La ley de Murphy

Cómo 5G cambia el mercadeo, el entretenimiento y la educación virtual y evita hasta las congojas

Con las velocidades de 5G se vivirá una transformación de cómo se produce, distribuye y consumen los contenidos

El viernes pasado iba saliendo del gimnasio y en la fila de los quienes esperaban ingresar —como ahora es por turnos de hora y media y cupo según el aforo— había una muchacha viendo una película o una serie en su móvil, sentada en las gradas de acceso. Tenía el dispositivo en modo horizontal y, pese a que no era un espacio abierto, no parecía tener problemas de señal.

La misma escena seguramente la ha visto usted en otros espacios. Antes de la pandemia era usual ver usuarios de autobús concentrados en películas, series y deportes. Por supuesto, si pecamos de purismo eso nos parecerá negativo, deplorable o lo que se quiera. En este mundo actual de tanta polarización, que hasta Bryan Ruiz recomienda a los jóvenes jugadores dejar de usar cierta redes sociales, son muchas las personas que se rasgan las vestiduras y al instante están haciendo lo que criticaban. Pero esa es harina de otro costal.

Desde el punto de vista de la economía y los negocios, el consumo de entretenimiento, deportes, noticias, videojuegos y mercadeo digital en dispositivos móviles en cualquier sitio debe formar parte del mapa de ruta de las empresas e instituciones, incluso en el caso del aprendizaje, el entrenamiento de personal, la actualización profesional y, por supuesto, las compras y la banca en línea.

Por ahora, encerrado en casa, los videos de los cursos en Internet prefiero transferirlos desde la tableta o el teléfono inteligente vía bluetooth al televisor, que lo recibe a través de un receptor Chromecast pues la pantalla que tengo todavía no es smart, para no decir que es tontita. Más adelante, cuando en el año 2100 salgamos de las pandemias, seguramente volveremos a aprovechar con más intensidad las aplicaciones de entretenimiento, información e incluso de educación virtual durante los tiempos en el bus, antes de la cita médica o en la funeraria, en la soda donde almorzamos, en la cafetería, donde el fisioterapeuta, en la barbería o la sala de belleza, en el auto mientras llega la persona que esperamos, o en una reunión con el jefe (especialmente aquí).

Ya hacemos mucho de eso. Según Sutel en 2020 el tráfico de Internet aumentó 39% en general. En móviles se pasó de 36.100 TB en enero de 2019 a 59.340 TB en diciembre de 2020. Saquen cuentas. Las conexiones móviles resultan claves para un país donde, pese al incremento de las suscripciones fijas, el Internet residencial alcanza apenas a seis de cada diez viviendas y a dos de cada diez personas.

El problema es que, según la misma Sutel, en las redes de tercera generación (3G) ningún operador cumplió el umbral mínimo de calidad y en 4G sólo dos de las compañías. En velocidad en las redes 3G lo máximo que cumplían era 77%, aunque el mínimo exigido es muy bajo (50%). En 4G otra vez solo dos operadores cumplían el 100%, después de un “impresionante salto olímpico” en comparación al 2018, y la tercera solo un 72%. Esa información, sin embargo, corresponde al 2019.

Lo que sí se tiene es que en diciembre de 2020 las redes de 3G llegaron a dar velocidades de descarga de 3 a 3,5 Mbps. ¿Y qué se hace con eso? En el caso de las de 4G andaban entre 10 y 33 Mbps. ¿Es suficiente para contenidos de súper alta definición, de realidad aumentada y de realidad virtual?

¿Problemas de cumplimiento de los operadores? ¿Problemas propios de cada una de esas ya antiguas y vetustas tecnologías?

Tengamos en cuenta que en Costa Rica no vemos muchas más aplicaciones de estas debido falta de perspectivas en las empresas y de redes móviles que lo faciliten. Ya hay gente produciendo este tipo de contenidos, sin embargo: firmas como Accenture, Gensler, Wunderman Thompson y HP Enterprise, según Cinde entre las firmas internacionales de zona franca, y Wow Emotions, que recuerde de las nacionales, realizan desarrollos en realidad virtual y aumentada, generan negocios y empleos. Hay un gran filón sin explotar.

Aunque por ahí se dijo que para qué queríamos 5G, si era para ver películas, lo cierto es que sí. Con las velocidades de 5G, dicen los que saben, se vivirá una transformación de cómo se produce, distribuye y consumen los contenidos de una industria que genera millones de ingresos. Según el informe que me encontré de eMarketer, las redes de 5G marcarán nuevas opciones para transmisiones de contenidos, eventos en vivo y experiencias inmersivas e interactivas de alta calidad.

El mundo lo tiene claro, probablemente incluso los talibanes en Afganistán. Un estudio de Juniper Research estima que a nivel global las conexiones de 5G aumentarán de las 310 millones del 2021 a 3.200 millones para el 2026.

El reporte sostiene que las redes de 3G y 4G todavía dificultan la entrega de contenidos, “son lentas y poco fiables”. En cambio, con 5G (y las que vengan, pues ya la industria de telecomunicaciones habla de 6G) se posibilita incluso la recopilación de datos precisos y granulares para la personalización de servicios. La idea es que cada quien reciba información, promociones, ofertas, publicidad y contenidos según sus gustos, su perfil, su estilo de vida y sus necesidades.

Así una persona que le gusta el deporte, el fitness y la alimentación saludable no debería recibir publicidad de hamburguesas, papas fritas, burritos, pizza esponjosa, alitas, chicharrones, gallos de salchichón (aunque vengan cubiertos de repollo, porque encima los cubren con toneladas de salsa de tomate y mayonesa), chifrijo, perros calientes, tres leches, cheesecake, helados de chocolate o pollo frito acompañados con gaseosas.

Quien se acaba de cambiar los anteojos con el respectivo aumento del tamaño, del largo, del ancho y del grosor de los espejuelos, que tuvo que vérselas con la temida pregunta de si los quiere bifocales o con gradación, que ya no puede elegir los aros a su gusto porque solo le sirven unos cuantos, los recibe sin la tecnología para que se oscurezcan al sol, que pidió y pagó, y ve menos que con los anteriores, tampoco debería recibir una oferta de la óptica a los pocos días.

Y, en especial, cada quien podría y debería tener acceso a sus aplicaciones y que actualicen en un instante los mensajes, los correos electrónicos, la información del ejercicio que se acaba de realizar, descargar el video que se necesita ver y verlo sin que se pegue, transmitir los datos de las entregas de pedidos y ordenes de compra del negocio para que se sincronicen de inmediato, automatizar el riego de cultivos, registrar en un pestañeo los productos recibidos, mostrar en la pantalla del móvil la información de los artículos en los estantes de un pasillo del supermercado, generar alertas de comercios cercanos del interés de cada consumidor, notificar promociones que están vigentes en esos establecimientos, entregar materiales educativos e interactivos sobre vacunación, sobre cómo se usa Teams, Meet o Zoom, sobre los cambios en la última versión del software de la empresa y sobre cómo mejorar el futbol tico. Todo sin pizca de retardos.

Carlos Cordero Pérez

Carlos Cordero Pérez

Carlos Cordero es periodista especializado en temas tecnológicos. Escribe para El Financiero y es autor del blog "La Ley de Murphy".