Hace seis años, en medio de la pandemia, las informaciones sobre caídas de servicios de Internet fijo llegaban de forma seguida, de cualquier sitio de Costa Rica y casi a toda hora.
Durante mucho tiempo, en los hogares nos manteníamos relativamente satisfechos con los enlaces contratados a los diferentes operadores, si bien la industria padecía de importantes rezagos en Internet de banda ancha y en la expansión de redes de fibra óptica.
La situación era simple. La gran mayoría trabajábamos en ese entonces en la oficina, donde —en general— teníamos buena conectividad. Al regresar a la casa, nos conectábamos poco. Quienes más sufrían eran quienes tenían uno o dos días de teletrabajo o se dedicaban de lleno a los videojuegos.
En un país donde la queja se etiqueta negativamente, la mayoría no pasaba de refunfuñar para sus adentros, entre amistades, en familia y tal vez en redes sociales.
Pero constatamos los problemas de conectividad cuando, de un día a otro, pasamos a trabajar y a estudiar en la casa debido a las medidas de confinamiento durante la pandemia.
No fue lo único de lo que nos dimos cuenta.

De hecho, la demanda de diseños interiores y de mobiliario aumentó cuando la gente vio que las “oficinas” y el mobiliario doméstico no cumplían con las condiciones mínimas. Lo mismo pasó con otros espacios de la casa.
Luego, que las computadoras que teníamos en casa no daban abasto. Se necesitaban mejores equipos para las aplicaciones en la nube de las empresas, de los centros educativos o de videoconferencia, como Zoom o Teams.
Y que la conexión a Internet que teníamos en casa ni era suficiente ni era inestable. Los operadores también constataron que sus redes de distribución requerían un aumento de capacidades frente a la alta demanda que se presentó de un día a otro.
Los años pasaron. Vimos a los operadores extender sus redes de fibra óptica por el barrio. Y las ofertas que las compañías dejaban en la puerta era para conexiones de mayores velocidades y en esa tecnología.
Vivíamos en una burbuja.
Los datos de Sutel recién publicados demuestran que el avance de la fibra óptica no es total todavía.
Como siempre, hay quienes ven en los datos el vaso medio lleno.
Sutel se jacta de que Internet fijo tenía una penetración del 64% en 2021 y que a diciembre de 2025 alcanzaba al 71% de los hogares. ¿Es un salto para sentirse satisfechos?
Es un dato para tomar con pinzas.
No en todas las viviendas se puede aprovechar plenamente las conexiones a Internet, ya que apenas un tercio de ellas cuenta con computadoras.
La mayoría de hogares se conectan mediante móviles. ¿Se puede trabajar o estudiar en un móvil?
Dichosos quienes sí pueden.
La otra situación es la velocidad. Sutel indicó en su comunicado que más del 65% de las suscripciones corresponden a velocidades mayores a 100 Mbps. ¿Es suficiente?
Es probable que estén diciendo: ¿quién necesita más de 100 Mbps?
O, ¿quién necesita más de un 1 Gbps? (Ya hay compañías que lo ofrecen.)
Es parecido a lo que escuché hace 20 años de una alta autoridad en telecomunicaciones: “¿Quién necesita más de 3 Mbps?”
Houston, tenemos un problema… de visión.
Y el otro problema es qué tipo de conexión predomina. Aquí tenemos grandes sorpresas.
Primero: después de más de 20 años de impulsar la fibra óptica (desde que se habló de una sola red de transporte y de distribución en fibra óptica donde cada usuario elegía al proveedor), el 64% de las viviendas con Internet tiene un enlace de fibra óptica. Eso parece positivo.
Pero tomando en cuenta el total de viviendas (con conexión y sin conexión a Internet), la porción de hogares con fibra óptica es de 45%, según la misma Sutel. ¡Menos de la mitad de las viviendas de Costa Rica!
Segundo: al revisar los datos de algunos operadores, encontramos “detallitos”.
Por ejemplo, el 13% de los servicios del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) son con xDSL.
Esta tecnología fue todo un avance hace 26 años cuando el ministro de Tecnología de ese entonces, Guy de Téramond, se metió de lleno a impulsarla.
Hasta ese momento, se usaban las conexiones dial-up, donde había que esperar una línea desocupada en todo el barrio para poder conectarse.
Con xDSL nos podíamos conectar a Internet y que una llamada telefónica no nos desconectara.
Dos décadas después y todavía se tienen enlaces en esa tecnología que dependen de cables de cobre instalados décadas aún más atrás.
Es un tipo de conexión que sufre mayor degradación de señal, interferencias eléctricas y pérdida de velocidad con la distancia y se ve afectada por la humedad.
En el xDSL la velocidad no es uniforme, no ofrece posibilidades para aumentar la capacidad, no brinda velocidades simétricas y es casi imposible realizar videollamadas, correr aplicaciones corporativas de teletrabajo, reproducir videos ni streaming (y menos de 4K o de 8K) ni jugar en línea.
Otros dos ejemplos: Millicom (Tigo) tiene el 98% de los enlaces con cable módem y Liberty tiene el 73% de los servicios en esta misma vieja tecnología (¿una herencia de CableTica?).
En estos casos, se trabaja con la tecnología Data Over Cable Service Interface Specification (Docsis), cuya última versión (la 4.0) es superior a las anteriores, por supuesto.
De hecho, los operadores afirman que la tecnología de Docsis evolucionó y permite altas velocidades.
Pero, adivinen cuál tecnología —entre fibra óptica y cable módem— brinda mayor velocidad, facilita la subida de archivos, tiene mayor estabilidad de la señal, presenta menor latencia, sufre menos saturación en las horas pico, presenta menor degradación de señal, obtiene menor consumo energético y padece menores interferencias.
Es probable que esa sea una de las razones que hace que algunos operadores crezcan y otros caigan en el mercado local, cuyos datos por primera vez los publicó Sutel y que dimos a conocer hace unos días.
Nos queda pendiente el tema de calidad de servicio, donde los que llevan la delantera son quienes ofrecen más servicios de fibra óptica.
