Por: Emilio Zevallos.   4 enero
Blog Pymescopio de Emilio Zevallos.
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Primero que todo, mis mejores deseos para las y los empresarios, y mis mejores deseos de un gran año.

Para todos debe ser claro que estamos viviendo un momento de cambios sustanciales, incluso para algunos de los más importantes historiadores y pensadores de este siglo, estamos frente a un cambio de era.

Este momento requiere no solo de cambios en las personas, o el Estado, supone un cambio radical en el comportamiento de las empresas y sus propietarios (sean estas microempresas, pymes o grandes empresas), un cambio orientado a hacerse uno con la sociedad.

Es decir, el típico concepto empresarial de la “maximización del beneficio”, o del objetivo de venta a toda costa, debe quedar enterrado en el pasado.

Muchos habrán leído sobre la necesidad de “agregar valor”; darle más a sus clientes por su dinero. Y es verdad, debemos dar cada vez más, pero ahora en un mundo diferente. Todos somos conscientes de que el consumismo está no solo deteriorando nuestras finanzas, sino que está haciendo estragos en el medio ambiente.

La cada vez mayor cantidad de productos, pero sobre todo, su cada vez más rápida obsolescencia nos está llevando a una situación ambientalmente insostenible.

Es por ello que agregar valor ya no debe significar cambiar el producto cada año (o menos) para que el consumidor se beneficie de los “nuevos avances”; es momento de reemplazar la obsolescencia programada por la “adaptación permanente”.

Lo ilustramos con un ejemplo. Si usted tiene un computador con tres años o más de vida, ya no debe cambiarlo para gozar del nuevo sistema operativo, o de los nuevos programas, sino simplemente ampliar memoria, o disco duro, incluso teclados, pantallas, etc.

¿Ustedes recuerdan que en las casas de sus padres o abuelos, el refrigerador podía tener 30 o 40 años y funcionaba bien? ¿Que les parece lo mismo pero con las ventajas de la tecnología de hoy?

La adaptación permanente es la capacidad de los bienes de “crecer con nosotros”, el caso de la tecnología es relativamente sencillo de ilustrar, ¿pero qué pasa con una pyme de ropa, por ejemplo?

Pongamos el ejemplo de Patagonia®. Una empresa con prácticas responsables de contratación, y subcontratación, en todos los puntos de su cadena de suministro. Y que además se hace responsable de sus productos más allá de la venta (los recicla).

Ellos dicen que aunque sus salarios no son altos, reciben muchos CVs todos los meses. ¿Esto cuesta? Claro, pero lo vale, para usted señor empresario y la sociedad a la que sirve.

Anteriormente escribí una nota sobre bajar precios como estrategia, y algunos la interpretaron inadecuadamente. Mi punto es simple. Un “EMPRESARIO” (así, en mayúsculas y con comillas), sabe que no recuperará su inversión en seis meses o un año. Sabe que la labor empresarial es de largo plazo, y que la satisfacción del cliente, el trato justo, el precio correcto, la buena atención, es lo que construye relaciones de largo plazo con los clientes, y por lo tanto, más ganancias.

Vean a su alrededor, cuantas empresas nuevas nacen y mueren en menos de un año. Muchas de ellas señalan que es el Estado, los impuestos, la burocracia, etc., lo que determinó su fracaso. Y en buena parte tienen razón. Pero ese (mal) Estado está ahí desde siempre, y ha funcionado así siempre.

El empresario sale adelante no por acción del Estado, sino, a pesar de ella. Y siguen existiendo otras empresas.

Cometemos errores, y uno de ellos es creer que la gente es tonta, que no se da cuenta que les estamos dando un producto de menor calidad al mismo precio de antes (o en los restaurantes, porciones más pequeñas a los mismos y hasta a mayores precios).

La honestidad empresarial es la base de una empresa sostenible. Agregar valor significa sorprender, pero al mismo tiempo, entender que el consumidor tiene una capacidad de compra limitada.

Si somos empáticos y entendemos eso, seguro tendremos más clientes. El mundo ha cambiado, y nosotros debemos hacerlo también. La sociedad es cada vez más solidaria, más defensora del ambiente, de las causas justas, y las empresas deben serlo también para re-escribir la historia empresarial del siglo XXI.