Las playas, montañas, parques nacionales y volcanes de Costa Rica atraen a miles de turistas internacionales cada mes. Pero llegar hasta esos destinos no siempre resulta tan sencillo como elegirlos en el mapa: una vez que los visitantes dejan los aeropuertos, se enfrentan a limitaciones que ponen a prueba la experiencia turística, la operación del sector y la paciencia.
Si bien uno de los principales retos que enfrenta el turismo es el alto costo de vacacionar en el país, en un contexto marcado por la apreciación del colón frente al dólar, la infraestructura vial constituye otro obstáculo para quienes deben desplazarse por el territorio nacional.
De acuerdo con Shirley Calvo, directora ejecutiva de la Cámara Nacional de Turismo (Canatur), los tres corredores que más afectan la operación turística del país son la Ruta 27, que conecta el Valle Central con el Pacífico; la Ruta 1, particularmente el tramo entre Barranca y Limonal, fundamental para la conexión con Guanacaste; y la Ruta 32, especialmente el paso por el Zurquí, que condiciona el acceso al Caribe.
En medio de la presión que ejercen la fluctuación del tipo de cambio y los traslados cada vez menos predecibles hacia los destinos turísticos, aparece además un reto más reciente para los operadores turísticos: los viajeros recurren cada vez más a la inteligencia artificial (IA) para diseñar sus propios itinerarios.
Carreteras
Para quienes transportan turistas y organizan sus recorridos, uno de los mayores problemas es la dificultad para garantizar cuánto tiempo tomará llegar de un destino a otro. Y ese inconveniente aparece desde los primeros kilómetros después de aterrizar.
Las vías que conectan con los principales puntos de ingreso aéreo —el Aeropuerto Internacional Daniel Oduber, en Guanacaste, y el Aeropuerto Internacional Juan Santamaría, en Alajuela— presentan limitaciones que condicionan el desplazamiento hacia distintos destinos turísticos.
Quienes aterrizan en Liberia y ponen rumbo a las playas guanacastecas se encuentran con la Ruta nacional 21, una vía cuya capacidad ya resulta insuficiente para el flujo que soporta. El aumento de visitantes hacia este polo turístico llevó al Ministerio de Obras Públicas y Transportes (MOPT) a plantear una intervención en los 20,5 kilómetros más críticos del corredor, donde se incorporará un carril adicional por sentido.
La obra está prevista para comenzar en el segundo semestre de 2027. Mientras tanto, residentes, trabajadores y turistas deberán seguir compartiendo una vía donde los congestionamientos forman parte habitual del recorrido hacia las playas.
El problema se repite en otros corredores. En la Ruta 1, específicamente en el tramo entre Barranca y Limonal, las obras de ampliación y rehabilitación tienen prevista su conclusión para enero de 2028.
Hacia el Pacífico Central, quienes se dirigen a Puntarenas y a destinos como Manuel Antonio o Playa Hermosa deben atravesar la Ruta 27, otro de los principales corredores para el turismo que sale del Valle Central. La ampliación del tramo está contemplada para 2027.
En el Caribe, el obstáculo adopta otra forma. Las lluvias que afectan la Ruta 32 en las inmediaciones del Zurquí provocan cierres por deslizamientos, con interrupciones que pueden dejar en pausa el acceso a una de las principales zonas turísticas del país.
Por eso, el desafío no termina cuando comienzan las obras. Mientras llegan las intervenciones, el sector turístico también necesita lidiar con cierres, congestionamientos y tiempos de viaje difíciles de anticipar.
“Necesitamos mantenimiento preventivo, atención de puntos vulnerables, planes de contingencia y cronogramas de obras con responsables y seguimiento público. El éxito debe medirse también en menores tiempos de traslado y mayor confiabilidad”, comentó Calvo.
La magnitud del problema se aprecia mejor cuando se mide en horas. Según el Índice de Competitividad Nacional 2025 del Consejo de Promoción de la Competitividad, trasladarse por carretera desde el centro de Limón hasta el Aeropuerto Internacional Juan Santamaría requiere al menos tres horas y media. Desde Upala, en Alajuela, el tiempo promedio hasta ese mismo aeropuerto alcanza las tres horas y 46 minutos.
Para Mario Socatelli, profesor adjunto de la Facultad de Ambiente y Desarrollo de la Universidad para la Cooperación Internacional (UCI), estas dificultades terminan influyendo en algo más que la comodidad del visitante: pueden modificar la manera en que se recorre el país.
“Los turistas tienen una modalidad de viaje que en términos turísticos lo llamamos circuito. Por ejemplo, la gente llega al país, va a estar dos noches en Tortuguero, luego dos noches en Puerto Viejo, de ahí se va dos noches a Arenal, dos noches a Monteverde y terminan en algún destino de playa. Pero ahora, para no perder tiempo en carretera, estamos viendo que los turistas están viajando en estancias únicas”, detalló Socatelli.
¿Inseguridad?
La seguridad es otro elemento que suele aparecer cuando se habla de la experiencia de viajar por Costa Rica. Para los costarricenses, de hecho, la inseguridad y la delincuencia constituyen el principal motivo de preocupación, según la última encuesta del Centro de Investigación y Estudios Políticos de la Universidad de Costa Rica (CIEP-UCR).
Entre quienes trabajan directamente con turistas, no obstante, la percepción es diferente.
Álvaro Arguedas, presidente de la Asociación Costarricense de Operadores de Turismo, aseguró que la principal molestia de los visitantes está relacionada con el costo de vacacionar en Costa Rica. Desde su perspectiva, la advertencia publicada por el Departamento de Estado de Estados Unidos, que recomienda tener “mayor precaución en Costa Rica debido a la delincuencia”, no pesa sobre la percepción de los turistas en la misma medida que la presión ejercida por el tipo de cambio.
Socatelli explicó que la percepción de seguridad de los costarricenses puede diferir de la de los turistas, pues los casos de homicidio, por ejemplo, no suelen tener como víctimas a extranjeros que se encuentran de paso por el país.
Aunque los expertos no minimizan la situación de criminalidad en el territorio nacional, señalan que una mejora en los índices de homicidios también contribuiría a mejorar la valoración internacional de Costa Rica en materia de seguridad.
Un nuevo competidor: la IA
Mientras que la condición de las carreteras puede hacer más largo el recorrido y puede encarecer el viaje, la IA está cambiando lo que ocurre antes de que el turista siquiera llegue a Costa Rica.
Ya no necesita saber español para averiguar qué ocurre en el país, cuáles son los mejores restaurantes o incluso cómo están las carreteras. Una consulta a una plataforma de IA puede responder buena parte de esas preguntas y, además, convertirlas en un itinerario personalizado.
Ese cambio plantea un nuevo desafío para los touroperadores y, particularmente, para una figura que durante décadas ha ocupado un lugar central en la experiencia turística: el guía.
“El desafío es fortalecer a nuestros guías para que puedan aprovechar estas tecnologías a su favor. La capacitación en herramientas digitales e inteligencia artificial puede ayudarles a preparar mejores experiencias, personalizar recorridos y ofrecer un servicio todavía más completo”, concluyó Calvo.
El turismo costarricense enfrenta así un escenario en el que atraer al visitante es apenas el comienzo. Después vienen el precio que está dispuesto a pagar, el tiempo que puede perder en carretera y las decisiones que puede tomar por sí mismo antes y durante el viaje.
