En la mayoría de las economías desarrolladas, tener hijos viene acompañado de una ayuda estatal en forma de alivios fiscales o transferencias directas de dinero.
Sin embargo, para la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Costa Rica es el país que menos diferencia hace: para el sistema tributario, la carga de un soltero es exactamente la misma que la de un matrimonio con dos hijos
Esta realidad fiscal choca de frente con una transformación demográfica histórica, donde los hogares costarricenses son cada vez más pequeños y el país enfrenta las tasas de fecundidad más bajas de su historia.
El peso inamovible de ser familia en Costa Rica
De acuerdo con el informe Taxing Wages 2026, Costa Rica presenta una “preferencia fiscal por las familias” de exactamente 0,0%.
En la práctica, esto significa que la cuña fiscal —el peso de los impuestos y cargas sociales sobre los costos laborales— se mantiene inamovible en un 27,7%. Este porcentaje es idéntico tanto para un trabajador soltero y sin hijos como para una pareja casada, con dos dependientes, en la que solo un miembro aporta ingresos.
Este nulo alivio tributario coloca al país en el último lugar de la OCDE en cuanto a apoyo familiar, compartiendo posición únicamente con México y Turquía.
Para ponerlo en perspectiva, el promedio de los países de la OCDE otorga a las familias con un solo proveedor una cuña fiscal 8,9 puntos porcentuales menor que la de los trabajadores solteros. En naciones como Polonia o Eslovaquia, esta brecha a favor de los hogares con hijos es abismal, superando los 20 y 18 puntos porcentuales de alivio, respectivamente.
El análisis de la OCDE revela que las familias costarricenses que perciben el salario promedio no reciben transferencias universales en efectivo ni gozan de beneficios fiscales adicionales por sus dependientes que disminuyan su carga tributaria. Todo el peso recae en las contribuciones a la seguridad social, sin que el Estado ofrezca un “descuento” o incentivo por la crianza.

El invierno demográfico: hogares más pequeños y menos hijos
Esta rigidez en la política fiscal coincide con un momento crítico para la estructura de la población en el país. Los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) dibujan un panorama donde las familias extensas están desapareciendo para dar paso a configuraciones mucho más reducidas.
Para el año 2025, el promedio de miembros por hogar en Costa Rica bajó a apenas 2,83 personas, una disminución frente a los 2,91 miembros que se registraban el año anterior. Además, los hogares unipersonales —aquellas personas que deciden vivir solas— prácticamente se duplicaron en las últimas dos décadas, pasando de representar el 9,2% en el año 2004 a un significativo 18,3% en 2024.
Pero el dato más revelador sobre el futuro demográfico del país es la tasa global de fecundidad, la cual se desplomó a 1,12 hijos por mujer en 2024. Esta cifra no solo es la más baja en la historia registrada por el INEC, sino que ubica a Costa Rica muy por debajo del nivel de reemplazo poblacional (estimado en 2,1 hijos por mujer) y la consolida entre las tasas más reducidas de toda América Latina. Hace apenas una década, en 2014, ese indicador era de 1,78 hijos por mujer. La tasa bruta de natalidad confirma esta tendencia de contracción, situándose en 8,9 nacimientos por cada mil habitantes en 2024 y cayendo a 8,74 nacimientos en 2025.
Un sistema tributario ciego ante la demografía
Mientras varias naciones europeas y asiáticas debaten constantemente cómo ajustar sus cuñas fiscales para incentivar la natalidad y apoyar la economía de los hogares con dependientes, el sistema costarricense permanece ciego ante la composición familiar.
Con una carga social plana del 27,7% que no distingue entre tener cero o múltiples hijos, y un invierno demográfico que ya es una realidad, el país enfrenta el reto de evaluar si su estructura actual es sostenible frente a una sociedad que, presionada por el costo de vida y la falta de incentivos, ha decidido reducir drásticamente el tamaño de sus familias.
