Por: Alan Saborío.   Hace 6 días

La nube, la analítica, las tecnologías cognitivas, el blockchain, la realidad virtual, ya no son tendencias de la tecnología en las empresas: son fuerzas vigentes en los negocios. Las organizaciones que no las han incorporado están en serios problemas.

Todas estas tecnologías potencian la experiencia digital de colaboradores, proveedores y clientes. Siguen evolucionando, eso sí, y la actualización constante define su adaptación e impacto en las empresas hacia el futuro.

Lo que si queda evidenciado es que el potencial de estas tecnologías aún no se explora en su totalidad. Las inversiones que se hacen hasta ahora son por departamentos, limitadas en su alcance, desarticuladas e incluso hay esfuerzos en una misma empresa que compiten unos con otros. Uno de los desafíos más importantes que enfrentan los gerentes es cómo aprovechar el valor que estas fuerzas pueden entregar en forma colectiva para aumentar la competitividad y la sostenibilidad.

La experiencia digital es ese término que debe estar presente en el vocabulario diario de los negocios y se refiere a la manera en que empleados, clientes y ciudadanía participan y realizan transacciones en entornos digitales. Así, por ejemplo, el diseño centrado en el ser humano y el involucramiento del usuario son piezas centrales de la estrategia de negocios, enfatizando en cómo se hace el trabajo, cómo se conducen los negocios y cómo se crean recuerdos y experiencias memorables.

La revolución tecnológica definió que las empresas deben tener sistemas de planificación de recursos empresariales (ERP) orientados a dar soporte al uso de la tecnología, con aprendizaje automatizado y entrenamiento mediante realidad aumentada, plantas de producción que operan con sensores integrados, visualización de los datos de forma móvil con posibilidad de planificar mediante un flujo predictivo, y redes altamente seguras con herramientas basadas en la nube que permitan administrar los flujos de trabajo. Y durante todo este proceso, gerentes que hacen uso de esos recursos para potenciar a sus colaboradores y para la toma de decisiones estratégicas.

Todas estas fuerzas tecnológicas son ingredientes en una receta cuyas medidas no tienen que ser exactas y se pueden ajustar para satisfacer las necesidades específicas. Lo que sí es claro es que deben venir juntas en cada uno de los procesos: juntas para modernizar una línea de manufactura, juntas para mejorar los procesos de cuentas por pagar, juntas para fidelizar clientes. Desplegarlas de manera individual es desaprovechar su impacto. Las oportunidades de mejorar los negocios están en el conjunto de las fuerzas tecnológicas.