En el tablero del nearshoring sanitario de 2026, Costa Rica no solo juega: dicta las reglas. Según un estudio global de EY, el país ha logrado concentrar el 52% de las nuevas inversiones en la industria de dispositivos médicos en toda América Latina, posicionándose como el tercer mayor receptor de proyectos de Inversión Extranjera Directa (IED) en este rubro a nivel mundial.
Este liderazgo no es casualidad, sino el resultado de un ecosistema que ya agrupa a más de 90 multinacionales, incluyendo a 13 de los 20 fabricantes de equipo original (OEMs) más importantes del globo. El análisis destaca que Costa Rica es el único mercado emergente de la región que ha logrado entrar en el prestigioso ranking de hubs de Life Sciences de la firma Cushman & Wakefield.
El salto del “ensamblaje” a la inteligencia
La investigación de EY revela un cambio de paradigma en la operación local: estamos dejando de ser una gran maquila de precisión para convertirnos en un laboratorio de alto valor. Actualmente, ya existen 10 compañías realizando actividades de Investigación y Desarrollo (I+D) en suelo nacional, lo que abre una veta de negocio inédita para servicios de ensayos clínicos y gestión de datos complejos.
A esto se suma la madurez digital del sistema de salud. Mientras otros países apenas digitalizan expedientes, Costa Rica ya aplica modelos de Inteligencia Artificial sobre el EDUS para realizar diagnósticos predictivos en pacientes con diabetes, optimizando la capacidad operativa de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS).

La sombra de la fragmentación
No obstante, el reporte lanza un aviso de cautela para los tomadores de decisiones. En su “Mapa de Riesgos”, EY ubica a Costa Rica en un nivel de riesgo “Medio”. La razón: a pesar de nuestra robustez técnica, los procesos regulatorios siguen percibiéndose como fragmentados.
Esta debilidad institucional es terreno fértil para la competencia. Panamá, por ejemplo, es calificado con un riesgo “Bajo-Medio” tras la implementación de su Ley 419, la cual permite el reconocimiento automático de registros de agencias de alto estándar como la FDA o la EMA, acelerando la entrada de nuevos productos al mercado.
El análisis de EY es claro: el futuro del sector en el país dependerá de nuestra capacidad para convertir la regulación en una ventaja competitiva y no en un lastre. Con un mercado regional de distribución y retail médico que ya factura más de $4.500 millones, el margen de error para Costa Rica se reduce ante vecinos que avanzan con mayor agilidad normativa.
