Costa Rica esquivó desde enero pasado las tarifas arancelarias que el presidente de Estados Unidos (EE. UU.), Donald Trump, estableció de manera unilateral. Esa buena racha se acabará el 5 de abril, cuando entre a regir el nuevo gravamen del 10% sobre los productos costarricenses que ingresen a territorio norteamericano.
La nueva medida forma parte de los impuestos “recíprocos” que Washington definió para 50 países. Según el gobierno estadounidense, Costa Rica impone una “manipulación monetaria y barrera arancelaria” de un 17% al país norteamericano; es por esa razón que la Casa Blanca responde con un nuevo tributo.
No obstante, ese 17% no corresponde a ningún arancel real en suelo costarricense. Por el contrario, ambos países mantienen exoneraciones para exportaciones e importaciones bajo el Tratado de Libre Comercio entre República Dominicana, Centroamérica y Estados Unidos (DR-Cafta).
Aunque las autoridades estadounidenses no aclararon la rúbrica con la que se calculó el porcentaje, Víctor Pérez, presidente de Cámara de Exportadores de Costa Rica (Cadexco), consideró que EE. UU. hace una estimación de barreras no arancelarias en la que posiblemente “incluyen costos aduanales, fletes, dificultades de la tramitología y con esos valores hicieron la estimación”.
A pesar de que el arancel del 0% del Cafta llega a su fin con esta medida, el castigo del 10% impuesto al país es el de menor porcentaje entre los anunciados. Esto hace que Costa Rica pueda volverse atractiva para nuevos inversores que busquen trasladar sus operaciones fuera de naciones donde se definió un impuesto superior. Sin embargo, un nuevo reto se asoma: no ceder terreno entre competidores exportadores donde se tiene liderazgo, como lo son los dispositivos médicos y productos agrícolas.

De 0% a 10%
Costa Rica y EE. UU. mantenían una relación de arancel del 0% desde el 2009, cuando entró en vigencia el Cafta. Este acuerdo programado a plazos redujo de manera escalonada los bienes que envían y reciben ambas naciones, de manera que actualmente ninguna mercancía paga impuestos por concepto de entrada al territorio. Esto no significa, sin embargo, que no haya un costo por traer productos desde suelo estadounidense: Costa Rica cobra impuestos como el selectivo de consumo y el IVA, entre otros, dependiendo del bien, además de costos aduaneros y otros relacionados al flete. Lo que no se cobra es el arancel por ingreso al país.
Ese escudo comercial se romperá 16 años después debido a medidas proteccionistas tomadas por Washington para convertir a EE. UU. en un país “rico, bueno y próspero”, según dijo Trump el 2 de abril en la conferencia de prensa llamada “día de la liberación” de aranceles.
“Durante décadas, Estados Unidos redujo drásticamente las barreras comerciales de otros países, mientras que estos últimos imponían aranceles masivos a nuestros productos y creaban barreras no monetarias abusivas para diezmar nuestras industrias”, dijo Trump durante la conferencia de prensa.
El equipo de trabajo del republicano calculó, bajo el discurso de “barreras no monetarias”, que las exportaciones con destino a Costa Rica pagan un 17% por ingresar al territorio. Ese cálculo responde a análisis macroeconómicos por parte del gobierno de Trump, según Carolina Palma, líder de Comercio Internacional de EY Centroamérica, Panamá y República Dominicana.
Pérez comentó que la tramitología es uno de los factores que pudo incidir en la rúbrica que consideró Washington para establecer un porcentaje de impuestos que representa Costa Rica para sus exportaciones. De momento, son conjeturas, pues se desconoce la metodología usada por el gobierno norteamericano para definir el impuesto.
La medida marca el fin del Cafta. Si bien en la jerarquía jurídica los tratados internacionales está por encima de los decretos, la directriz de Trump apela a una emergencia nacional debido a los “grandes y persistentes déficits anuales del comercio de bienes de EE. UU.”. Esto lo hace mediante la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional de 1977 (IEEPA, por sus siglas en inglés).
El territorio costarricense es parte del grupo de 50 países que tendrán que someterse al gravamen base del 10%. Las demás naciones latinoamericanas que pagarán el mismo impuesto son: Chile, Colombia, Perú, República Dominicana, Argentina, Ecuador, Guatemala, Honduras y El Salvador. La medida aplicará desde el 5 de abril.
Mientras tanto, el 9 de abril será el turno del “arancel recíproco individualizado más alto a los países con los que Estados Unidos tiene los mayores déficits comerciales”, señaló la Casa Blanca. En esa lista se encuentra Camboya, con un 49%, Laos (48%), Madagascar (47%), Vietnam (46%), China (34%), entre otros.
Relación comercial con EE. UU.
EE. UU. es el principal socio comercial del país, ya que recibe el 47% de las exportaciones costarricenses. El peso monetario se triplicó en los últimos 15 años a través del nearshoring y friendshoring que caracterizó la relación entre ambos mercados, a esto se le suma la liberación de aranceles.
Asimismo, entre el 2020 y 2024 las exportaciones nacionales hacia EE. UU. experimentaron un crecimiento promedio del 17%, según la tasa de crecimiento anual compuesta que calcula la Promotora de Comercio Exterior (Procomer).
La balanza comercial refleja que la industria llamada “Equipo de Precisión y Médico” acapara un 63% de la participación total de las exportaciones costarricenses hacia ese destino. En el 2024 los dispositivos médicos representaron para el país un total de $5.951 millones. La partida arancelaria denominada “otros dispositivos de uso médico” es la de mayor peso entre todos los productos nacionales que se dirigen a tierras estadounidenses, ya que representó $2.123 millones en 2024.
“Todavía hay que esperar el listado final, a detalle, de los productos que serán gravados”, dijo Pérez, quien proyecta que no todos los productos costarricenses serán sometidos al impuesto.
La esperanza de Pérez es compartida por German Morales, socio director de Impuestos de la firma Grant Thornton, quien comentó que Washington “debería de poner aranceles a los productos que se hacen en Estados Unidos” y excluir aquellos que obtienen a través de enlaces comerciales.
Ya sea que los dispositivos médicos paguen o no el arancel, el país se perfila para continuar en el segundo lugar entre los principales proveedores del sector para EE. UU. No obstante, México podría aumentar su ventaja sobre Costa Rica en el primer lugar debido al tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), el cual contempla un arancel del 0% que Trump planea respetar tras una negociación desarrollada semanas atrás con la presidente mexicana, Claudia Sheinbaum.
“Los productos que cumplen con el T-MEC seguirán sujetos a un arancel del 0%, los que no lo cumplen, a un arancel del 25%, y los productos de energía y potasa que no lo cumplen, a un arancel del 10%”, publicó la Casa Blanca en su sitio web.
Aunque el sector agrícola no factura montos tan altos como las ciencias de la vida, logra posicionarse como un actor principal en el mercado de EE. UU: Costa Rica es el proveedor número uno de piña fresca y yuca de esa nación, con $711 millones y $95 millones, respectivamente generados a través de los envíos. Además, no se trata de una industria pequeña: la piña tiene un 8% de participación en las exportaciones totales.
Una fruta más es parte de este recuento: el banano, con el cual es país se consolida como el tercer proveedor más relevante.
“Esta medida impuesta por el gobierno de los Estados Unidos representa un desafío significativo para nuestro sector agroexportador. Aunque el arancel lo paga formalmente el importador estadounidense, el impacto económico real se reparte entre los actores involucrados, dependiendo del tipo de producto, su grado de diferenciación y las condiciones de mercado”, argumentó Oscar Arias Moreira, presidente de la Cámara Nacional de Agricultura y Agroindustria (CNAA).
Tanto los dispositivos médicos como los bienes agrícolas abarcan la mayor parte de la participación exportadora hacia el país gobernado por Trump. El sector agro equivale a un 18% de los envíos a EE. UU., mientras que equipo de precisión y médico equivale a un 64%.
Oportunidad y reto
La ventaja —entre los desafíos— es que los principales competidores de Costa Rica en el mercado estadounidense también desembolsarán el 10% del arancel. Por lo tanto, todos los países realizarán el intercambio comercial en igualdad de condiciones.
No obstante, China, Vietnam, Japón y la Unión Europea tendrán un arancel diferenciado que es igual o superior al 20%. Morales considera que esta situación generaría que las empresas que producen en esas zonas del mundo prefieran trasladar sus operaciones a lugares con menos aranceles y mayor cercanía geográfica, pero todavía hay incógnitas.
“Es evidente que países con aranceles superiores al 10% quieran venirse a Costa Rica a competir bajo un impuesto base que impone EE. UU. Pero estas nuevas medidas generan tanta incertidumbre sobre su plazo, que esos movimientos de empresas no los veremos pronto”, expresó Morales.
Pero esa ventana de oportunidad se lograría aprovechar si el país abastece las necesidades de la demanda, como lo son la mano de obra calificada y el bilingüismo. Pérez aseguró que el país debe “seguir apostando por la capacitación de talento humano, temas de seguridad e infraestructura, que todavía tenemos muchas deficiencias”.
De hecho, la diversificación de orígenes en la atracción de Inversión Extranjera Directa (IED) es parte de las metas trazadas por Procomer. La entidad logró consolidar un 36% de nuevos proyectos con mercados distintos al estadounidense.

¿Se puede negociar?
El arancel sobre Costa Rica es el más bajo del esquema tarifario aprobado por Donald Trump. Aún así, los expertos consultados en este reportaje ven una posibilidad de negociación para recibir algún tipo de exención.
“En el ámbito internacional siempre hay una ventana para buscar algún tipo de condición distinta para productos en los que tal vez Estados Unidos no tengan interés”, enfatizó Palma.
Palma mencionó el antecedente que tiene México con estas medidas arancelarias, donde lograron que el mandatario republicano no endureciera los impuestos e hiciera excepciones amparado en el T-MEC.
Al cierre de edición, Procomer indicó a EF que de momento no brindarán declaraciones sobre el impacto del arancel entre los 947 exportadores que realizan negocios con ese mercado. El Ministerio de Comercio Exterior (Comex), por otra parte, indicó que “estamos recabando más información al respecto y analizándola en detalle. Entablaremos un diálogo con las autoridades de Estados Unidos para procurar las mejores condiciones de acceso a los productos costarricenses”.
La CNAA también indicó que la apertura de canales diplomáticos es el camino que debería buscar el país. “La CNAA considera el comercio agropecuario con Estados Unidos muy importante para nuestra economía. Por ello, es fundamental que el Gobierno costarricense mantenga un diálogo abierto con las autoridades estadounidenses y explorar alternativas que permitan mitigar cualquier afectación a nuestros productores”, informó la entidad.
De momento, se espera que el Poder Ejecutivo se pronuncie sobre una posible negociación y el listado específico de productos gravados.
Morales, por su parte, advierte que la medida de Trump podría sostenerse por poco tiempo, ya que el encarecimiento de los productos lo paga el consumidor —en este caso los ciudadanos estadounidenses— y esto se puede traducir en un incremento en la inflación del gigante norteamericano.