La ley de Murphy

¿Qué es mejor para actualizarse: un postgrado o certificarse?

El cambio tecnológico obliga a incrementar el valor en el empleo actual o para nuevas oportunidades laborales

¿Qué puedo estudiar? ¿Qué hago para actualizarme? Esas son preguntas que seguro nos hacemos al buscar empleo y ver los requisitos de las plazas vacantes en las empresas o cuando escuchamos la necesidad de desarrollar, aparte de las habilidades blandas, las competencias en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM).

En setiembre pasado una lectora me escribió un correo electrónico desde la Zona Sur. No puedo mencionar quién, porque no le pedí autorización para citarla. Me preguntó cuál carrera sería conveniente estudiar actualmente o en el 2022, que está cerca. “Es un tema muy importante. Hay tantas carreras. ¿Cuál de todas es conveniente? Lo consulto por la demanda que habrá el día de mañana”, escribió la muchacha.

La elección de la carrera depende de muchos factores: demanda laboral, habilidades y gustos personales, futuro del empleo y de las industrias. También hay que identificar empleos que son estacionales y otros que son muy sensibles a los ciclos económicos, así como los que van declinando y desapareciendo.

Áreas de demanda

La demanda laboral crece en áreas relacionadas con tecnología. Las carreras técnicas y tecnológicas aumentan las posibilidades de empleo en todos los sectores, ya que —junto a la industria tecnológica, de telecomunicaciones y de servicios— también hay demanda de personal informático y de comunicaciones en industria, agricultura, construcción, educación, salud o comercio, entre otros sectores.

“Los puestos relacionados con inteligencia artificial están cada vez más presentes en las empresas y en la vida de los clientes”, comentó Paula Sánchez Orozco, gerente de recursos humanos de Matra. Cabe aquí áreas como análisis y ciencia de datos, inteligencia de negocios y ciberseguridad, por ejemplo.

En todo lado

Todas las profesiones y oficios viven una transformación tecnológica constante: en contabilidad, en ingenierías (civiles, industriales, químicos), entrenadores deportivos, sociólogos, historiadores, administradores y hasta conductores de maquinaria pesada, pulperos y taxistas.

“Todas las profesiones implican uso de la tecnología”, advirtió Tomás de Camino, director de la escuela de sistemas inteligentes de la Universidad Cenfotec. “Lo que cambió es que estamos en una revolución tecnológica asociada a Internet”.

El “problema” es que la tecnología avanza muy rápidamente. Por eso lo central es cuál es la actitud para desarrollar nuevos conocimientos, habilidades y destrezas.

“La clave es la mentalidad para aprender nuevas tecnologías y nuevas formas de trabajar”, dice Sánchez. “El factor diferenciador es la competencia de comportamiento o la mentalidad: si es una inteligencia de crecimiento, si hay disposición a aprender, y no una mentalidad fija de que esto se hizo siempre así”.

Desde el chofer de camión que debe aprender a usar Waze, el cajero que debe usar un equipo de computación de punto de venta, el guardia de seguridad que debe manejar un sistema de ingresos y salidas, así como realizar monitoreo de cámaras de vigilancia, hasta el médico que debe aprovechar los nuevos sistemas de inteligencia artificial para detectar tumores.

Fíjese qué piden

Cada persona debe ubicar el oficio o profesión que le guste más, donde desarrolle sus competencias y encuentre posibilidades de empleo, teniendo presente que a lo largo de su vida laboral deberá adquirir nuevos conocimientos, habilidades y destrezas.

Hay un ejercicio que se puede hacer. Fíjese en LinkedIn cuáles son los requisitos y las condiciones o funciones de las vacantes. Sería ideal si puede asesorarse con una persona especialistas en cambio o en orientación profesional.

En algún momento, las personas que estudiaban letras, artes o ciencias sociales se vieron excluidas del cambio del mercado laboral. Hoy no solo se habla que es necesario tener competencias STEM. También se insiste en la necesidad de STEAM, con la A es de artes. Ni más ni menos.

Por ejemplo, en LinkedIn hay puestos para Content Editor que piden programación HTML y sistemas de gestión de contenidos. En un puesto de copywriter se pide competencias para redactar, mercadeo y publicidad, familiaridad con los estilos y paradigmas de conversación en inglés, habilidades para generar ideas y conceptos, orientación en los detalles de redacción, edición y gestión de proyectos.

Habilidades blandas

Junto con las competencias técnicas las personas deben desarrollar su capacidad para trabajar en equipo, de forma virtual incluso en estos tiempos de trabajo híbrido y remoto, para la cocreación en grupos diversos.

Las llamadas soft skills o habilidades blandas también abarcan la actitud para trabajar con indicadores y utilizar plataformas de datos, reportes, trabajo con cronogramas y otras herramientas indispensables.

Se suma la actitud para adaptarse al cambio, capacitarse y adquirir nuevas competencias blandas y técnicas, utilizando herramientas virtuales (incluyendo simuladores con realidad virtual), junto con la disposición a la innovación y proponer mejoras de procesos o nuevos productos y servicios. “Sigue siendo la habilidad para comunicarse en forma clara y efectiva lo que marca la diferencia”, dice Sánchez.

Migración profesional

La evolución tecnológica de las profesiones y de los oficios obliga a la necesidad de aumentar el valor ya sea con una carrera tecnológica adicional, un postgrado de especialización o las certificaciones. Lo que no puede pasar es quedarse en la obsolescencia tecnológica.

Puede combinar: hay que tener un oficio a nivel técnico o profesional, hay que certificar las actualizaciones y se debe tener un portafolio, que demuestre los resultados y las capacidades desarrolladas. Ojo: no es el curriculum vitae.

Elegir entre un postgrado o una certificación depende del área y de los objetivos. “Si requiere profundizar con conocimientos más complejos, un postgrado cubre un espectro más amplio”, dijo Tomás del Camino, de la UCenfotec. “Los certificados son para conocer ciertas herramientas y tecnologías. Pero hay que hacer un balance”.

Un postgrado permite desarrollar competencias más profundas y habilidades de aprendizaje de mayor nivel, las cuales —a su vez— dan la capacidad para adoptar diferentes tipos de herramientas (que pueden certificarse). Un postgrado genera la posibilidad de escalar a posiciones de mayor valor, como investigación y desarrollo. La certificación verifica que se adquirieron destrezas técnicas específicas.

¿Hasta dónde seguir capacitándose, actualizándose o certificándose? Es cuando el portafolio puede ser un instrumento ideal para mostrar resultados. “Cuando se tienen ciertos certificados relevantes es mejor tener el portafolio para mostrar resultados y capacidades”, dijo Del Camino.

Carlos Cordero Pérez

Carlos Cordero Pérez

Carlos Cordero es periodista especializado en temas tecnológicos. Escribe para El Financiero y es autor del blog "La Ley de Murphy".