna”.
“El presidente mantiene niveles altos de popularidad y la forma en que enmarca su relación con Estados Unidos y cómo la comunica al país, a la ciudadanía, es una estrategia útil para sostenerse popular”, explicó la politóloga. “La forma en como presenta este alineamiento con Washington le es funcional a ese interés”, subrayó.
Al mismo tiempo, Estados Unidos ha retirado visas a políticos, jueces y figuras críticas del gobierno de Chaves, sin detallar oficialmente las razones; y sectores de oposición vinculan estas decisiones con la estrecha relación que existe entre ambas administraciones.
Entre los afectados hay figuras tan prominentes como el expresidente y premio Nobel de la Paz, Óscar Arias, o el magistrado de la Sala Constitucional, Fernando Cruz, entre muchos otros. Ambos han sido figuras críticas tanto con Trump como con Chaves.
Por su parte, el ministro de Seguridad, Mario Zamora, ha indicado que la relación de los últimos años con Estados Unidos ha traído beneficios desde el ámbito de la seguridad.
Al defender el “Escudo de las Américas” indicó que el acuerdo no implica presencia de tropas ni compromisos militares, sino “donaciones de lanchas para Guardacostas y otros apoyos a las fuerzas policiales”.
Relaciones con diferente peso
En la historia de Costa Rica, la interacción con Estados Unidos ha tenido un papel fundamental. Recién este 25 de marzo se cumplieron 175 años de las relaciones diplomáticas; es decir, se trata de una alianza que data desde el siglo XIX.
En ese tiempo, la potencia norteamericana se ha convertido en el principal socio económico y comercial del país.
Según las estadísticas más recientes, Estados Unidos representa el 41% de las importaciones, el 50% de las exportaciones y más de un 55% de los turistas que recibe Costa Rica. En contraste, China aporta solo el 13% de las importaciones, recibe menos del 3% de las exportaciones y representa menos del 1% de la visitación turística.
Los principales productos importados desde China incluyen automóviles, textiles, teléfonos inteligentes y productos laminados de hierro, “lo que refleja una creciente demanda de bienes tecnológicos y de consumo”. Mientras, las exportaciones se centran en insumos como circuitos integrados, agujas, catéteres, cánulas e instrumentos similares, otros dispositivos de uso médico y carne bovina.
A diferencia de economías como Chile, Brasil o Argentina, más integradas comercialmente con el gigante asiático, el vínculo costarricense con la potencia oriental ha sido mucho más limitado y deficitario (se compra más de lo que se vende).
En materia de inversión extranjera, la brecha también es clara: según la Promotora de Comercio Exterior (Procomer), casi el 60% de los 116 nuevos proyectos de inversión que se registraron en 2024 y 2025 provinieron de Estados Unidos.
La relación es asimétrica y muy marcada; pero, según Murillo, Costa Rica nunca asumió un papel de “subordinación” a los intereses y los deseos de un mandatario estadounidense como parece estarlo haciendo en este momento, de una forma proactiva.
Y el país no parece estar teniendo “un nivel de relevancia para Estados Unidos siquiera similar al que ha tenido en el pasado”, incluso en momentos donde hubo “grandes diferencias como las de Óscar Arias con Ronald Reagan, en su primer gobierno”, recordó.
En los 80, Reagan impulsaba el financiamiento y apoyo a la Contra para derrocar al gobierno sandinista en Nicaragua. Arias se oponía a que Centroamérica siguiera siendo escenario de guerras por poderes y se distanció del frente antirrevolucionario alineado con Washington. Promovió el Plan de Esquipulas II, basado en negociaciones políticas, cese de apoyo a fuerzas irregulares y democratización interna, lo que chocaba con la insistencia de Reagan en mantener presión militar sobre los sandinistas.
El expresidente Luis Guillermo Solís, quien gobernó de 2014 a 2018, indicó al medio Expediente Público que la presión estadounidense sobre Centroamérica para distanciarse de China comenzó durante la primera administración de Trump (2017-2021), pero se mantuvo con la presidencia de Joe Biden (2021-2025).
Juan González, politólogo y profesor de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) indicó que durante la visita de Marco Rubio a la región, a inicios del 2025, se dio en un escenario de “rivalidad ineludible” entre las dos potencias.

Continuismo evidente
Todo apunta a que la línea marcada por Rodrigo Chaves se mantendrá con la llegada a Zapote de la presidenta electa Laura Fernández.
La próxima presidenta no solo participó en la cumbre del Escudo de las Américas, acompañando a Rodrigo Chaves, sino que también defendió el reciente acuerdo para recibir a más migrantes deportados.
Dicho compromiso se firmó en su presencia, en una visita exprés de la exsecretaria de Seguridad Nacional y actual coordinadora del Escudo de las Américas, Kristi Noem, a la Casa Amarilla.
Según declaró Fernández, el acuerdo es parte de “una alianza” que persigue “objetivos comunes” entre Costa Rica y Estados Unidos; puntualmente, la “paz en nuestro hemisferio”.
La apuesta por el ‘elefante’ norteamericano, sin embargo, implica riesgos para un país pequeño como Costa Rica.
La administración Trump enfrenta un panorama político incierto, con elecciones legislativas de medio término en Estados Unidos, bajos índices de popularidad en encuestas y cuestionamientos sobre la estabilidad del mandatario para concluir su presidencia en medio de cuestionamientos a su salud.
Mientras tanto, la relación con China permanece casi congelada y los costos comienzan a hacerse visibles.
Según declaró la embajadora Wang Xiaoyao al periódico La Nación, empresas chinas han comenzado a priorizar inversiones en países como República Dominicana, Panamá o El Salvador; y la potencia asiática espera algún cambio de tono con la nueva administración de Laura Fernández.
Para el exministro de Comercio Exterior y exembajador ante China, Marco Vinicio Ruiz, “Costa Rica no debe involucrarse en estas disputas hegemónicas”. Por el contrario, cree que debería esperar a que las potencias lleguen a acuerdos, los cuales podrían facilitar las relaciones entre todas las partes.
“China no acostumbra a hacer desplantes de poder. Ellos conocen de siempre la dependencia de Costa Rica con los Estados Unidos, y tendrán la paciencia de esperar que la remozada influencia de EE. UU. en la región se modere”, analizó.
Más allá de esa paciencia, Costa Rica parece haber escogido su elefante. Pero ahora el desafío para el país no será mantener esa elección, sino evitar quedar aplastado bajo su propio peso.
La gran incógnita es si, en un sistema internacional más volátil, un país pequeño puede permitirse renunciar a su margen de maniobra.
